Con el aula Magna de la Universidad Austral llena a rebosar y ante una alta expectación del público, este jueves, en el marco del FICValdivia (competencia de la selección oficial de largometraje internacional), se estrenó  la película “Enigma”, del joven director chileno Ignacio Juricic.

Protagonizada por la actriz nacional Roxana Campos, explica la historia de la Nancy, una mujer de Recoleta de 54 años cuya hija, Sandra, fue asesinada a golpes por ser lesbiana. Tras ocho años, el crimen sigue impune. La mujer recibe la oferta de un programa de televisión sobre misterios sin resolver para participar en el capítulo que contrará la historia de su hija. Nancy enfrenta a su numerosa familia, los rumores y las distintas versiones que cada uno de los personajes tiene de los hechos.

El film, que se rodó durante un mes con un presupuesto de 300.000 dólares, se inspira en el caso de Mónica Briones, asesinada en 1984, un día después de su cumpleaños en pleno centro de Santiago. Juricic, quien se hizo con el premio Queer Palm al mejor corto LGTB en Cannes el 2015 por “Locas perdidas”, aborda nuevamente la cuestión de la violencia contra los homosexuales y le agrega ahora el morbo y el tratamiento con el que en las últimas décadas se han cubierto y recreado los crímenes en la televisión chilena.

Ente las peculiaridades de la película destacan el rodaje de un solo plano por cada escena, la ausencia de música y la develación de un universo genuinamente femenino, en su máxima esencia, representado por las distintas generaciones de mujeres de la familia de Nancy.

Desde Valdivia, El Desconcierto conversó con la actriz protagonista de la historia, Roxana Campos, el día siguiente del estreno de la película en el Festival.

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– ¿Por qué aceptó participar de esta película?

– Yo ya había hecho un corto con Ignacio Juricic, en 2015, que fue “Locas perdidas”. Entonces él era un estudiante que iba a hacer su corte de egreso y yo decidí apoyarlo. Primero porque iba a trabajar género y yo tengo muchos amigos gays que han muerto y que les han pasado cosas terribles y decidí apoyarlo en esa temática. Por otro lado, porque podría ser mi hijo o mi nieto y me parece maravilloso que los grandes, los abuelos, estemos a las espaldas de los jóvenes. Después del corto, él me volvió a llamar para que fuera la protagonista.

– ¿Cómo reaccionó usted?

– Le insistí mucho. Le dije: ‘Ignacio, ¿de verdad quieres que sea yo? Yo soy una actriz que está fuera de training, que no está trabajando en nada porque desde hace ocho años no he hecho nada más excepto estos dos trabajos con Ignacio. He dicho que no a muchos proyectos porque estoy en otra y no tengo tiempo. Pero me insistió, y me insistió. Me dijo: “Quiero que seas tú, no busco a nadie más, las fechas son estas, anótalo y guárdalo”. Me habló de Valdivia y de San Sebastián. Y aquí estoy.

– ¿Cómo se sintió trabajando con un equipo cinematográfico tan joven?

– Súper bien. Fue bello, precioso. Ellos me trataron muy bien. Yo podía ver su juventud, pero lo que más me gustó fue ver la armonía, la alegría, la vitalidad, la energía positiva con la que trabajaban. Eso me encantó. Porque, en mi otra vida -yo dejé de hacer teatro y televisión hace casi 10 años-, trabajo con gente que es muy arcoiris, muy alegre, todo positivo y todo meditativo. Entonces, de repente, encontrarme con estos niños ergesados de la Escuela de Cine súper serios, súper rigurosos, claros y concretos en su juventud y en lo que quieren. Y verlos así en esa alegría y esa buena onda, me encantó.

– ¿Cómo se preparó el personaje de Nancy?

– Vi todas las películas y programas que Ignacio me dijo que viera. Cosas de la Martel, la Argentina, porque ahí había que ver que la peli no iba a tener música y con eso pude entender lo que él buscaba. Vi muchos programas que hicieron con este tema, con el caso de la Mónica Briones, y varios de esos casos para entender a lo que iba a ir. Lo otro fue leer mucho y juntarme con la familia de la película -con Rodrigo Pérez, que es el padre, las hermanas o las hijas- muchas horas. Nos juntábamos para conversar de la vida, hablar, tomar te o almorzar. Estábamos horas hablando y eso ayudó mucho a toda la relación que se ve en la película.

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– ¿Cómo ha sido para usted desarrollar un papel protagónico por primera vez en un largometraje de cine?

– Sí, es mi primer protagónico. Yo confié en mí y en Ignacio. Tengo fe absoluta en él. Es muy claro en lo que quiere, a pesar de su juventud. Además, es muy estudioso y muy dedicado. Se pone en el tema y nadie lo saca. Todos los miedos que tenía en cuanto a mí de no aprenderme el texto después de la falta de trainning, quedé gratamente sorprendida porque los años me han dado mucha disciplina y concentración. La memoria está impecable.

– Como actriz, ¿usted se había planteado alguna vez la reflexión que presenta la película, sobre como las historias de dolor ajeno pueden ser utilizadas por el cine o la televisión?

– Es que hablamos de morbo, que en este país se usa mucho, se abusa incluso. Hoy día, veía en televisión que había una familia haciendo unos hoyos en el patio de un señor que asesinó a alguien. No sabía la noticia, pero es de una mujer que estaba embarazada. Cuando pasa un huracán van ahí, a buscar los muertos. Me encanta que la peli haga esa crítica porque estoy en absoluto desacuerdo con hacer eso. Es morbosidad, es aprovecharse del dolor ajeno -como dices tu-,  para vender o para tener rating. Y yo hago lo opuesto: trabajo para dar buenas noticias, estoy en el otro camino.

– Hay una escena muy potente al final de la película, quizás la más dramática y reveladora de todas, y que desnuda precisamente esa forma de hacer de los medios, y en este caso particular de la televisión. ¿Cómo trabajó esa escena?

– La trabajamos muchísimo porque era la que teníamos más miedo, pero a la vez fue la que más disfrutamos. La leíamos, la trabajamos y la verdad es que como habíamos trabajado mucho el personaje y rodado bastante la película, fluyó y salió solo. Salió lo que tenía que salir. Cuando uno está encarnando a alguien, aparece lo que tiene que aparecer. Y apareció. Fue natural.

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– La clase social es otro de los temas que aparece de forma permanente en la película. Presenta una familia de Recoleta, con cuatro hijas y de origen humilde. ¿Por qué se recurre tanto a historias de familias vulnerables para contarlas a través de la gran pantalla?

– Está bien que lo mostremos porque son la realidad nacional. En este país, ¿quiénes son los millonarios? Los otros son la pequeña elite de arte, o el 2% de los pacifistas, en el cual me incluyo. Pero a ellos, ¿quién los muestra? ¿Quién muestra sus realidades? En mi pueblo aparecieron dos casos de dos personas que se cambiaron el sexo. Cuando yo tenía 15 o 16 eso no se hablaba. Me parece fantástico que la película venga a mostrar eso. Y que se hable de todas las clases sociales y que no sea para la risa, como en las teleseries. Porque en las telenovelas siempre las clases medias y bajas son chistosas, son las cómicas. Aquí se muestra brutalmente la tristeza y la pobreza de ellos.

– Ustedes acaban de regresar de España, donde han estrenado la película en el Festival de Cine de San Sebastián. ¿Cómo ha recibido la crítica y el público la película?

– De momento, en general, buenísimo. Grandes aplausos y felicitaciones. Todos hablan de que hay mucho talento, de que la escena final es alucinante y consideran que mi trabajo es bueno. Yo creo que este [señala al director, Ignacio Juricic] va así [hace gestos de una avión con la mano]: directo hacia el cielo.

– ¿Qué recorrido le proyecta a la película, tanto en el Festival como fuera de él?

– Mi deseo es que estemos en todas partes, pero no sé. El cine chileno no lo ve mucho la gente. Sólo cuando son graciosas las pelis van a verlas.

– Después de eso, ¿se animará a seguir en el cine?

– La verdad es que Ignacio me acaba de hablar que quería hacer otro proyecto y yo le dije que sí.

Mira el tráiler de “Enigma” aquí: