El viernes 5 de octubre de 2018 murió Víctor en el sueño a los 103 años.  Fue ingeniero, empresario periodístico y consejero político del presidente Allende. Su vida fue valiente, generosa, productiva y comprometida con la lucha contra el fascismo, el fenómeno que concibe la realidad y actúa en ella negando al adversario su humanidad, en clave política, de orientación sexual, de origen, de clase social y de tanto otro factor no elegido, al que hoy cada vez más gente joven educada se opone. Su compromiso político tuvo dos fases. La primera comenzó en España, durante la Segunda República y, culminó en Francia, antes de cumplir 35 años, como parte del gobierno español en el exilio.

Dicha instancia acogió la ocurrencia de Rodrigo Soriano (antiguo embajador español en Santiago) de trasladar a Chile, desde un campo de concentración francés, a los refugiados republicanos ahí confinados. Esta iniciativa, cuyo mérito muchos atribuyen solo a Pablo Neruda, enriqueció la vida artística y productiva chilena. Entre las 2200 personas que llegaron estaban el tipógrafo Mauricio Amster, el historiador Leopoldo Castedo y los futuros pintores José Balmes y Roser Bru.

La segunda fase de su compromiso político tuvo lugar en Chile y fue en clave allendista. Conoció a Salvador Allende Gossens en Valparaíso en septiembre de 1939. Como joven ministro de salubridad del presidente Pedro Aguirre Cerda, Allende acudió al puerto para dar la bienvenida a los refugiados republicanos españoles que traía el vapor Winnipeg. Por tres décadas conversaron mientras jugaban al ajedrez y, como tantas otras personas razonables, bebían un whisky. Víctor fue una figura clave en diversos momentos de la historia chilena, de las que destacaré solo las siguientes tres escenas.

Su grupo variopinto de amigos incluía al olvidado “Burro Bellet”, alguna vez compañero en la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile de Arturo Alessandri Bessa, Clodomiro Almeyda Medina, Victoria Benado Rejovitzky, Alejandro Hales, Felipe Herrera Lane, Máximo Pacheco Gómez y Raquel Weitzman (más tarde primera mujer de Volodia Teitelboim). Junto con su amigo Jorge Bellet Bastías, impidieron en 1948 la captura de Pablo Neruda, quien a la sazón era perseguido por el presidente Gabriel González Videla. Neruda había perdido el fuero parlamentario a raíz de “Yo acuso”, su diatriba en el Senado contra el entonces Jefe del Estado. Cuando agradeció el Premio Nobel de Literatura, el poeta comenzó su discurso narrando su huida con ellos hasta cruzar por el sur a la Argentina. Primera cortina.

Víctor apoyó siempre las campañas de Allende. También cuando, aún sin el respaldo de la mayoría del Comité Central del Partido Socialista, aquel logró imponerse como candidato presidencial de la Unidad Popular para 1970-1976. Víctor compró Clarín. Firme junto al pueblo, entonces el diario de mayor circulación en el país, que fue un puntal del gobierno de Allende. Durante ese tiempo (cuando, según algunos, “no había libertad”) las radios de oposición llamaban al entonces Jefe del Estado “Salvador Isabelino del Sagrado Corazón de Jesús Allende Sufrans”, mofándose tanto de su condición de masón como de su apellido materno.

El apoyo de Clarín duró 1000 días, hasta su confiscación por la Junta de Gobierno que encabezó Pinochet. Entonces, Víctor partió al exilio por segunda vez, ahora en Venezuela, España y Estados Unidos. Segunda cortina.

Regresó a Chile en 1990. Hace veinte años este mes, leyendo El Mercurio, se enteró de que el entonces senador vitalicio y ya ex comandante en jefe del ejército se operaría de una hernia lumbar en The London Clinic. Víctor fotocopió el diario y lo llevó a una notaría que certificó que era una copia fiel del original. A continuación, envió dicho documento al abogado valenciano Joan Garcés, amigo y asesor español de Allende, a quien éste ordenó salir de La Moneda el 11 de septiembre de 1973.

Así se inició la cadena judicial cuyo siguiente paso fue la orden de captura internacional de Pinochet dictada por el entonces juez Baltasar Garzón y lo tuvo preso por 16 meses y medio a partir del 16 de octubre de 1998 cerca del castillo de Windsor. Pareció operar por última vez el principio legal que determinaba el monto de la jubilación que recibían los funcionarios públicos en el Chile Antiguo: Un mes por cada año de servicio. Porque la dictadura militar civil que encabezó Pinochet duró 16 años y medio. Solo entonces se rompió el cordón umbilical del Chile actual, sí, ese que comenzó a nacer el 5 de octubre de 1988. Tercera cortina.

El sábado 6 de octubre, en la ahora Casa Museo Quinta Michoacán, alguna vez residencia del matrimonio entre Delia del Carril y Pablo Neruda, fueron velados los restos de Víctor. Encabezaban la concurrencia sus hijas Coral y Natalie, sus nietos y sus bisnietos, más su sobrina Roxana Pey y su descendencia. Acudieron también Víctor Solar (otro sobreviviente del Winnipeg); Augusto Bellet Pacheco; la periodista y vicerrectora Faride Zerán y el rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi Véjar; el arquitecto Miguel Lawner y el economista Manuel Riesco Larraín, figuras históricas del Partido Comunista de Chile; y el escritor Jorge Montealegre. A sus casi 95 años también llegó a despedir sus restos el ex senador y ex secretario general del Partido Socialista Carlos Altamirano Orrego. Entre las muchas flores, estaban las enviadas por el Partido Comunista y el Frente Amplio. Cubría el ataúd una bandera española.

Víctor era de una sencillez y una caballerosidad apabullantes. Cuando me acerqué a felicitarlo en el Salón Domeyko, justo antes de que recibiera la medalla rectoral de la Universidad de Chile en el día que cumplió 100 años, se puso de pie con sorprendente agilidad para saludar. Cuando le dije mi nombre me replicó: “Tu padre, Cucho Orellana, me dio el primer trabajo que tuve en Chile”. Así era Pey. Lúcido, agradecido y generoso. Aún recordaba un favor hecho 76 años antes. Y lo reconoció por última vez contándome la historia. Adiós, Víctor.


Académico Universidad de Chile y Autor de Educar es gobernar. Orígenes, fulgor y fines del triestamentalismo (Orjikh 2016)