Este título hace referencia al texto “White women, listen! Black feminism and the boundaries of sisterhood” de la autora feminista Hazel Carby (1982), pero más allá del dato académico, relevante por cierto, quisiera reflexionar sobre el trasfondo presente, de que en al menos tres oportunidades el presidente de Chile Sebastián Piñera, en su discurso televisado respecto al Presupuesto 2019, se refiere a las mujeres chilenas con la locución posesiva de “Nuestras mujeres”. 

Ojo que lo que voy hacer no es tan sólo entregar mi opinión feminista al respecto, sino que analizarlo discursivamente, tratando de explicar las relaciones de significados que se desprenden.

Partiendo por, ¿qué respondería Piñera si le preguntáramos sobre esta forma verbal que empleó en repetidas ocasiones en su discurso? Seguramente su respuesta sería que es una manera de decir, una muestra de importancia hacia las mujeres, donde ellas, son una prioridad para su gobierno. Y claro, cómo no serlo, si para poder ser “Nuestra mujer”, tengo que pertenecerle a alguien primero, o sea podemos inferir que ¡figuramos en el flamante ámbito de las cosas! Cosas que se tienen y se poseen, y que, por tanto, deben ser protegidas.

Según ellos, somos de ellos, así no más creen que es el asunto. Pero, desde ¿cuándo pasé a ser parte de un inventario de objetos que no me di ni cuenta? y esto es literal, por mucho tiempo no me daba ni cuenta de cómo se va construyendo una personalidad de mujer basándose en la inferiorización solapada con la que te encuentras día a día.

Ante este escenario, lo peor de lo peor es que no se dan por enterados que este tipo de posicionamientos discursivos son altamente ofensivos e intolerables para cualquier mujer. Y sí, lo dijo así, aunque sepa que no es tan verdad; porque puede haber muchas simpatizantes de Piñera que crean que esta manera de referirse a ellas sea una muestra de valoración positiva. Pero aquí el punto no es solamente que lo dice este presidente en particular, porque perfectamente podrían haber sido palabras de Lagos, Frei u otro parecido.

El punto es que lo dicen casi todos, todos los días; lo dicen los partidos políticos, lo escucho en la voz de Comparini y Silva en la mañana, lo repiten en los discursos de los colegios, lo replican en los ámbitos académicos, es una inferiorización que se reproduce a cada rato, históricamente en la memoria de todas.

Por todo aquello,  lo ideal sería que acepten y se dejen de preguntar el por qué queremos cambiar el lenguaje sexista y discriminador por palabras inclusivas que propendan al respeto y valoración de las distintas maneras de ser humanas, porque lo que aquí se devela es que desde el ámbito más formal del discurso político y del cual podríamos esperar mayor criterio, cuidado y apertura en la integración de todas, resulta que no; que es otro espacio de poder androcéntrico y  reduccionista que replica/multiplica un trato despectivo hacia quienes somos mujeres.


Doctora (c) en Ciencias Sociales Universidad de Los Lagos