El camino hacia el Acceso y Cobertura Universal en Salud (OMS/OPS) exige esfuerzos sostenidos, premeditados y persistentes en el tiempo, basados en valores como equidad y  solidaridad y estableciendo la salud como un derecho. Se requiere superar limitaciones institucionales de los sistemas de salud, enfrentando la segmentación de la población basada en criterios socioeconómicos, la fragmentación en los cuidados de salud y la mercantilización en la provisión de servicios. Es necesario avanzar hacia sistemas de salud resilientes, integrados y centrados en las personas, sus familias y comunidades, logrando oportunidad de atención, calidad, seguridad y eficiencia. En resumen, se necesitan Políticas de Salud sólidas y robustas, es decir Políticas de Estado que aseguren la continuidad en el tiempo de las estrategias implementadas.

Dicho lo anterior, es sabido que los resultados en salud demoran años en concretarse y que esos tiempos no son compatibles con los tiempos políticos de un país. Este desacople es aún mayor cuando existe una sucesión de cambios de Gobiernos de distinto signo político, que duran cuatro años. Esto además genera frustración y  falta de alineamiento en los equipos técnicos y operativos que han estado a cargo de desarrollar los cambios que se exigen para implementar modelos más integrales, integrados y eficientes.

Por tanto, hoy más que nunca, es necesario proteger los logros alcanzados por Chile hasta la fecha y afrontar los retos que subsisten en salud, entendiendo que la inequidad, tanto en acceso como en resultados, sigue siendo uno de nuestros mayores desafíos.

Chile, como país, ha sido reconocido por distintas instancias como un país eficiente en salud. La alta eficiencia del sistema de salud en Chile se explica por sus resultados consistentemente positivos (esperanza de vida al nacer, mortalidad de menores de 5 años y años de vida perdidos ajustados por discapacidad), dados sus insumos (BID, 2018). Recientemente la OCDE revisó la eficiencia de 33 países miembros (Dutu and Sikai, 2016) determinando que Chile tiene un mejor desempeño que el promedio de países de la OCDE cuando se mide la expectativa de vida. Este buen posicionamiento de Chile se debe a la tradición de salud pública que nuestro país ha desarrollado por décadas, lo que le ha  permitido derrotar la desnutrición infantil y la mortalidad infantil por causas respiratorias, entre otros logros.

Hoy día enfrentamos nuevos escenarios, de gran complejidad. Complejidad determinada por el envejecimiento de la población -principalmente beneficiaria del Seguro Público-, por la creciente incidencia de las enfermedades no transmisibles, por la mayor demanda de una sociedad cada vez más diversa y consciente de sus derechos, por necesidades emergentes de nuestra población, por el desarrollo de la tecnología en salud, incluidos los avances en fármacos, medicamentos y dispositivos, y por la presión de gasto fiscal que todos estos factores representan. Todo esto en el contexto de nuestro país, cruzado por la desigualdad y la inequidad en salud, por los determinantes sociales de la salud que siguen determinando como una persona vive y muere por sobre el derecho que cada uno tiene para gozar de su máximo estado de salud y bienestar. Se debe reconocer el esfuerzo de nuestro país en el incremento sostenido del gasto en salud pero también señalar claramente que solo durante el año 2016, por primera vez, el % del PIB que se destina al sector público, donde se atiende alrededor del 80% de la población, alcanzó el 4,3%, superando el 4,2% que se destina al sector privado de salud. Estos datos no son consistentes con una política solidaria de redistribución de recursos, pues es bien sabido que el sector público concentra usuarios de mayor edad, con mayor carga de enfermedad y de menores recursos socioeconómicos.

El reciente Gobierno de la Presidenta Bachelet decidió enfrentar con valentía y transparencia las brechas estructurales y de gestión de nuestro sistema de salud, enfocándose justamente en mejorar la calidad de vida de las personas y sus familias, sentando las bases para una nueva salud pública. Para ello se puso en marcha un plan de Gobierno que logró avanzar en distintos ámbitos, sin desconocer lo mucho que falta por hacer, para transformar nuestra sociedad en una sociedad justa, equitativa y solidaria. Se logró dejar construidos 23 hospitales, 23 en construcción, 12 en licitación, 18 en diseño o estudio, cientos de establecimientos (CESFAM-CECOSF y SAR) para el primer nivel de atención, se pusieron en marcha programas para la atención primaria de salud que permitieron incrementar a 62% el porcentaje de niños y niñas sin caries, incrementar la compensación de pacientes diabéticos e hipertensos, acceso a medicamentos para enfermedades crónicas (FOFAR) y de alto costo (Ley Ricarte Soto), se dejó más de 4.000 especialistas en formación, más de 3.000 nuevos especialistas se incorporaron a los Hospitales públicos y más de 1.400 médicos se incorporaron al primer nivel de atención, se realizaron más de 9 millones de egresos de la lista de espera (la mayoría por razones clínicas y no administrativas) logrando disminuir en 223 días la espera para una consulta médica de especialista y en 79 días la espera para una cirugía, se dejó un nuevo sistema de gestión de tiempos de espera en plena implementación incluyendo el portal ciudadano para acceso de usuarios –presentado públicamente hace poco por el nuevo Gobierno-, se incrementó la producción de procedimientos complejos, de consultas especializadas, de hospitalización domiciliaria, de telemedicina, se pusieron en marcha estrategias para mejorar la gestión, eficiencia y calidad del gasto incluyendo la sanción de malas prácticas, se dejó en la Ley de Presupuestos del 2018 un estudio para la sustentabilidad del sistema  con propuestas de modificación de mecanismos de pago e incentivos en red y se logró un récord histórico en donación de órganos y trasplantes. Sabemos que todo esto no es suficiente. Pero debe reconocerse,  no puede hacerse  “invisible” para la sociedad.

¿Cómo entonces construir estas Políticas sólidas y robustas, que aseguren a la población la mantención de estrategias destinadas a mejorar su calidad de vida, teniendo al centro de la preocupación a las personas, familias, comunidades y sus diversas necesidades en salud?.

Parece evidente que lo primero es saber reconocer lo realizado por quienes estuvieron antes, sobretodo cuando se transparentó el déficit del Sector y se lograron resultados tan contundentes como los señalados. De nada vale la crítica destemplada, ni la descalificación con sustantivos como “derroche” o “despilfarro” en salud pública. Hoy las nuevas autoridades tienen la oportunidad de seguir avanzando y crecer sobre lo realizado por quienes estuvimos antes, mostrando también sus resultados. Chile no se construye cada 4 años.

También es necesario construir pactos sociales que impidan que los “vaivenes” de Gobiernos distintos produzcan retrocesos, que protejan logros y permitan avanzar sobre ellos. Parece necesario volver la mirada al debate amplio, entre todos los actores de distintos mundos (comunidad, equipos de salud, academia, políticos, comunicadores, por ejemplo), con altura de miras, sin agendas propias y personales de ninguna índole. Volver la mirada hacia el proyecto colectivo, escuchando la voz de la ciudadanía. La salud no puede ser tratada como un bien de consumo, es un derecho. Y por tanto el abordaje es complejo, pero debemos lograr aproximarnos a la salud que los habitantes de nuestro país necesitan, merecen y reclaman y aquellos llamados a ejecutar dicho mandato, respetarlo. Con transparencia, humildad y valentía.

Se requerirá mantener la mirada y gestión sobre el sistema en su conjunto, sin dejar de lado temas aún no resueltos como la Gobernanza (la forma en que se toman las decisiones político-sanitarias), Acción Intersectorial (tema recurrente en salud pública pero con escasos avances) y Sustentabilidad (de recursos humanos, infraestructura, tecnologías y financiera), articulando estrategias de cara a la ciudadanía y con ella, en forma integral, avanzando en proyectos colectivos y transparentes.

Sin lugar a dudas se requerirán grandes esfuerzos, pero la tradición de Salud Pública que nuestro país tiene, la vocación de servicio público de nuestros maestros y maestras y predecesores, se sabrá imponer por sobre otros intereses y finalmente sabremos avanzar hacia la construcción social de la salud, basada en la salud como derecho y de la mano de una sociedad chilena cada vez más diversa e inclusiva, transformando nuestras utopías en realidades.


Ex Subsecretaria de Redes Asistenciales