Carlos Andrés Cerda Bustamante pide que su nombre de chapa sea simplemente Carlos. Para la Stasi, él se ha convertido en un IM-Kandidat, un “inoffiziäles mitarbeiter”, un colaborador no oficial (según estadísticas no oficiales hasta un 25% de la población en la Alemania oriental fue un colaborador). Esperan que él pueda dar información sobre la comunidad exiliada chilena y latinoamericana, en particular estar atento a cualquier aspecto sospechoso, desviado, peligroso.

Cerda, probablemente se ríe del juego de espías, de la novela de Le Carré que le toca vivir, pero sabe también que con la Stasi el asunto es serio; una chicha que hay que beber con cuidado. En todo caso, si le creemos a los archivos, decide seguirles el juego y acepta reuniones periódicas. No hay nada que indique que sus informaciones fueran más que obviedades que podían leerse en cualquier periódico. También informa sobre la situación en Chile.

Todo cambia, sin embargo, cuando Cerda se separa de su pareja, una artista uruguaya y comienza una relación con Eva Grünstein. Eva es hija de un connotado político y ex ministro del gobierno de la RDA. A la Stasi le preocupa la vida privada: en el expediente de Osvaldo Puccio se encuentra su solicitud para casarse con Ulrike Wulkau. Para suerte de ambos, el matrimonio es aprobado, pues ella es una buena profesora de marxismo leninismo en la Facultad de Medicina en Postdam y no hay nada negativo que de ella se sepa. Menos mal.

En todo caso, al parecer la Stasi decide dejar tranquilo a Cerda. Pero no deja de saber de él. El hermano de Eva, Peter, soltero y a quien “le cuesta mucho establecer relaciones con mujeres”, lleva un año trabajando como IM, especializado en el área de “arte y cultura”. Se discute si su remuneración de 300 marcos mensuales debe mantenerse o no.

En 1985, Carlos Cerda regresa de su exilio. ¿Qué impacto pudo tener la relación de Cerda con la Stasi en su producción literaria? Claro, no podemos saberlo a ciencia cierta; y, por cierto, sería ingenuo (y estúpido) buscar una relación causal. Sin embargo, lo que sí podemos hacer es elucubrar, especular: la mirada de los espías se ve deformada en el espejo de la literatura.

En Morir en Berlín, la novela que Cerda ha comenzado a escribir en el exilio y concluirá en Chile (se publica el 93), escribe Faride Zerán: “la utopía del hombre nuevo se estrella en el muro del autoritarismo y la intolerancia”. Sus páginas son una “reflexión sobre el desarraigo” y, me parece, un canto de cisne radicalizado. Lo que muere en Berlín no es solo el senador, viejo e inocuo que lleva el mismo nombre que el autor, sino un mundo que nunca pudo ser.

La novela comienza con una mirada: “Pensándolo ahora a la distancia, parece que todo empezó a verse más claro, a ser distinto y a dolernos de otra manera, el día que supimos que don Carlos se iba a morir”. Es en esta visión, en la que la claridad y la distinción va de la mano del dolor y la muerte, en la que, intuyo, podemos advertir la mirada que inadvertidamente ejercieron los espías sobre la literatura de Cerda. Es en ese momento límite, liminal, cuando sabemos que el fin está cerca, que podemos ver. Ver significa, también, aplicar una lógica, una realidad o, mejor dicho, el deseo de una realidad. La mirada de los espías de la Stasi que busca crear una realidad y la mirada del narrador de la novela que solo ante la cercanía de la muerte logra la claridad, dialogan, especulan. No son, claro está, lo mismo; mas pertenecen al mismo registro de un mundo posible.

Por cierto, no digo nada nuevo si pensamos en una de esas lógicas binarias que se establece desde estos discursos como propias de la Guerra Fría de esos años. Quizá algo más de novedad hay si sugerimos que esos modos de articular la realidad, esas miradas que construyen realidades, son propias de lo que pomposamente hemos llamado modernidad, de nuestro modo moderno de mirar, de la perspectiva de la modernidad. Sí, la visión de los espías y la de los escritores nos dibujan el complejo juego de nuestra imaginación moderna que podemos hallar ya en el instante en que se reimagina la perspectiva en la pintura o cuando Galileo afirma la realidad a pesar de todo…

Was ist los? ¿Qué sucede?, aparece la pregunta al final de la novela. La respuesta es, claro, la muerte de Carlos, del señor, pero la respuesta es también la mirada de la literatura que espía la realidad que nos confina y apremia.

Leer primera parte aquí:http://www.eldesconcierto.cl/2018/06/06/de-los-archivos-de-la-stasi/


Doctor en Literatura, Universidad de Yale