– Vamos a comenzar por la zona del sexto poste. Nos vamos a separar en grupos de a dos y desde una línea iremos subiendo-, comenta un funcionario municipal de la comuna de Alto Hospicio a Juan y Justin Vergara y a Jaqueline Soto, padre, hermano y madrastra de José Vergara mientras van en auto por la ruta A-16 camino al punto de encuentro con las demás personas que participarán de la jornada.

Según las imágenes de las cámaras de seguridad de las empresas ubicadas en la carretera, están haciendo el mismo camino que recorrió el joven el 13 de septiembre del 2015  arriba de un furgón policial Z-4514, a cargo de los por entonces carabineros Carlos Valencia Castro, Ángelo Muñoz Roque, Abraham Caro Pérez y Manuel Carvajal Fabres, quienes a eso de las ocho y media de la mañana se lo llevaron de su casa ubicada en la población La Tortuga luego del llamado de ayuda por la fuerte crisis que vivía a causa de su enfermedad, la esquizofrenia.

/ Foto: Francisca Palma

Cuatro personas son también las que viajan en este auto la mañana del sábado 6 de octubre para encabezar lo que será la primera de cuatro jornadas de “búsquedas ciudadanas” del joven que tras ese último viaje aún se encuentra desaparecido. Pero en este caso no sólo la fecha, la hora y los protagonistas son diferentes: el clima también lo es. El sol enceguece y pega fuerte, a diferencia de ese domingo en el que la camanchaca humedecía el ambiente, la misma en la que, según los ex carabineros, vieron perderse a José en ese poste, en donde dicen haberlo abandonado.

Tras una detención en la COPEC para cargar combustible, los Vergara continúan su camino. Dejan atrás una zona de carritos de comida apegados al servicentro y toman el desvío a la ruta A- 616, en una zona rodeada de cementerios de camiones viejos y de los tentáculos del puerto de Iquique, dependencias que paradójicamente están en el desierto.

“Esto no estaba antes, el 2015”, comenta Juan, apuntando a más de diez galpones que están por ese camino de tierra que va a la cárcel y también al sexto poste, zonas que ya recorrieron ese mismo año cuando comenzaron, al igual que este día, a recorrer el desierto buscando pistas de José. “Allá se ven los piques mineros. En esa zona se metió la cápsula”, recuerda Juan respecto a una de las tantas gestiones y búsquedas que ya han realizado, incluyendo la introducción de personal especializado en rescates a los hoyos de cientos de metros de profundidad de las antiguas minas de plata en un dispositivo similar al utilizado en el rescate de los 33 mineros. Todo gestionado por ellos, por su insistencia y su tesón que incluso los llevó a reunirse con el por el entonces subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy, para solicitar esa acción.

Esta vez es igual. Convocadas por la familia, particularmente por su hermana Cristina quien golpeó las puertas de la municipalidad de Alto Hospicio, cerca de cincuenta personas también van en camino a ese mismo lugar para, con palas, picotas y palos, remover la arena, las piedras y la chusca del desierto en búsqueda de algún rastro, de alguna huella que de indicios de dónde pueda estar el cuerpo del joven de 21 años al momento de su detención. Porque ya nadie menciona la idea de encontrarlo con vida: todos van claros que lo que hay que encontrar son osamentas.

/ Foto: Francisca Palma

“Lo que estamos haciendo es apoyar a la familia para salir en la búsqueda del cuerpo. Ojalá que tengamos suerte y lo podamos encontrar. Esperamos que también se haga justicia y que se le dé cristiana sepultura para que la familia pueda descansar y que los restos de José Vergara puedan descansar en paz”, comenta el alcalde de Alto Hospicio, Patricio Ferreira, quien también integra la cuadrilla que a eso de las 11:45 de la mañana ya se encuentra reunida en el lugar y que incluye además al diputado por Tarapacá Hugo Gutiérrez.

Para Juan Vergara la situación es clara: “Si él estuviera vivo hubiera aparecido ya”. Y es que a pesar de la camanchaca de ese 13 de septiembre el camino de tierra que llega a la cárcel, y el camino asfaltado que da a la “Cuesta del Toro” –ubicado a pocos metros del lugar- hubiesen guiado a José camino a Alto Hospicio porque desde el “sexto poste” no hay cómo perderse: se ve claramente la comuna.

Algunos reparten aguas embotelladas mientras otros sacan las palas de uno de los camiones de la muni, en un ejercicio similar al de los denominados “paleros” que buscaron restos en Pisagua luego del retorno a la democracia, ejercicios que dieron como resultado el hallazgo de la fosa con  21 cuerpos en junio de 1990.

/ Foto: Francisca Palma

Otra vez el funcionario explica la dinámica de la búsqueda a la comitiva, integrada también por niños, entre ellos el hermano menor de José, Justin, de 9 años. Las personas cruzan el camino de tierra y caminan hacia el cerro. Surcados por el zumbido de los cables de alta tensión, un cielo despejado  y el vuelo de un par de jotes, llegan hasta la línea donde se repartirán en grupos, separados cada diez pasos: la búsqueda comienza. Los Vergara siguen su ruta propia. Justin, Juan y Jaqueline caminan a la izquierda sin más explicaciones que las ansias de buscar, de remover, pero por sobre todo de encontrar.

Avanzado ya un tramo, una de las duplas pide ayuda para revisar un extraño montículo. Al lugar llegan otros, incluyendo Cristina, quienes comienzan a echar palas. De la tierra salen, primero, una sábana, luego un tubo de PVC, un par de zapatillas y un pantalón de buzo Adidas. Cristina lo toma, lo estira, lo acerca a su cara, lo huele. No, no es de José. Siguen moviendo la tierra y aparece otra zapatilla, pero una sola. No hay nada. La búsqueda sigue. Cristina, embarazada de tres meses, camina hacia donde está su papá, quien se ve de lejos por su polera amarilla fluorescente y quien ya ha avanzado harto cerro arriba.

/ Foto: Francisca Palma

Entre olor a perro muerto y basura sigue apareciendo ropa en el camino, como si brotaran las prendas de la tierra. Zapatos de tacón, trozos de ropas. Cristina recoge nuevamente un pantalón y se lo lleva a su padre. “No, no es. José andaba con un jeans con unas líneas claritas”, recuerda Juan mientras Jaqueline lo corrige: “no, no era un jeans, era un pantalón de tela. También andaba con unas zapatillas New Balance blancas, con mallita”.

Desde donde están los Vergara los demás paleros se ven como pequeños puntos, evidenciando algo que es tan claro como el agua: la inmensidad del lugar.

-Tan grande esta huea- comenta Cristina.

Los Vergara continúan subiendo mientras se escuchan ecos de gritos provenientes de la cárcel. “¿Viste cómo se ve Hospicio desde acá?”, les pregunta Juan a los demás, apuntando hacia el manto de casas que hoy es la comuna, la misma de donde eran y estudiaban las liceanas y mujeres desaparecidas en la década del ’90, las niñas de Hospicio.

“Anteriormente nos habían pasado casos similares entonces no podemos mantenernos en que esto vuelva ocurrir”, comenta al respecto el alcalde para quien el llamado es claro: “estas búsquedas tienen el sentido de apoyar pero también entregar el mensaje de que nunca más en Alto Hospicio ni en la región ni en el país se vuelvan a desarrollar hechos de esta naturaleza en donde se detiene una persona y no aparezca nunca más”.

Para Hugo Gutiérrez esta actividad  “va a contrapelo de lo que resolvió un tribunal que los funcionarios policiales habían secuestrado a José y lo habían entregado. Sabemos que eso es una mentira y no queremos ser partícipes de esa mentira. Porque si fuésemos partícipes de ese engaño diríamos, ‘bueno, hay que esperar en nuestras casas entonces a que José aparezca, que en algún momento golpee la puerta de la casa de su papá, de su hermana’. Pero cuando se organiza esta búsqueda ciudadana es decirle a la justicia que no le creemos”.

/ Foto: Francisca Palma

Porque la justicia les ha fallado a los Vergara. Luego de un primer juicio anulado por la Corte Suprema, una segunda instancia desarrollada en el Tribunal Oral en lo Penal de Iquique, esta vez con otros jueves, sentenció a cuatro años de presidio con beneficio de libertad vigilada a los ex carabineros que fueron declarados culpables del secuestro de José Vergara. En otras palabras: fueron liberados.

Luego de más de una hora de caminata y remoción de tierra los Vergara bajan del cerro y se reúnen con el grupo que también, cerca de las dos de la tarde, está regresando a los autos.

“Todo por culpa de este desierto”, le dice uno de los paleros a Juan quien le responde  que esto “es como buscar una aguja en un pajar, pero quizás en algunos años más alguien va a decir donde está, donde lo dejaron, algún familiar, alguna mujer”.

Así, la familia Vergara repetirá la búsqueda en otros tres puntos el sábado 20 de octubre, y luego el 3 y el 17 de noviembre, ocasión en la que volverán a recorrer la inmensidad de este desierto, ese mismo que vio lo que ocurrió esa mañana del 13 de septiembre del 2015. “Ojalá tengamos suerte y que la gente que quiera sumarse a las búsquedas, lo haga. Es importante porque es un ser humano que está desaparecido por carabineros”, concluye el padre de José.

/ Foto: Francisca Palma