Hoy martes se conmemora el 50 aniversario de la represión estudiantil por parte del Estado mexicano que culminó en una matanza brutal en la Plaza de las Tres Culturas, más conocida como la Masacre de Tlatelolco.

La noche del 2 de octubre de 1968, fuerzas paramilitares, policías y miembros del Ejército mexicano dispararon a sangre fría contra los casi 8.000 estudiantes, profesores, obreros y campesinos reunidos en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, al norte de la Ciudad de México.

En medio de movilizaciones estudiantiles que sguían la senda de las mvolizaciones a nivel mundial que inciaron en mayo de 1968, estos estudiantes, profesores y trabajadores protestaban contra la desigualdad y el autoritarismo del  gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI),que a esa época ya se había anquilosado en el poder con trampas, corruptelas y un control total de medios, industrias y sindicatos. En las marchas se exigía una democracia verdadera y la implementación de mayores libertades civiles, políticas y sociales.

A pocos días del inicio de las Olimpiadas de México en ese año, el presidente Gustavo Díaz Ordaz, consideraba que estas protestas se trataban de una sublevación comunista en contra de los Juegos Olímpicos. Por lo que no estaba dispuesto al diálogo, de hecho siempre se mostró intolerante y violento. De hecho, antes del 2 de octubre las acciones del Gobierno para recuperar “el orden y la paz” ya habían provocado la muerte de al menos 10 manifestantes. A solo 10 dias del inicio de los Juegos, a Díaz Ordaz le urgía presentar un país en calma. El estadio de la UNAM, además, era la sede de la inauguración.

Fue así como, a pesar de haber prometido un ambiente de cordialidad y paz para la marcha del 2 de octubre, Díaz Ordaz ejecutó la “Operación Galeana”. Su Gobierno infiltró al Batallón Olimpia, un grupo de agentes y soldados, en la protesta estudiantil y ordenó la movilización de tres contingentes del ejército en zonas cercanas a la Plaza de las Tres Culturas.

Tras rodear la plaza y generar el pánico de la multitud que se manifestaba, los francotiradores y soldados mexicanos comienzan a disparar de manera indiscriminada, provocando la muerte de civiles y soldados presentes en el lugar. Los líderes del movimiento fueron detenidos por agentes vestidos de civil, muchos otros jóvenes fueron arrestados y enviados a un campo militar. A muchos les quitaron la ropa, los golpearon y los torturaron. Mientras las muertes las sufrían las y los compañeros que se manifestaban, el gobierno sonreía por haber logrado el objetivo de descabezar y acabar con el movimiento estudiantil.

El gobierno cifró en 20 muertos, 1.043 detenidos y 100 heridos el saldo final de la matanza. Sin embargo, documentos de la embajada estadounidense cifran entre 150 a 200 las personas asesinadas en la operación. Otras investigaciones elevan la cifra debido a que testigos reconocieron haber visto grúas y camiones llenos de cadáveres que fueron posteriormente incinerados en basureros de la ciudad.

A 50 años de la masacre, la impunidad sigue vigente en México. Organizaciones sociales e internacionales mantienen un llamado para lograr justicia, la verdad y la reparación del daño a las vícitimas de la represión autoritaria del Estado de México contra sus propios estudiantes.