El futbolista chileno Marcelo Díaz vive días de ensueño en el fútbol argentino, tras su llegada al conjunto dirigido por Eduardo Coudet. En sus primeros partidos en Racing, actual punto del campeonato trasandino, Díaz logró deslumbrar a hinchas y comentaristas, llegando a ser destacado como el mejor refuerzo de la temporada.

Entre aplausos y cánticos al estilo Marcelo Salas -“¡Chileeeno, chileeeeno!” le corearon en el término de su último partido- “Carepato” vive una auténtica revancha. O un renacer, como tituló Roberto Meléndez, autor de Barrio Bravo, la emotiva crónica que dedicó al futbolista.

“El fútbol es un lenguaje de pulsiones exageradas y quien no lo entienda así y quiera reposarlo jamás respirará lo que se respira en una cancha o en una galería. Marcelo Díaz creció respirándolo, por más que su aspecto y talante de juego fueran tranquilos. Y creció oyendo el “¡¡¡Chileno!!! ¡¡¡Chileno!!!”, y como muchos se pasó el rollo e imaginó que era él quien desataba la fiebre”, relata Meléndez en su texto.

Barrio Bravo relata que “en la comuna de Padre Hurtado no hay muchas cosas que hacer, si hasta ser infiel parece difícil. Sería entonces la santa pelota de plástico, esa de gamba y que duraba con cuea una pichanga, el refugio de Marcelo Díaz, quien avanzó como jugador con todas las dificultades que le hemos conocido y que ya a estas alturas es mejor simplemente mencionar: de largos trayectos sin un peso para llegar a los entrenamientos, pasando por tragedias familiares que derrumban, a estar asfixiado por la banda una vez se hizo profesional”.

“Díaz parecía conminado a vivir entre la puteada del hincha y la indiferencia de la prensa. No renunció aunque lo pensó. ¿Por qué no renunció? Esas son respuestas que tienen más de suerte y convicción que certezas. Pero la verdad es que le dio la vuelta en reversa y encontró su lugar en el mundo, o sea, en la cancha. Técnico y tranquilo, apoyado en la visión de enganche donde jugó de joven, la posición de volante central se transformó en la suya”, describe el autor.

Fue Víctor Hugo Castañeda en La Serena y Jorge Sampaoli en la Universidad de Chile quienes estimularon la confianza del “Chelo” Díaz. Tras ser llamado a la selección chilena, “el impacto provocó la atención no solo de hinchas que ahora aplaudían cada vez que su nombre sonaba en los altoparlantes, sino que también de Europa. Luego, como si no bastara con ello, sería titular en el mundial de Brasil y uno de los motores principales para la obtención de las dos primeras Copas América de la Roja. Díaz gozaba en el cielo”.

Sin embargo, advierte Meléndez, “la placidez invitó al relajo que esponjoso se convirtió en mala raja y se lo tragó el infierno. Varios le darían la espalda y lo tratarían como un canalla. ¡Cuánto dolieron esos errores! Si hasta el técnico de turno de la Selección le quitó el piso. Su nivel bajó considerablemente, así como su confianza, y de Carepato, como muchos lo llaman, poco más se supo, salvo una que otra intervención en México que poca repercusión tuvo. Y si bien, el cariño popular no se había extinguido, cada día que pasaba se le miraba más como un recuerdo”.

“El entrenamiento no había sido el mejor, la campaña de Pumas tampoco era de protagonista y aunque varios medios criticaban con dureza, el ambiente no expresaba crispación. Díaz se sentía aletargado, manso, casi casto. Hasta que el teléfono sonó y del otro lado Coudet le propuso volverse loco: “Marcelo, veníte a Racing, vení a Argentina”. La llama estaba viva, tenía fiebre”, señaló.

Barrio Bravo advierte que en Argentina ya no está Francescoli, ni Riquelme ni Bochini y la economía enfrenta un momento difícil, pero recalca que “los estadios siguen vibrando, el fútbol es el desquicio noble de lo corrupto y la temperatura hace que el diablo espere como uno más por su choripán. Y la pelota, ¡ay cómo está sufriendo esa pelota!”.

“Marcelo Díaz se bajó del aeropuerto y cayó en la banca. Pero no se desesperó, al contrario, puso el balón al piso en medio del caos, como si ya lo conociera, y comenzó a distribuir en una liga que corre y compite, pero que cada día piensa menos. Y un pase bueno, y otro, y otro, y el olé, y los aplausos con sabor a nostalgia porque ese era el fútbol que ellos tenían antes. Parece una reinvención, o una redención, o tal vez una comunión entre dos que se necesitaban y han sabido jugar en el cielo y en el infierno”, escribió.

“La noche cae, Racing es puntero, y Marcelo Díaz se va de la cancha ovacionado y escucha el ¡¡¡Chileno!!! ¡¡¡Chileno!!! … Tiene más fiebre que nunca, él la desata, no es ningún rollo, y se siente perfecto, exagerado y perfecto, algo así como renacido”, cierra su relato.

Uno de los aspectos más llamativos de la publicación en Instagram, que suma más de 150 comentarios, fueron las palabras del propio Chelo Díaz al texto Meléndez: “Querido barrio bravo; sin saber quien está realmente detrás de estas letras, sin conocer tu rostro y mucho menos conocerte personalmente, solamente quiero felicitarte por tener un hermoso talento que se traslada a la escritura, no lo digo porque escribas de mi en esta ocasión, sino porque lo que haces es digno de admirar y lógicamente de leer también, sigue así“, le expresó el jugador.

“Te mando un abrazo grande y te deseo todo el éxito del mundo”, fue la despedida de Díaz para Barrio Bravo.

 

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Renacer. Un texto en seis fotos al momento de Marcelo Díaz en Argentina. #BB

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