“Mamá se levanta todos los días queriendo huir del bebé y él llora más”, es la frase–sentencia que podría resumir la lectura de Mátate, amor, debut por partida doble de Ariana Harwicz y de Editorial Elefante. La novela corta llega desde Argentina, donde fue publicada el 2012 y este año tuvo a la autora entre las nominadas al Man Booker Prize en su versión en inglés.

Desde el presente, donde una de las consignas más bulladas en la lucha por el aborto libre fue “la maternidad será deseada o no será”, este texto se lee como el golpe que remata la idea de mujer sinónimo de madre abnegada, apareciendo como un oscurísimo lado B, que utiliza la ficción como clave para ahondar en emociones y lugares que suelen estar escondidos tras los mandatos sociales y la culpa impuesta o propia de no reconocerse como un regazo protector.

Este territorio no es desconocido para las letras. Lo transitó Lina Meruane en Contra los hijos, desmenuzando desde la teoría las cadenas que cimentan al servicio maternal. También lo narró Charlote Perkins en El tapiz amarillo, describiendo sin nombrarla los tormentos de una depresión posparto. En la novela de Ariana Harwicz la maternidad es una cárcel material –el bebé está ahí, dependiente en todo ámbito– y también mental, necesitando momentos que constituyan recuerdos que lo hagan sentir que “tuvo infancia”.

Esa cárcel es el espacio íntimo, que históricamente se ha constituido como hábitat natural de las mujeres. La historia la narra una voz aislada, pudriéndose junto a sus títulos universitarios en el descampado rural. No se encuentra sola: hay animales (y lloran, también exigen), vecinos, amantes, un marido y un hijo que están ahí, demandándole que cumpla su rol, nunca nombrados ni caracterizados. “Cualquier cosa forma una familia”, concluye la protagonista.

Lleno de frases cortas que dan ganas de subrayar y guardar en algún lado, el primer libro de Harwictz nace como un exorcismo tras su primer parto. Lo ha nombrado como un electroshock, una vía donde plasmar todas las emociones salvajes que inundaron su cuerpo luego de parir. Eso se nota en la construcción narrativa, una corriente de la consciencia con un ritmo que se asemeja a los espasmos de un cuerpo purgando, donde las ideas se amontonan con mucho más delirio que orden lógico, invitándonos a explorar a una protagonista en estado salvaje, entendiendo lo salvaje como lo que no fue alcanzado por los valores de una civilización que tiene como pilar la pureza y entrega total del amor de madre.

Más allá de la novedad y el impulso de la buena crítica que acompañan a esta autora hasta el momento inédita en Chile, Mátate, amor es un libro necesario, porque permite conectar con una vereda de la maternidad latente, poco explorada y alejada de la culpa. Harwicz empatiza con las madres drogadictas que todos olvidan cuando mueren y en ningún momento plantea la redención como una urgencia. Quizás ese es el punto más remecedor de la novela y que lleva a que en muchas entrevistas la autora deba enfrentarse a su propia maternidad y aclarar que más allá de la ficción ella escogió parir y que pese a todo ese universo –o precisamente quizás, gracias al haber tenido la oportunidad de construirlo– ella sí quiere a sus hijos.

Mátate, amor

Ariana Harwicz

Editorial Elefante

100 páginas

Precio de referencia $8.000