Se cumplen 30 años del triunfo del “No” un hecho que cambia la realidad de todo el país, porque es sabido que los resultados no fueron los esperados, la transición homogeneizó a los actores que estaban en contraposición, surgió el progresismo neoliberal encarnado en varios partidos de la Concertación, que mediante políticas desvinculadas de los movimientos sociales y apernándose en cargos de poder se dedicaron a administrar el modelo que trajeron a Chile los monaguillos de Friedman. Durante décadas utilizaron la confianza depositada en ellos para hundirse en las sillas de cuero que abundan en el congreso y los ministerios, cerrando los ojos a una realidad que a todas luces mostraba una abismal desigualdad, haciéndose los locos con lo que en los años 80 había sido su bandera de lucha.

Pero nos parece injusto enlodar el proceso y el consiguiente triunfo del 5 de octubre de 1988 por quienes ubicados en una perspectiva temporal critican lo que también nosotros partimos criticando o por quienes cuestionan lo revolucionario del momento y creen que la única forma era con más violencia, como si el pueblo que dicen defender hubiera querido eso, como si no bastara con haber visto morir a tanta gente cercana, como si no fuera suficiente el miedo escalofriante de los últimos 15 años. Es por ello que queremos enaltecer el proceso, alejarlo del falso eslogan de que recuperamos la democracia con papel y lápiz y situarlo en lo revolucionario que fue y para ello es imperante entenderlo como un acontecimiento.

¿Qué significa que el “No” fue un acontecimiento? Lo entendemos mediante una concepción ética de las identidades basada en la búsqueda de un significado auto-construido y no del sometimiento ontológico del significado del otro, el acontecimiento guarda una relación constitutiva de la actividad creativa de la concretización mediante el levantamiento frente al poder de otro, es un ejercicio artístico de una clase por sobre otra. Siguiendo a Deleuze, el acontecimiento como elemento singular de grupos humanos, significa que es una disrupción que escapa del orden causal del ejercicio del poder, es actuar en el juego de la visibilización y de lo invisible del poder. El acontecimiento es el quiebre de la unidad del instante y comienza un proceso de dispersión al sujeto en una multiplicidad de posiciones y significados posibles; por lo tanto, el acontecimiento en términos filosóficos es la búsqueda y concretización (parcial o total) de un nuevo significado que está por fuera de la racionalidad totalizante de la imposición del significado de un determinado sistema. Por ende, la práctica política del “No” fue la búsqueda de un nuevo significado de nuestra identidad, por fuera del poder disciplinario de la dictadura y si bien, no es la concretización total, es la manifestación de un acercamiento, de una alteridad de la neoliberalización de la conducta. Es importante entender que el razonamiento que desempeñamos va mucho más allá de la formalidad dispuesta por la legalidad de un plebiscito, va por el trasfondo político que existe detrás.

Es preciso identificar que la racionalidad totalizante del neoliberalismo y de la dictadura configuran una normalización de la conducta como homogénea y esto es, la formación de un modo de vida en función de la reproducción del capital mediante la privatización de la vida en su totalidad, mercantilizando la lógica de todo tipo con el otro. Como dice Foucault, es urgente pensar al neoliberalismo como un gobierno de las conductas. El neoliberalismo es una comprensión de la potencia humana que se diseña por la forma empresa-libertad económica, cada conducta humana como conducta empresarial. La única manera de que haya progreso es que se perfeccione la forma-empresa neoliberal.

Por cierto, lo que constató el “No” fue la negación de aquel significado de vida, fue el aprovechamiento certero de recoger y entrar en la fisura, de pensar por fuera de la estructura económica-social que se constituye por el discurso del saber técnico-utilitario, uno debe pensar que el acontecimiento del “No” fue el comienzo de un proceso de elaboración de un significado anómalo, que no estaba dispuesto a la domesticación de la subjetividad económica, es la rebelión frente a la masacre y a la disciplina meticulosa de los cuerpos. El “No” fue el inicio de un devenir de anomalía, fue la rebelión que comenzó con la disputa del significado de que queremos ser.

El acontecimiento es un movimiento no histórico, es un devenir no histórico,  es una singularidad sin modelos o esencia presupuesta; pues la originalidad de todo acontecimiento resulta ser el movimiento a partir del cual lo nuevo emerge, lo no previsto irrumpe en la realidad y escapa de los límites del orden establecido, porque en todo acontecimiento hay un resto no histórico, inaprehensible, que excede los límites discursivos, hay siempre un punto de fuga, algo que no puede ser domesticado, una dimensión del significado que abre una fisura, que abre a la agencia. Entendemos que el acontecimiento nos habilita a la formación de un devenir revolucionario, como menciona Badiou, el sujeto no es el agente de una libre elección, sino el resultado de una elección libre en concreto; un sujeto emerge tras la elección de fidelidad a un “Acontecimiento”, es el agente el que se implica en el trabajo de promover y luchar por un nuevo horizonte, el sujeto entendido como proceso y no como un punto de vacío.

Lo trascendental del “No” no es sólo el hecho histórico como tal, sino también como proceso homologable al Chile actual, como acontecimiento para la consecución de una sociedad post-neoliberal. El significado por el cual estamos luchando, es por uno que no totalice del cálculo económico cada espacio de nuestra vida, es por una forma de producción que contemple el reconocimiento con el otro como un elemento esencial de la condición humana, es generar formas de sociabilidad que no puedan inscribirse al interior de un marco de relaciones calculizadas y racionalizadas por el mercado, sino como la búsqueda frenética de una articulación originaria frente al orden establecido, que busque la singularidad de la creatividad de la comunidad.  El contenido material del acontecimiento que comenzamos con el “No” es la irrupción de lo nuevo en la realidad cuyo carácter primario es la contingencia. Por ello, resulta de suma relevancia adentrarnos en la problemática que designa la voz “acontecimiento”. El acontecimiento emerge como un estallido diferencial de fuerzas, manifestándose en un estado de cosas, es una singularidad, el acontecimiento en tanto proceso es la punta de lanza para la obtención de un socialismo democrático.