En el país hay muchos niños jóvenes que viven en situaciones de vida escalofriantes, que se prolonga en el tiempo, como los años de vida en el encierro.

Este fin de semana los medios de comunicación dan cuenta de dos noticias en que se menciona dos situaciones en relación a jóvenes internos en la Red SENAME, los cuales se encuentran en proceso de judicialización y condenados.

Son jóvenes en su mayoría en situación de pobreza, abandono cuyas vidas pauperizadas se tornan complejas y violentas producto del flagelo sistemático de la violencia que circula y coapta sus vidas.

Una primera noticia nos habla de una hecho drástico y desesperado de un grupo de cuatro jóvenes de una residencia del SENAME en la comuna de Coronel, de la región del Bío Bío, los cuales ingirieron vidrio molido como medida de presión como relata uno de los funcionarios: “Rompieron un tubo fluorescente y se lo comieron. Sólo para presionar ya que querían hablar con el director y la jefatura técnica. Pero ninguno de ellos estaba. Hay tres que tienen 17 y uno ya es mayor de edad” Emol, 15/10/2018.Los jóvenes al estar en un encierro a la espera y muchas veces traumática de su situación judicial, los lleva a estados angustiosos y desesperados, que en esta ocasión fue expresada de manera radical.

La urgencia por atender la situación de niños y jóvenes en SENAME ya ha sido anunciada hace unos años al conocer diversas situaciones críticas al interior del organismo. Por consiguiente, es preciso preguntarse ¿será hoy razonable por tanto esperar la atención de una situación urgente? Los hechos conocidos de abandono de niños y jóvenes en nuestro país son de tal envergadura, que su atención debe ser inmediata e impostergable y por sobre todo bien tratada, porque en las clausuras, la vida excluida se hace anónima, sin individualidad. Es un aislamiento, que deja huellas y con ellas, nuevos estragos en la vida de quienes lo viven.

En otra vereda, pero no tan distante, una noticia de jóvenes en SENAME nos anuncia los sueños, anhelos, esperanzas y deseos en “Los Sueños del Castillo”, del director René Ballesteros, en su premio al Mejor Largometraje Chileno en la 25ª edición del Festival Internacional de Cine de Valdivia (FIC Valdivia). (El desconcierto.14/10/2018). La nota dice “La película transcurre en un centro de detención juvenil en medio del campo mapuche. Por las noches, y mientras esperan ser enjuiciados, los jóvenes detenidos sueñan pesadillas de forma recurrente”.  Como se expresa, el largometraje explora las relaciones de vida de jóvenes entre el territorio y sus sueños. Un film, bien galardonado, que da cuenta de un terrible pasado y un gris presente de jóvenes condenados.

Ambas noticias mezclan varias sensaciones, pero por sobre todo dan cuenta de una compleja realidad de niños y jóvenes que a temprana edad viven el encierro atormentados por su pasado, sus vidas muchas fracturadas desde su primera infancia.

Ante esta realidad nos queda como sociedad mucho por hacer: La privación de libertad de niños y jóvenes, hace tiempo figura en la agenda social, pero da la sensación que no ha sido bien tratada. Hoy en Chile un niño es encarcelado a los 14 años; los organismos estatales hacia la infancia y adolescencia deben ser garantes de prevención y no reactivos ante los problemas sociales como los bajos niveles educativos, el flagelo de las drogas, bajos vínculos afectivos, los abusos, los increíbles hacinamientos, entre otros. Si bien la edad de imputabilidad ha sido de amplio debate, la discusión para resolver estos frágiles entornos sociales en los que viven la mayoría de niños y jóvenes debe tener una amplia y sostenida relevancia con propuestas claras que permita dar luces para resolver estos complejos contextos de vida.

Esto es lo real y cotidiano de un presente periférico que ya no puede seguir desde ese lugar, sino que debemos centrarlo, para que de este modo, puedan confluir políticas, redes y un tejido de acciones como encadenamientos que vayan a minimizar los no deseados traumas futuros de nuestra infancia y juventud de hoy.


Académica Departamento de Educación, Universidad de Chile.