Es ilegal desde 2016, pero esta tan enraizado en la cultura de Afganistán que se sigue llevando a cabo bajo la mirada de médicos, mujeres y hombres. Se trata del llamado test de la virginidad al que son sometidas miles de mujeres, en el que si sale negativo, son condenadas a prisión.

Ese es el caso de Bahara, una joven afgana de 18 años que escapó de su hogar para poder encontrarse con un hombre con el que mantenía una relación a distancia mediante mensajes, cartas y llamadas telefónicas, y al que nunca había visto en persona. Sin embargo, cuando finalmente ella lo conoció, él la violó y abandonó.

Esta es la historia que recoge el The Guardian y que abrió la puerta al calvario y vejaciones al que son expuestas por la moralidad y conservadurismo reinante en ese país, en diputa entre un estado fallido, el poder de ISIS, los enfrentamientos con los talibanes y la presencia de ejércitos de la OTAN.

Cuando Bahara, cuyo verdadero nombre no fue revelado para proteger su identidad en la cárcel, denunció la violación, en vez de prestarle ayuda o empezar las indagatorias para dar con el paradero del hombre, la obligaron a la fuerza a hacerse el test en un hospital y verificar si seguía siendo virgen.

Desde la prisión Mazar-i-Sharif en la provincia de Balkh, ella le relató al medio que “estaba menstruando ese día y les imploré que no me llevaran, pero no me escuchaban“.

“Pensé que los médicos al menos me llevarían a un lugar privado para hacer la prueba. Pero se hizo en una habitación llena de personas; doctores, enfermeras, visitantes y hasta otros pacientes que querían verme desnuda. En ese momento, hubiera preferido la muerte”, contó.

¿Y en qué consiste el test? Una enfermera la recostó a vista y paciencia de un grupo de hombres y usó sus dedos para corroborar que el himen, el tejido dentro de la vagina, siguiera intacto.

Al darse cuenta efectivamente no se encontraba, porque había sido abusada sexualmente, la comenzaron a culpar y terminó yendo a la cárcel por cometer “crímenes morales”.

Actualmente, muchas mujeres están recluidas en la misma prisión por haber “fallado” la prueba, que es una interpretación de la ley islámica, o sharia, que castiga desde que una mujer escape de su hogar y tener relaciones sexuales fuera del matrimonio o antes de contraerlo.

“No estoy segura de poder volver a la sociedad y vivir una vida normal. Mi estadía aquí ha dañado la reputación de mi familia, y realmente temo que mi padre me asesine cuando salga”, añadió Bahara.