Alejandro llegó con su familia de Santiago a Quintero hace 10 años. Su mamá puso un taller de costura en la calle Cabo Ortiz, y él la ayudaba en el trabajo. Allí conoció un día a don Octavio Mora, el “Filo”, pescador y ex militante del MIR. Según los padres y su polola, don Octavio fue el mentor de Alejandro. Se veían mucho en el taller de costura y conversaban y discutían de política.

Pronto, el “Filo” le recomendó lecturas a Alejandro, lecturas políticas. “Él tenia respuesta para todo, era muy vivo. Empezamos a hablar de política y me llamó la atención que tenía un concepto muy claro de clase, pero era más instintivo, tenía algo salvaje, intrínseco, que le salía de adentro. Entonces le propuse que leyéramos y estudiáramos juntos, porque él tenía muchas ganas de hacer cosas, pero como dice Lenin, ‘no existe práctica revolucionaria sin teoría revolucionaria’. En ese sentido lo fui guiando, entregándole elementos. Leímos primero el Manifiesto Comunista y después la obra de Lenin, sobre todo ‘El estado y la Revolución’ y el ‘¿Qué hacer?’. Una de las cosas que más le dolía al Ale era la división que sufre la izquierda. El sentía la necesidad de una unión fuerte para poder triunfar”.

Allí en el taller de costura se aparecía también Hugo Poblete, ahora presidente del Sindicato S-24. Hugo pasaba al taller a tirar la talla con Alejandro, y éste de a poco se empezó a interesar por la pesca y el mar. “El Alejo fue pescador porque quiso, porque se enamoró del oficio. Con él formamos el Sindicato S-24. Fuimos bien cercanos y afines desde que apareció en la pesca hace 4 años atrás. Nos hicimos partner inmediatamente porque teníamos más o menos la misma perspectiva de lo que es la Ley de Pesca. En el sindicato no queríamos reformar la ley, queríamos anularla. Para esto estuvimos mucho tiempo estudiando con Alejandro, siempre fuimos firmes en eso. Desde ahí nos emancipamos como sindicato, buscando un espacio físico donde poder desarrollarnos. Empezamos siendo 15, y ahora somos 70, agarramos mucha fuerza en 4 años. Defendemos férreamente la soberanía alimentaria. Nuestro único empleador es el mar, y necesitamos defenderlo y defender el medio ambiente. Nuestro sindicato tiene misión y visión. El Alejandro fue un pilar fundamental en esto, él era intelectual y pescador. Escribía poemas, leía mucho, con su muerte se nos va un amigo muy íntimo y un gran dirigente”.

Flaubert dice que las inteligencias que se emancipan son las más fuertes, las más férreas. Y Luis Emilio Recabarren decía que “la instrucción es el faro luminoso de la vida”. Todos recuerdan a Alejandro siempre con libros, siempre con ganas de aprender, de discutir y de hacer cosas para los demás. Polett Urrutia, su polola, cuenta que sus poetas favoritos eran Nicanor Parra y Pablo de Rokha. “A veces íbamos a almorzar y en una servilleta me escribía un poema y me lo regalaba. Era una persona súper culta, estudioso. Le gustaba mucho aprender. Si no sabía algo, lo iba a buscar hasta el final, era capaz de leerse libros de mil páginas con tal de aprender. De ahí sacaba todos sus pensamientos, agarraba de todo un poquito y así formaba sus ideales. Yo aprendí mucho con él, porque cuando lo conocí yo no sabía nada de política, y él me decía ‘tení que estudiar, toda lucha es política'”.

Primera resurrección: “Tienes toda la muerte por delante”

El pueblo de Quintero llega en masa a despedir a Alejandro. Llegan las delegaciones, los sindicatos y organizaciones de otras ciudades. Se pide la palabra y se dan discursos. Debe haber unas 700 personas.

Foto: Camilo Escobar

Un compañero canta “El martillo” de Víctor Jara, y un amigo del colegio de Alejandro toca en guitarra “El derecho de vivir en paz”. Pide la palabra su mamá, saca el libro “Poemas para combatir la calvicie”, y recita el “Epitafio”. “Lo importante es que sigamos adelante, es que no abandonemos el ideal. Tenemos que seguir avanzando, seguir generando que cada vez se nos unan más personas por la libertad. Porque ese era el deseo de Alejandro, la libertad, el amor, el amor a la humanidad”, dice. Uno de sus primos recita el poema “Anti-Lázaro” de Nicanor Parra.

“No resucites por ningún motivo
no tienes para qué ponerte nervioso
como dijo el poeta
tienes toda la muerte por delante”

Poesía y música se reúnen en el funeral de Alejandro Castro. Víctor Jara y Nicanor Parra, como si de la muerte brotaran palabras de amor y acordes de esperanza. Finalmente, para terminar el acto, se canta “La internacional”. Al terminar el funeral, la gente se dirige hacia Quintero marchando por la playa de Loncura, en silencio.

Segunda resurrección: “Voy y vuelvo”

El domingo llegaron a Quintero batucadas y delegaciones de otras ciudades del país que se organizan para luchar por una vida digna. Llegaron por la Avenida Normandie  y las calles se llenaron de gente, todos bailaban y gritaban consignas de lucha, y sonaba el nombre de Alejandro Castro en cada reivindicación. La gente del Cabildo y de las distintas organizaciones que luchan en Quintero estaban emocionadas hasta las lágrimas: carabineros no querían dejar pasar a las motos y a las batucadas, pero pasaron igual. Se abrazan y lloran de emoción, porque la lucha continúa, y con más fuerza.

Se forma una marcha que comienza a subir por 21 de Mayo, hacia la playa el Manzano. Allí las batucadas bajan a la playa, y la gente se queda en el monumento a los detenidos desaparecidos. Polett lleva una bandera con el rostro de Alejandro, y la lleva con fuerza y orgullo. Hay demasiada gente: los estudiantes con su lienzo, la gente del Cabildo, las integrantes de Mujeres en zona de sacrificio, pobladores de Lo Hermida, gente de Valparaíso y Santiago.

El sábado 6 y el domingo 7 de octubre fueron días históricos. Para los quinteranos, marcan un antes y un después en su lucha social, en su consciencia, en su necesidad de cohesionarse y unirse para vencer. Hugo Poblete recuerda al “Menche”, su amigo, quien siempre decía que “las personas pasan y las ideas quedan”.

Y Alejandro, para ellos, quedó vivo en sus acciones colectivas. Sembrado en el corazón y en las manos fértiles del pueblo quinterano que lucha.