Aida Moreno, pobladora y fundadora la Casa de la Mujer

“A pesar de todas las luchas, los miedos, ese 5 de octubre me trae mucha alegría, me siento partícipe de los logros de ese plebiscito. Yo trabajaba en la iglesia, era animadora de catequesis y yo siempre fui muy impulsiva con nuestros deberes y nos la teníamos que jugar. Nos costó convencer a la gente por el miedo, todo era clandestino en ese entonces.

Era como ir a la guerra porque en el fondo lo que sabíamos era que dependía de nosotros, teníamos que poner ojo a que no nos fueran a embarrar el momento.

Estaba en nuestras manos el trabajar para sacar a la dictadura, imagina cuántos años angustiosos fueron, nuestros maridos sin trabajo por haber sido dirigente sindical o participar en actividades de lucha, para poder lograr esta libertad, nosotros fuimos perseguidos, tuvimos muchos golpes en cuanto a la vida que nos tocó con varios hijos, mucha hambre, mucha miseria, todo eso nos daba la fuerza para decir NO, no queremos más esto, queremos la libertad.

Ese día dejé a mis hijos menores encargados, pero les había dicho que íbamos a ganar y los iba a buscar para ir a la Alameda. Era todo abrazo, todo alegría. Los fui a buscar porque quería que supieran lo que significaba ese día, compramos globos, banderas y de repente empiezan a bombardeaar por el aire, nos subimos a cualquier micro. Pero todo era hermandad, alegría, abrazarse con medio mundo. Fue maravilloso.

Santiago Mancilla, enlace en el Estadio Nacional

Cuando llegué a votar había un camión de militares dentro, llegamos con el temor de la dictadura y con la fuerza de las movilizaciones sociales.

Teníamos la misión de revisar cuántas mesas se habían constituido. Alas 11 am más o menos teníamos muchísimas mesas y el gobierno decía que la constitución de mesas era muy baja.

Sabíamos que era difícil que Pinochet reconociera la democracia y la historia nos demostró eso, con lo que se sabe hoy, que Pinochet nunca estuvo por reconoce el resultado. Publicaron los resultados pasados la media noche.

Era difícil labor de enlace. Teníamos apoderados y centro de cómputos, pero si no teníamos enlace no servía. Recuerdo que la última papeleta la llevamos a las siete de la tarde y era muy difícil moverse por Santiago. Yo tenia un Fiat 126 y lo usamos para mover papeletas entre locales de votación y centros de acopio, los compañeros de ingeniería de la Chile habían levantado un centro de cómputos brillante para la época.

La transmisión era sin redes ni teléfonos celulares. Fue costeado por los partidos. Yo era militante del PS Almeyda y teníamos esa misión de enlace, pero en la población había una posición mayoritaria al NO. Teníamos el dilema anterior de cómo enfrentar a la dictadura y decidimos, en el PS Almeyda, incorporarnos de lleno a esta opción aunque consideramos ilegítima la Constitución del 80, era la vía que nos quedaba, porque sabíamos que la vía armada significaba miles de muertos y era imposible con unas Fuerzas Armadas tan cohesionadas.

Yo no había votado nunca. Antes hubo un proceso de capacitación para ser apoderado y la gente no sabía votar. Los mayores tenían experiencia. Yo tenía 34 años y no sabía lo que era entrar a una caseta de votación. Muchos dudaban de cómo doblar el voto. Habían curiosidades en la formación de mesas, se establecía que militares no podían acercarse a 20 metros de las mesas, y decíamos cómo un apoderado le va a reclamar a las fuerzas armadas que nos reprimían constantemente que no podían acercarse a 20 metros.

Era un día que teníamos una llave para botar a la dictadura. Era un momento donde no solo luchábamos por la democracia para nosotros, sino que era una deuda con los detenidos, con los muertos, los exiliados. esa sensación de que era una posibilidad revertir la dictadura y volver a la democracia, era un sentimiento de mucha fuerza para nosotros. Nunca había visto una coordinación mejor de diferentes profesiones. Teníamos diferencias, pero la idea era una: Volver a la democracia.

Patricia Collyer, periodista revista análisis y radio Cooperativa

Ese día me tocó cubrir la zona sur, por el paradero 30 de santa rosa. Había mucha gente en los locales que se aglomeraron, la presión era tanta por entrar y les daba miedo que no abrieran las puertas, que se llegaron a romper incluso. La gente estaba desesperada por votar, por dar su NO.

Para el recuento en esa zona el NO ganaba por 80%, llegaron unos provocadores de ultraderecha y la gente nada, mantenía el orden, la calma. En la celebración de la Alameda fui como reportera y protagonista. Se vivía un ambiente crispado, la gente no hizo nada para no arruinar el proceso y el día siguiente, el 6 de octubre, fue la fiesta de abrazar a los carabineros.

No teníamos claro lo que de verdad estaba ocurriendo. Lo han dicho dirigentes, ellos pudieron percibir por hablar con personajes claves, pero nosotros periodistas estábamos cubriendo sin tener mucha idea con lo que estaba pasando, hasta que la Gema Contreras de Cooperativa le saca esa cuña a Matthei en La Moneda.

Foto: Arainfo

Pablo Salas, camarógrafo

Trabajé como 45 días seguidos para la TV española, fue intenso intenso. Hubo tanta expectativa, no solo de los chilenos, sino de todo el mundo. Empezó con la primera marcha que fue en Vicuña Mackenna con Ñuble, andábamos con equipos antiguos y en la primera nos fuimos desde Plaza Italia caminando hasta allá. La mayoría de las marchas terminaban con los pacos tirando lacrimógenas.

La última marcha, dos o tres días antes de la votación, fue en la panamericana con la ruta 78. Y hasta allá llegó más de un millón de personas. Había mucha expectativa y ganas de botar a Pinochet. Y eso que nadie creía que Pinochet iba a hacer un plebiscito para perderlo, había que ser ingenuo para que un dictador como él hiciera eso.

Ese día salimos a las 6 am, nos juntamos en la oficina y yo me fui al Cajón del Maipo. A las 9 de la mañana habían colas tremendas. Todo sin escándalo. Yo tenía harta autonomía, así que me fui para La Victoria después. El estadio municipal era centro de votación, habré llegado 5 o 6 de la tarde y estaban contando votos. Era increíble, cada vez que el vocal decía “NO”, todos replicaban: “¡NO!” y “que se vaya Pinochet”.