Aunque el resultado en Brasil todavía no fue suficiente para elegir a Jair Bolsonaro, del PSL (Partido Social Liberal), en la primera vuelta, su camino al Palacio del Planalto está bastante despejado y no sería exagerado decir que solo un milagro podría revertir esa situación.

El ex-capitán del Ejército brasileño y candidato por el PSL (Partido Social Liberal) tuvo 46% de los votos este domingo 7 de octubre. Fueron poco más de 49 millones de votos, faltando solamente 4 millones para una victoria definitiva.

Sus dos principales adversarios quedaron bastante lejos. El candidato del PT (Partido de los Trabajadores), Fernando Haddad, elegido por Lula como su representante, alcanzó 29%, mientras el neodesarrollista Ciro Gomes obtuvo el 12%. Aunque es probable que se concretize una alianza entre los dos en la próxima etapa de la campaña, el hecho es que ambos juntos reunieron 5 millones de votos menos que Bolsonaro.

Los demás candidatos en carrera tuvieron votaciones bastante mediocres y son el primer elemento para explicar el fenómeno de Bolsonaro. Casi todos los candidatos de la derecha tradicional tuvieron votaciones muy por debajo de lo esperado. El neoliberal Geraldo Alckmin, del tradicional PSDB (Partido Social Demócrata Brasileño, aunque su práctica dista mucho de su nombre) marcó menos de 5%, un fracaso rotundo para un partido que quedó con la segunda mayoría en los cuatro últimos comicios presidenciales. La ambientalista Marina Silva (Red Sostenibilidad) tuvo una performance todavía peor: con solamente 1%, ella terminó en el octavo lugar, su peor resultado histórico – incluso en Acre, su provincia natal, ella fue la cuarta mejor votada, con una votación de 2,5%.

Estos número indican que Bolsonaro logró absorber muchos votos de la derecha tradicional ya en primera vuelta, e incluso de la centro derecha – la que algunos analistas consideraban que podrían cerrar filas con un posible frente democrático en segunda vuelta, ante la amenaza extremista de Bolsonaro, pero está claro que el electorado de esos sectores prefiere a Bolsonaro, más allá de las posiciones institucionales que los partidos discursivamente dicen tener.

Se acabó el poder de la tele

El otro factor novedoso son los resultados en el Legislativo. Si el Congreso elegido en 2014 ya era más conservador desde el que realizó el golpe de Estado de 1964 – lo que explica lo repetido en 2016 – el que asume en 2019 será muchísimo peor, con una gran cantidad de pastores evangélicos y ex-militares tanto en Diputados como en el Senado.

Pero al igual que en las presidenciales, las victorias legislativas de la extrema derecha no eran detectadas por las encuestas hasta la última semana de la campaña, justamente cuando un boom de mensajes por redes sociales, sobretodo por Whatsapp, hicieron cambiar los panoramas y llevar a derrotas inesperadas de muchas figuras consideradas favoritas en el campo progresista – incluyendo Dilma Rousseff, que estaba por encima del 30% hasta la semana pasada y terminó con 15%.

No es posible explicar el resultado de estas elecciones sin considerar el importante papel de las corrientes de whatsapp realizadas en los últimos diez días, y uno de los elementos para entender eso está en ver que el rechazo de Fernando Haddad, que hasta el 1 de octubre no había superado los 30%, marcó más de 40% en las encuestas realizadas en viernes (5/10), y eso seguramente afectó no solamente a él sino a todo el PT.

Aunque no hay pruebas más concretas sobre la participación de servicios desde afuera en ese tipo de campaña en las redes, el acercamiento entre la familia Bolsonaro y el empresario estadounidense Steve Bannon, uno de las cabezas de la campaña de Trump en 2016, es un indicio que no se puede ignorar, al igual que el hecho de que las campañas en redes sociales apuntaban primero a fomentar el rechazo el PT más que a pedir votos por Bolsonaro – lo que fue muy parecido al método utilizado por el servicio de Cambridge Analytica, cuyo efecto buscado fue sobretodo el de destruir la imagen de Hillary Clinton – según  las confesiones realizadas por uno de los directivos de la empresa, Alexander Nix, dentro de las investigaciones del caso.

De todos modos, queda claro que las redes sociales, y sobretodo el whatsapp y el facebook, tuvieron un peso muchísimo más grande que la televisión en estas elecciones – lo que también se puede observar por el fracaso de Alckmin, cuyo tiempo de televisión era casi la mitad de todo el horario gratuito (debido a tener una coalición con mayor número de partidos) y eso no le alcanzó para tener siquiera un 5%.

País dividido

Otro factor importante que hay que destacar es la división ideológica geográfica de Brasil, que hoy estuvo bastante marcada, más que en otros comicios.

Pese al mal resultado a nivel nacional, el PT y otras fuerzas de izquierda arrasaron en la mayoría de los estados del norte y noreste de Brasil, eligiendo a la mayoría de los gobernadores e incluso dándole a Haddad más del 50% de los votos presidenciales en algunos casos, o dejando a Bolsonaro en tercer lugar en otros, incluso detrás de Ciro Gomes.

Sin embargo, en los estados del sur y del sureste (que tienen mayor población) Bolsonaro fue aplastante, y lo mismo se vió reflejado en las disputas por gobernaciones y en las legislativas.

Como el sur también tiene más escaños en el Congreso, la mayoría alcanzada en esos estados también son un factor que definió el perfil del nuevo Legislativo, con los estados del norte compensando solo parcialmente esa tendencia.