Estrenada originalmente en 1937, “A Star is Born” es una de las películas que más veces han sido reimaginadas y vueltas a llevar a la gran pantalla en la historia del cine. Bradley Cooper debuta tras la cámara en esta cuarta versión de un clásico que ha navegado por distintas épocas en sus diferentes remakes, siempre utilizando el argumento central como base, pero readaptado a las épocas en la que fue filmada.

Así, Cooper interpreta a Jackson Maine, un exitoso músico country que pasa por uno de los peores momentos de su carrera, debido principalmente a su creciente adicción al alcohol y otras drogas. En una noche en un bar cualquiera conoce a la joven “Ally”, una cantante frustrada que debe dividir su vida en distintos trabajos para sobrevivir, mientras sigue con el sueño de explotar su talento y ser una cantautora profesional. Entre ambos surgirá un romance que tiene a la música como piedra angular y alterará sus realidades; mientras la carrera de Ally despega por fin, la de Jackson comienza lentamente a consumirse.

Resulta extraño pensar que estamos en presencia del debut como director y guionista de Bradley Cooper, debido al minucioso trabajo de dirección que se puede apreciar en “A star is born”. Varios detalles de este guión adaptado y el trabajo de la cámara conjugan una mirada de autor muy distinta a lo que Hollywood nos tiene acostumbrados en este tipo de historias. Existe una ausencia, un abandono del arquetipo del músico tradicional y su forma de lidiar con la fama. Cooper decide humanizar a estas “celebridades”, trayéndolos a la tierra del ser humano común. Por lo mismo, son personajes a los que podemos entender, cada uno con sus complejas emociones y contextos de vida.

Lo anterior está complementado con un trabajo actoral de alto nivel. Si bien Lady Gaga tuvo el reconocimiento de la crítica en el pasado con su rol en “American Horror Story”, en este filme se entrega por completo a un personaje que pudiera ser encasillado como “diseñado para ella”, pero que contempla muchas más complicaciones de lo que aparenta. Varias escenas le exigen la contención de emociones complejas, debido a las características de Ally, y es en ese detalle donde Gaga deslumbra, sin caer jamás en sobreactuaciones o clichés interpretativos. Similar es lo que ocurre con Bradley Cooper, quien entrega probablemente la mejor actuación de su carrera. El actor vuelve a un personaje melancólico y traumatizado luego de “American Sniper” (2015), aunque en esta ocasión existe un compromiso físico de Cooper mucho más evidente para con el rol. La forma en que decide tratar el tema del alcoholismo (como enfermedad), tanto en la dirección como en la interpretación, es de un realismo brutal, cuya intensidad es sencillamente desgarradora.

La música también es una gran punto a favor de “A star is born”, con composiciones originales de una calidad incuestionable. La cinta de manera inteligente nos presenta por goteo algunas de las piezas musicales que más adelante se transformarán en elementos narrativos fundamentales para la historia, lo que es poco común en este tipo de películas. Especialmente si consideramos la presencia y el tremendo talento vocal de Lady Gaga. En otras palabras, las escenas musicales complementan a la propia historia, en lugar de ser simples videoclips que forman parte de una película con una cantante famosa. También es importante recalcar que pocas veces se ha visto en pantalla una química musical tan enriquecedora en lo emocional como la de Cooper con Gaga. Varias de las secuencias de los conciertos en vivo están filmadas de forma tan realista, que ambos parecen una pareja de músicos que existe, de esas que uno puede ver en un festival de música moderno.

Y es que “A star is born” es una película que lucha desde sus primeras escenas por no caer ante uno de los más evidentes problemas de estos filmes: el estilo por sobre la sustancia. Muchas luces, voces bonitas y gente famosa viéndose bien en pantalla, mas poco y nada que contar. Por el contrario, Cooper actualiza la historia original utilizando algunos de los principales temas que enfrenta la industria musical de hoy: la explotación comercial a los artistas y la pérdida de sus identidades en pro del éxito. Afortunadamente, el discurso está en las imágenes, en los textos, en las miradas y en los sentimientos de los personajes, sin caer en discursos panfletarios.

En cuanto a fallas, existen algunos problemas narrativos en la progresión del romance entre Ally y Jackson, con algunos saltos de tiempo que no logran transmitirse de forma clara. Además, el personaje de Sam Elliot, que interpreta al hermano de Jackson, posee momentos de emoción extraordinarios, y por lo mismo resulta subutilizado su tiempo en pantalla. Existía un arco ahí entre los hermanos que pedía a gritos más minutos, pero que de todas formas no empaña el resultado de una obra que oscila prolijamente entre varias emociones complejas.

Bradley Cooper entrega un debut tras las cámaras notable y Lady Gaga entra por la puerta ancha al séptimo arte. ¿Temporada de premios? ¿Oscar 2019? Sin duda estamos ante una de las favoritas en algunas de las principales categorías. De momento es importante verla, ojalá en cines, pues es una de las imprescindibles de este 2018, no solo por sus potentes temáticas, sino porque constituye a una lección de vida que no deja indiferente a nadie. No por nada esta historia sigue volviendo a las salas con el paso de las décadas. Y dudosamente sea la última vez.


Comentarista de cine