Si uno pudiera dividir la poesía en dos entre poesía exteriorista y poesía interiorista (intimista o biográfica), sin duda Migratorio de Felipe Moncada pertenecería a la primera. Sé que este tipo de divisiones pueden ser bastante inaceptables, pero ayudan a organizar cierta secuencia de ideas. Ernesto Cardenal señala: “La poesía exteriorista expresa ideas o los sentimientos con imágenes reales del mundo exterior: usa nombres de calles o de lugares, nombres propios de personas con su apellido, fechas, cifras, anécdotas, citas textuales, palabras y giros de la conversación diaria, etc”.

Migratorio se compone por las secciones: Código de Manchas, Mundo de Barro, Migratorio, Humedad de las Bodegas. Estos mundos logran interceptarse bajo varias aristas: la idea de tránsito, el lugar o topos, el viaje o desplazamiento y la especificidad de las cosas.

Por ejemplo, el poema Memoria de los Desempleados:

El vagabundaje como religión.

Un tráfico de pequeños mundos, o revelación

siempre y cuando se ande atento

como quien

cruza un río helado

o como quien busca un arriendo barato

en el barrio de las vulcanizaciones”.

Estos versos reúnen el ADN del libro, que además tiene interesantes cruces de citas como este Lao Tse. Convivencias que van haciendo de Migratorio un texto de varias capas, dominado por una estética. Ezra Pound dice que la realidad se puede presentar desnuda como lo hace la cámara fotográfica, como lo presenta también el reportaje periodístico. Entonces este texto, por su manera de abordar los lugares y las cosas, percute las cuerdas de la crónica, en alguna medida. Pero también hay textos, que desmienten precisamente esa puesta en escena, por ejemplo el poema Anonimia:

“No escribir más por acto de magia.

El milagro de borrar el ego,

desaparecer del espejo, perderse

en el verano tras las gaviotas,

pues los días son cortos, 60 horas

no bastan, no el drama de la página,

la mente en blanco.

Las nubes como único pensamiento”.

El poema es elocuente, Migratorio también se despreocupa de su objetivo situacional por decirlo de alguna forma, y nos muestra textos que pueden ser de un exteriorismo tardío o un imaginismo metaliterario, afinado y profundo. Pero eso no es todo, además hay poemas orientales como Presagio:

“El verano

podría ser

esa cortina

que infla el viento

sacude

y vuelve a inflar”.

El texto deja al lector paladeando esa imagen que se define por el movimiento, y a la vez nos entrega la información acerca del tipo de cámaras que ocupa el sujeto. Digo cámaras porque Migratorio es un texto que dinamiza una constelación de imágenes, ocupando distintos tipos de tecnología para captar la realidad. Y quizás aquí sería necesario hacer la distinción. “La cámara de cine filma, pero el video se ejecuta. El video hace del cine una labor introspectiva y solitaria, lo convierte en una actividad de escritorio o de caballete, indiferente por completo al espectáculo”, dice David Oubiña.

Este libro de Felipe Moncada, captura la estética de las imágenes, como una forma de hacer aparecer lo político en el lenguaje, alejado de la obviedad del discurso y la retórica. Felipe Moncada parece decir que hay que entender el tiempo y espacio como un código de manchas en el que podemos volver a visitar Chile.

Migratorio

Felipe Moncada

Ediciones Inubicalistas

102 páginas

Precio de referencia $5.000

 


Poeta y guionista