Hacía falta un libro sobre sexualidad, estética y política, especialmente después de los recientes feminismos este año. Y no es extraño que haya aparecido de una intelectual no aparecida en estos asuntos: Nelly Richard. Lo primero que uno constata en Abismos temporales (Ed. Metales Pesados, 2018), es la extensa trayectoria de intervenciones críticas por parte de la autora en torno al feminismo. En esta nueva publicación, N. Richard nos presenta un recorrido histórico alternativo, donde se van definiendo marcadas posiciones políticas y sorpresivas selecciones de materiales. Richard muestra cómo sus apuestas se adelantan a lo valorado años después por públicos más amplios. O bien, nos relata una historia de conflictos socioculturales que relacionan feminismo, teoría de género, arte y política de una manera inédita.

Abismos temporales muestra cómo N. Richard ha jugado a localizar el corpus crítico de su ensayística. Por eso no es casual su fijación con la figura de la loca y el travesti. Esta se refleja en sus propias estrategias de escritura: subversiones de registros, pluralidad de formatos, reciclajes de materiales (teoría, prensa, fotografía, acción de arte), copia paródica y “fantasía plagiaria”, la exploración de lo ambiguo en la lengua, su intromisión en las zonas de disputa cultural y política más ambivalentes, su desacato al formato del paper académico, son algunos ejemplos. Abismos temporales es un libro que recoge una heterogeneidad de materiales, que nos hacen ver las relaciones entre política y estética. Los ensayos de N. Richard bordean límites, abren pasadizos para transitar entre “perversiones semánticas”, el posporno, el travestismo (desde Lemebel a Felipe Kast), algunos micro-eventos políticos y culturales, y registros biográficos en acciones de arte y activismo, como la exhibición de Paris is Burning en la disco gay Naxos en 1995, donde aparece la autora fotografiada.

Sin seguir una trama o cronología lineal de textos y acontecimientos, Abismos temporales se inicia con “Seducción / Sedición” de 1987, ponencia leída en el primer Congreso de Literatura Femenina Internacional Latinoamericana. Ya entonces, N. Richard reivindicaba “estrategias informales desplegadas localmente por unas políticas de la teoría algo salvajes”. Y eso encontramos en este conjunto de escritos que estaban fuera de circulación, teorías salvajes que se traducen en querellas perfiladas por la autora durante cuatro décadas, como por ejemplo, su cuestionamiento al feminismo esencialista (que reifica el binomio sexo-género) y su contrapartida al “feminismo de la igualdad” (Sernam, ONU mujeres) por otro más plural “de la diferencia”, que se caracteriza por cuestionar categorías como “mujer”.

En una entrevista realizada a la autora, al comienzo del libro, surgen algunos de los temas que ocupan las páginas de Abismos temporales. Hay posiciones controversiales, como cuando la ensayista afirma que el reconocimiento de la violencia sexual contra las mujeres “es engañoso porque sigue tratando a las mujeres como “objetos” de políticas públicas y no como “sujetos” de una crítica teórica de la sociedad”. Richard tampoco le teme a la polémica al afirmar que “la crítica feminista se ha ido academizando”, y está amurallada en los departamentos de literatura y de estudios de género en las universidades. Aunque la autora ha dialogado intensa y prolíficamente con la academia, el elemento político lo encuentra fuera del campus, o en sus límites: Lemebel, el periodismo crítico de Patricia Espinosa, el Che de los Gays. Al mismo tiempo, el libro despliega implícita o explícitamente un amplio abanico de pensadores(as), muchos de los cuales han sido investigadores universitarios. No se trata entonces de ubicarse en un margen ficticio o ingenuo, sino de explorar intersecciones entre instituciones, disciplinas, prácticas y saberes en torno al arte, el sexo, la política. Tal como ella afirma: “no conviene descartar tan fácilmente la posibilidad de trazar en el interior de cada institución (en este caso, la universitaria) ciertas líneas de fuga que activen las disputas entre lo centralizado y lo periférico, lo hegemónico y lo contrahegemónico, lo consensual y lo divergente”.

Pedro Lemebel y Las Yeguas del Apocalipsis ocupan una parte importante del libro. En el capítulo “Locas, alocadas”, se nos presenta un texto inédito de 1989 sobre Las Yeguas, mostrando que ya entonces, antes de la popularidad de este colectivo, y de Judith Butler, la autora venía detectando en la performance travesti remezones que pasaban más o menos desapercibidos en la escena artística y la esfera pública. Incluso Richard ya había desarrollado sus vínculos con el artificio subversivo del travesti al publicar Cuerpo Correcional en 1981, sobre la obra de Carlos Leppe. Luego Las Yeguas, a diferencia de otros colectivos y performances posteriores de corte queer, feminista y activista, lo sabemos, no restaron complejidad estética a su obra en pro de un mensaje político. Ahora Richard les hace justicia en un texto que se nota escrito en el fragor del arte como batalla en los ochenta. La entrevista es para N. Richard un flirteo de ideas y palabreos. En sus diálogos con Lemebel, hay un extracto de las hilarantes conversaciones que por años Pedro y la autora mantuvieron en público y en privado. Aquí, Lemebel muestra su exasperación con las preguntas filudas de Richard, y contesta: “¡Otra vez con lo mismo: esa inquietud sospechosa por mi hilachento protagonismo cultural al borde de ser cooptado!”.

En Abismos temporales se muestran pequeñas revueltas en la escena del arte y la política, frente al megaevento cultural. Así por ejemplo, contrapone el video-performance Ideología (2011, 2016) de Felipe Rivas al gran evento de Hemisferic Institute de la Universidad de Nueva York realizado en Chile (2016). En otra parte, ataca a Felipe Kast y un video donde aparece travestido: “El efectismo mitad perverso mitad grotesco del camuflaje travesti de F. Kast en el video cumple con desviar la mirada de las conquistas de poder del feminismo”. Otro ejemplo de cómo la autora se fija en sucesos aparentemente sin importancia, ocurre cuando se refiere extensamente a una acción de arte “perdida” en la memoria de la lucha feminista contra la dictadura: la exhibición de un filme porno por parte de Lotty Rosenfeld y Diamela Eltit en un acto de mujeres en 1982. Sobre esa exhibición del filme porno, Richard afirma que “significaba una provocación al querer friccionar bruscamente los límites entre lo macropolítico (la problemática nacional de la mujer) y lo microcultural (un fragmento sexual prohibido de la industria pornográfica)”. Algo parecido ocurre con su apuesta por ciertas publicaciones, la autora se fija en El amor en los tiempos del porno (2014) de Lucía Egaña y Josefa Ruiz-Tagle, y en Inflamadas de retórica, Escrituras promiscuas para una tecno-decolonialidad (2016) de Jorge Díaz y Johan Mijail; ambos libros se posicionan en el corpus híbrido de Richard, pero no en el mercado. Se trata de publicaciones que despliegan poéticas de lo queer que rompen con las convenciones de la escritura y el feminisimo.

En todos estos ensayos, el estilo de Richard es único en sus juegos, sus arremetidas conceptuales y barroquismo. Puede que sea precisamente la mezcla de materiales y teorizaciones lo que nos permite observar fenómenos que escapan a la lógica del mercado cultural y de ciertos discursos políticos, y que, al menos en el tiempo que N. Richard los escribió, pasaron relativamente invisibles. Este es uno de los méritos del libro: trazar un recorrido “propio”, excéntrico, pero no por eso menos certero. Que el lector juzgue si esta selección es de su gusto, pero no cabe duda que nos presenta un panorama con cruciales debates sobre arte, política y género en los últimos treinta años en Chile.

Abismos temporales Feminismo, estéticas travestis, y teoría queer

Nelly Richard

Ediciones Metales Pesados

228 páginas

Precio de referencia $14.900


Sebastián Reyes