Abel Soto Flores, una de las víctimas del monseñor Francisco José Cox comentó la nueva denuncia que el prelado de 85 años enfrenta en Alemania por abusos sexuales: “Esto era algo que tarde o temprano tenía que suceder”, recalcó.

En entrevista con La Segunda, Soto celebró que, aunque sea en otro lado, es una señal de que “la justicia lo puede tocar”. En Chile, el Ministerio Público maneja dos denuncias por abusos contra Cox. En la demanda presentada por Abel Soto, detalla que fue abusado por el obispo en dos ocasiones: cuando tenía 7 años, en Chillán, y a los 18 años en La Serena, en el lugar donde se alojaba mientras estudiaba en la universidad.

Aunque los fiscales le dijeron que los abusos estaban prescritos, Soto recalca que “lo que yo quiero es que se dictamine que me abusó, que Cox es un abusador y es miembro de la Iglesia”. Al mismo tiempo, apuntó a la complicidad del cardenal Ricardo Ezzati y del obispo Bernardino Piñera, tío del actual Mandatario, a quien le celebraron hace unas semanas su cumpleaños en La Moneda.

“Cuando la gente dice ‘¿cómo don Ricardo (Ezzati) no va a saber lo que hacen los curas’? ¡Ellos lo saben! Yo viví con Bernardino Piñera y con Cox en el arzobispado, comía todos los días con él y veía cuando Cox me manoseaba y me daba besos en la boca, delante de él y de la familia que nos atendía. Piñera lo encubrió, lo protegió y permitió que tantos cabros como yo siguieran ese camino”.

Abel Soto recordó que, a raíz de los abusos que sufrió, en segundo año de universidad perdió todos los ramos: “Ahora, que estoy viejo, me doy cuenta que lo más probable es que todo lo que me pasó en ese tiempo fue producto de los abusos de Cox”.

Los abusos del sacerdote fueron conocidos por el trabajo de la periodista Alejandra Matus en La Nación, cuando publicó “Los archivos secretos Cox”. La periodista comentó a La Segunda que “a mediados de los años 90,  la obsesiva inclinación sexual de Cox era un secreto tan conocido como bien guardado”.

Durante esta mañana, el cardenal Ezzati se presentó ante el fiscal Emiliano Arias, pero se acogió a su derecho de guardar silencio. Una vez frente al persecutor, el religioso se negó a responder cualquier pregunta y terminó por concluir el trámite.