La crisis ambiental de Quintero y Puchuncaví no cesa. Por tercer día consecutivo, el hospital y Cesfam de Quintero viven días de colapso, tras la llegada de múltiples pacientes de todas las edades con síntomas de intoxicación. Aunque las y los vecinos exigen su derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación, la situación es incierta respecto al futuro.

En este escenario, en entrevista con El Desconcierto, la investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión social (COES), Diana Kruger, analizó los efectos que estos hechos podrían tener sobre el estrés materno. Hace unos meses, Kruger presentó un estudio que analiza el impacto del estrés prenatal sobre el desarrollo cognitivo y socioemocional temprano de los niños, a la edad de 2 años. Para su investigación, se basó en el efecto del terremoto ocurrido en Chile en febrero de 2010.

La investigadora sentenció que “la contaminación vivida en Quintero y Puchuncaví puede tener un doble efecto negativo en las mujeres embarazadas. El primero sería un efecto directo, fisiológico, de la contaminación en la salud de las madres y de su hijo aún sin nacer. Existe una literatura médica, y evaluaciones por economistas también, que encuentran que la contaminación ambiental afecta el peso al nacer, y habilidades cognitivas de los niños en útero durante episodios de contaminación.

Kruger añadió que “también está el efecto indirecto a través del estrés y la incertidumbre que viven las mujeres embarazadas, al preocuparse no solo por su propia salud, sino también por la salud de su hijo aún sin nacer”.

La integrante del COES recalcó que “hay mucha evidencia médica sobre los contaminantes que afectan a la salud directamente, por eso la gente está yendo al consultorio y al hospital, por síntomas fisiológicos. Pero claramente hay angustia y hay preocupación, entonces eso también afecta a la salud mental, que es parte de la salud de las personas”.

Según Diana Kruger, en su investigación encontraron que un episodio de estrés, probablemente intenso y provocado por un evento de fuerza mayor, como ocurrió con el terremoto, “tuvo un efecto negativo sobre el desarrollo de los niños de mujeres embarazadas durante el terremoto. Este evento vivido en Quintero y Puchuncaví también es de fuerza mayor para las familias que viven en la zona, y posiblemente el nivel intenso de estrés vivido por mujeres embarazadas afectará su salud mental, además de la salud física. No soy médico, pero me imagino que es difícil saber si los abortos provocados son por causa directa de la contaminación, o si el estrés que genera la incertidumbre provocó los abortos”, sostuvo.

“Los efectos podrían ser más graves en Quintero y Puchuncaví”

Entre los hallazgos de su investigación, Kruger encontró que el estrés en útero daña el desarrollo de los niños en sus primeros años de vida: “Daña su desarrollo cognitivo y algunos también sufren problemas de atención. Hay diferencias entre nuestra investigación y la situación de la zona de la V Región. Nosotros analizamos el terremoto de 27-F, un evento que no tiene un impacto directo en la salud fisiológica, y que fue transitorio, es decir, el terremoto duró un día y las réplicas, aproximadamente un mes”.

En este sentido, la investigadora señala que en el caso de la contaminación vivida en la zona de Quintero y Puchuncaví “probablemente tiene un impacto fisiológico en la salud de las personas, y además, es una situación más permanente. Por lo tanto, los efectos podrían ser aún más graves porque el escenario es más grave desde un punto de vista de la salud”.

En específico, la académica de la Universidad Adolfo Ibáñez aludió al efecto indirecto de los químicos y a la angustia “de no saber qué estoy respirando o si está bien el agua que consumo”. Además, recordó que no es primera vez que se vive una situación de alerta ambiental en la zona: “Las personas siguen viviendo ahí, ven la producción de las fábricas y es una amenaza latente. Los tóxicos no se ven, no saben si lo que están respirando les hace daño o no. A menos que decidas que te vas a ir a vivir a otro lado, es un riesgo permanente”.

Pese a que el impacto negativo en las habilidades cognitivas y el desarrollo derivado del estrés es igual para todos los niños, la investigación de Kruger se centró en las habilidades medidas entre los 18 y 24 meses de edad. En ese período, si las familias de ingresos altos detectan problemas, “pueden acceder a apoyo de mejor calidad y ayudar a paliar el efecto, mientras que las familias de bajos ingresos tienen más limitaciones en los apoyos que le pueden dar a sus hijos”, explicó.

La investigadora asegura que es importante la identificación temprana de estos problemas y acudir regularmente a los controles de niño sano: “Una lección de nuestro estudio es que los efectos negativos aparecen tempranamente en los niños. Aprovechando esta pregunta, quisiera hacer un llamado a las madres futuras y nuevas -y también a madres de niños más grandes- a acudir al servicio de salud y solicitar evaluaciones tempranas del desarrollo de sus hijos”.

“Si estamos viendo un evento como el que está ocurriendo ahora en la zona de Quintero, que posiblemente va a afectar el desarrollo cognitivo del niño, seria bueno identificar eso temprano porque entonces todos los programas para remediar esos problemas, mientras más temprano se hagan, mejor. Es una recomendación que se aprende de nuestra lección“, añadió.

Uno de los hallazgos del estudio apunta a que la cognición de las niñas se ve afectada negativamente por el estrés intrauterino. Sin embargo, Diana advierte que “es importante tener en cuenta que si bien los resultados contribuyen a lo que sabemos sobre el efecto de la salud mental de la madre durante el embarazo, se necesitan más estudios para poder generalizar este resultado”.

La investigadora sentenció que si bien los apoyos a la salud física que ha brindado el servicio de salud pública son importantes, también deben recibir auxilios psicológicos para enfrentar la situación. Por ahora, la literatura médica ha explicitado que sufrir algún tipo de trauma o impacto fuerte a la salud durante el embarazo va a afectar a los niños y niñas. Por ejemplo, en su peso al nacer. A la vez, hay evidencia de los efectos permanecen a través del tiempo, tanto en la etapa escolar como en la adulta.

“Lo que se daña es el desarrollo cognitivo de los niños y ese efecto va a permanecer a lo largo de la vida: no te va a ir tan bien en el colegio, no vas a poder conseguir trabajo o no te va a ir tan bien. Hay evidencia de efectos de largo plazo del estrés”, cerró.