46 personas, con banderas, vítores y despedidas, abordamos tres buses desde la Plaza Prat para iniciar la travesía de conmemorar los 60 años de “Las Caravanas de la Amistad de 1958”, cuando un grupo de comunidades chilenas y bolivianas materializaron un masivo viaje que con los años se transformó en un verdadero hito integracionista entre los dos pueblos.

La comitiva era diversa. La representación más numerosa era la de la centenaria Sociedad Boliviana de Socorros Mutuos de Iquique, a las que se sumaban artistas, políticos, dirigentes y vecinos, que eran flanqueados por una caravana de vehículos, integrada por académicos de las dos universidades públicas de la región y del emblemático senador Jorge Soria y su hijo Mauricio, alcalde de la ciudad de Iquique.

Foto: Hugo Pinto Cortés

El viaje no fue fácil, ya que el Estado a través de sus dispositivos, hizo lo suyo para hacer que esos 487 kilómetros, que dividen a las dos ciudades se convirtieran en una tortuosa espera.

Por más de una hora, quienes querían rendir tributo a aquellos orureños y tarapaqueños que en 1958 dieron vida a “Las Caravanas de la Amistad” presenciaron cómo el gobierno chileno extraditaba a presos bolivianos que cumplían penas en nuestro país. Una paradoja por donde se le mire: La sociedad civil local busca integrar, el Estado central busca polarizar.

Al traspasar la frontera nacional e ingresar a territorio boliviano quedaba la imagen que lo peor ya había pasado.

Entre la puna, gran parte del poblado de Huachacalla nos recibió, quedando inmortalizada en la memoria de muchos la canción “Dragoncitos iquiqueños”, que las Bartolinas Sisa entonaron junto a músicos locales, vinculando en su letra la importancia que tiene la ciudad para ellos.

El destino final era Oruro. La ansiedad de llegar era contenida por los casi 4 mil metros sobre el nivel del mar, que te obligan a calcular cada paso e inhalación que das.

A la llegada esperaban alrededor de 50 personas, entre senadores, representantes departamentales, municipales y miembros de comités cívicos que otorgaban una calurosa recepción, parecida a una amistad de años que por cosas del destino dejó de verse.

“¡Viva Chile! ¡Viva Bolivia!”, resuena entre las estrechas calles del centro de Oruro. El camino era hacia el Club local para una recepción formal, pero espontáneamente la delegación levantó las banderas tricolores de ambos países. Ese día, niños bolivianos veían a un grupo de iquiqueños gritar a los cuatro vientos un discurso de integración y hermandad.

Foto: Hugo Pinto Cortés

En el auditorio de la Universidad Técnica de Oruro se presentó la agrupación de voluntarios “Caravana 60”, que dialogó con estudiantes de los colegios Antofagasta y Zaracho (establecimiento que llegó a Iquique en la Caravana de 1958), en torno a un repertorio audiovisual sobre los puntos de encuentro e integración que ambas sociedades guardan.

Hace 60 años, el integracionista boliviano y promotor de las Caravanas de la Amistad de 1958, Josermo Murillo Vacarezza, afirmó: “Ni Iquique, entendemos nosotros, ha de poder vivir en el futuro, sin la complementación económica del altiplano, ni tampoco nuestro altiplano y particularmente Oruro, ha de poder sellar su verdadero progreso sin su vinculación definitiva con el mar. Sabemos perfectamente que ningún país, así como ningún individuo, puede subsistir sin la cooperación activa de otra región, de otro país o de otra comunidad (…) Solamente con un vínculo estrecho Oruro e Iquique, formarán su porvenir en forma segura de tal manera que ya sea inquebrantable esta hermandad y esta fe de ambas ciudades”.

109 paños contenían una serie de letras en plumón que fueron bordadas por manos chilenas y bolivianas, las que al unirse, dieron vida a la frase que Murillo dijo hace más de medio siglo.

La travesía concluyó el domingo 26 de agosto. A las autoridades departamentales bolivianas se les entregó simbólicamente semillas de tamarugos, para ser plantadas en el lugar y reafirmar, a través de esta especie, todos los elementos que nos unen como pueblos.

Ese domingo, el Diario La Patria de Oruro sintetizó mejor que nadie el espíritu de la iniciativa: “Caravana 60 reafirma la hermandad entre sociedades de Oruro e Iquique”.