En medio de la polémica provocada por los dichos de la diputada Camila Flores que aseguró que la Brigada Ramona Parra asesinó personas durante la Unidad Popular, El Desconcierto decidió profundizar en la histórica brigada muralista y en la figura de Ramona Parra, la mujer que inspiró al colectivo artístico a llenar de colores y consignas los muros de Santiago y Chile en los últimos 50 años.

Ramona Parra Alarcón nació en Santiago el 28 de mayo de 1926. Hija de Manuel Parra y Aurelia Alarcón, tuvo dos hermanas, Flor y Olga. Su padre fue repartidor de pan y miembro activo del Partido Comunista, pero Ramona tenía una vocación por el hábito debido a sus estudios en el colegio de las Monjas Carmelitas.

Según su hermana Olga, las tres hermanas tenían un pensamiento anticomunista que se terminó al conocer la organización por dentro. “Ustedes no saben la sorpresa que nos llevamos las tres al conocer la organización por dentro. Era todo lo contrario a lo que nos habían inculcado las monjas. Se trataba de jóvenes sanos, que trabajaban con una gran mística por la justicia social”, señala el testimonio de la hermana en la revista “Ramona”, del año 1971.

El 25 de enero de 1944, con solo 16 años, Ramona ingresa a las Juventudes Comunistas organizando fiestas y rayados nocturnos. Fue una mujer que se destacó por su trabajo y su extraordinaria belleza. Era alta, delgada, de tez blanca, pelo castaño oscuro y grandes ojos verdes. Declarada amante del baile, particularmente la conga. Impetuosa y con un carácter alegre, tuvo voz propia para lucha por la justicia social mientras estudiaba cursos superiores de Contabilidad.

En el año 1945, ingresó a trabajar en los Laboratorios Recalcine, donde se impregnó del trabajo sindical y las luchas de las y los trabajadores del país. Según Estela Rosas, presidenta del sindicato de trabajadores de Recalcine, Ramona era una trabajadora muy querida por todos en el Laboratorio. “Era una muchacha tierna y hermosa, pero brava en la lucha contra el fascismo”, recuerda el dirigente del Comité Central del Partido Comunista, Sergio Riquelme.

El 28 de enero de 1946, la Confederación de Trabajadores de Chile (CTCH) hizo un llamado a manifestarse en la Plaza Bulnes de Santiago para mostrar apoyo a los derechos sindicales de los mineros de Humberstone, Mapocho, y otros centros mineros del norte, debido a las políticas que el presidente Alfredo Duhalde -sucesor del reciente fallecido Juan Antonio Ríos- implementaba contra los trabajadores. Entre estas, la de anular las personerías jurídicas de los sindicatos, el aumento injustificado de los precios en las pulperías y la derogación de otros importantes avances colectivos, como forma de reprimir la huelga y paralización que habían realizado algunos sindicatos de trabajadores mineros.

Ese día Ramona le dijo a su hermana que no asistiera a la concentración ya que “tenía una responsabilidad con su hijo y podría haber jaleo”. Su madre, como nunca, insistió en asistir a la concentración para ver a su Ramona en la marcha. Con un vestido verde y zapatos de taco bajo, Ramona llegó a Plaza Bulnes donde no pudo encontrarse con su madre.

Ramona, su familia y más de 20 mil personas se reunieron al frente de La Moneda para el acto en apoyo a los obreros del salitre. Sin embargo, según la dirigenta del Partido Comunista, Inés Figueroa, la multitudinaria marcha se transformó en un sanguinario tiroteo de Carabineros tras el ataque de un oficial uniformado en contra del parlamentario comunista, Andrés Escobar.

“Cuando la gente vio correr sangre por la ropa del compañero tuvo una reacción inmediata y empezó a enfrentarse con Carabineros con los listones, motes, con lo que llevaran en sus manos”, sostuvo Figueroa.

Después de 5 minutos de enfrentamiento, las fuerzas policiales abrieron fuego en contra de los manifestantes, quienes debieron agacharse y salvaguardar a los heridos. En esta parte hay una diferencia en las versiones de la hermana de Ramona y Figueroa, quien se encontraba con la joven comunista al momento del tiroteo. La dirigente comunista señala que Ramona, tan impetuosa como siempre, se levanta tras la ola de balas y empieza a gritar “asesinos… Tales por cuales… Nos matarán a nosotros, pero vendrán muchos detrás”.

En ese momento, una bala atraviesa el rostro de Ramona, quien cae herida gravemente y es trasladada por el mismo parlamentario a la Posta Central. Sin embargo, su esfuerzo fue inútil ya que la joven fallecería esa misma tarde producto del impacto de bala con solo 19 años de edad. Su hermana llegó más tarde a la casa donde ya estaba su madre, quien había escuchado por la radio el nombre de su hija entre los heridos. Minutos después llega un compañero del partido que les informa la muerte de Ramona. “Mi hija ha caído por una causa, que esa causa la recoja” señaló la madre de Ramona, Aurelia Alarcón.

La primera mártir de las Juventudes Comunistas fue velada en el local de la Confederación de Trabajadores de Chile y es recordada como un símbolo del pueblo chileno y de las luchas de las y los trabajadores del país. Entre otros homenajes, Pablo Neruda escribió un poema dedicado a la muchacha comunista.

“Ramona Parra, joven

estrella iluminada,

Ramona Parra, frágil heroína.

Ramona Parra, flor ensangrentada,

Amiga nuestra, corazón valiente,

Niña ejemplar, guerrillera dorada:

Juramos en tu tumba continuar la lucha

Para que así florezca tu sangre derramada”. (Fragmento Los llamo, Pablo Neruda)

En el año 1968, las brigadas de propaganda de las juventudes del Partido Comunista adoptan el nombre de Ramona en honor a la joven que con alegría y rebeldía entregó su compromiso en la lucha por un Chile más justo. 50 años después, su historia sigue siendo reflejo imborrable de la represión y tiranía del Estado contra quienes se alzan por sus derechos. A la vez, el ejemplo de la joven comunista vive en la lucha inagotable de artistas callejeros que llenan de consignas y colores todos los rincones del país en su nombre.

Mira acá la edición completa de “La Ramona”:

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