Roberto Bravo Santibáñez, 13 de octubre, 16:56 horas. Melipillanos y Valdivianos salían desde el camarín formados en columnas, al ritmo de la ansiedad que impone la caminata pausada hacia la ceremonia protocolar de apertura, siempre de espaldas a la galería. Los del Torreón subían a la cancha con el respaldo de sus ahorros, en un expectante cuarto lugar, pero con el triunfo extraviado hace tres fechas. El potro solitario, por su parte, aparecía con la ilusión viva de la liguilla de ascenso y mostrando la altanería de quién se sabe capaz de derrotar a cualquiera. A sólo 12 puntos por jugarse hasta el fin del torneo -incluyendo los aquí disputados-, para rojos y blancos era un partido definitorio.

El pitazo inicial del juez Claudio Aranda dio inicio a un encuentro tibio, en el que los técnicos, Héctor Adomaitis y el “Mortero” Aravena, dieron poco espacio al vértigo, al agrupar compactos a sus equipos, de manera que la distancia entre la última línea de cada equipo no era más de 50 metros. La salida de Melipilla se realizaba por altura, apostando a que Cantillana o Cabión ganaran el cabezazo, con destino preferido a Fernando Meneses para que distribuyera el juego hacia adelante. Deportes Valdivia apostaba a que sus tres delanteros, Ojeda, Pino y Donadell, junto con el talentoso volante creativo Andrés Souper (sub 20), quedaran mano a mano contra la línea de cuatro de los blancos. Ni lo uno, ni lo otro, produjo riesgos.

Melipilla se encargó de defender siempre con un hombre más que el ataque Valdiviano, y Meneses, como único agente creativo -se sintió la ausencia del suspendido Sandoval- no lograba entregar a Pinto y Guerreño, lejos del balón y del área rival, asfixiados por la línea de tres sureña. Es destacable cómo el mundialista Dagoberto Currimilla, en posición mixta entre la línea de volantes y la defensiva, anuló completamente al “Rayo” Fuenzalida, quién casi no participó del juego. En definitiva, unos primeros veinticinco minutos en que los arqueros bostezaron en medio de la refriega de la que eran espectadores.

En el 28’ los del río Calle-Calle encajaron una contra perfecta, urdida a través de un pase entre líneas que deja solo y frente al arco a Donadell, que remata un metro por sobre el horizontal. El delantero se llevó las manos a la cara roja de vergüenza, por varios segundos, en medio de un vendaval de puteadas que ilustraban sus escasos dotes técnicos. En el 32’, tras cartón, el primer centro que logra lanzar Fuenzalida es puñeteado por el portero Figueroa, cayendo el rebote a un Lauler lanzado al ataque, que incómodo remata por sobre el pórtico. La primera de riesgo real vino en el 38’, a cargo de un atrevido zurdazo de media distancia del defensa Wiemberg, que da bote antes de la volada providencial de Diego Fuentes, evitando un golazo. Sin ningún otro acontecimiento digno de ser relatado, concluyó así una pareja primera parte.

Los del Torreón ingresaron el segundo tiempo decididos a hacer valer su mejor posición en la tabla: en 5 minutos Pino probó a Fuentes y Donadell dispara desviado, haciendo ver mal a la escuadra del Maipo. No obstante, rápidamente el pleito volvió a su languidez anterior, jugándose lejos de las áreas. Por eso el tiro libre sancionado en el 54’, a 25 metros del arco, desde la izquierda, representaba una oportunidad de oro para el potro. Y vaya que se aprovechó: Meneses centró preciso a Lauler, quién conectó un testazo furibundo que convirtió la estirada del meta valdiviano en un ridículo reflejo tardío. El capitán celebró arrodillado en el corner, con los ojos apretados, llenos de lucha y al trotar de vuelta a su área, ofreció una mirada al borde del llanto, que también conmovió a la galería, de pie aplaudiéndolo. Un premio a la entrega del capitán, de los más queridos por la parcialidad local.

Tras la anotación Deportes Valdivia no ofreció reacción, permaneciendo ceñidos al pálido guion inicial, sumamente respetuosos de la ofensiva rival. Tanto así que Melipilla tuvo el segundo en el minuto 69’, nuevamente a través de pelota parada: córner de Meneses y el recién ingresado Pérez hace pasar un cabezazo rozando el palo derecho del portero Figueroa. Respiraba el “Mortero” en la banca, era el golpe de knock out para los suyos.

En el 82’, el ídolo potro, José Luis Cabión, recurre a una barrida impetuosa para salvar a su equipo de quedar mano a mano, en una jugada sin falta, pero en la que se escuchó nítido el escalofriante sonido del choque de su pierna contra la de Ojeda. El último quedó en el piso y pidió cambio de inmediato, en cambio Cabión, de carácter forjado en el dolor, rengueó unos minutos hasta que no resistió y lo tuvieron que sacar del campo. La galería temía lo peor, José Luis no deja la cancha de no ser algo grave. Fue retirado en camilla en dirección al Hospital, al frente del estadio, cubriéndose la cara por la preocupación, alentado por un “¡Olé, olé, olé, olé, Cabión, Cabión!

Ya pedíamos la hora y Valdivia no tenía por dónde, su actitud no estaba para ninguna hazaña. Pero Vásquez, el limitado lateral izquierdo Melipillano, golpea de manera infantil a Leal que se alejaba con el balón, de espaldas al arco, regalándole una oportunidad para rodar por el piso. El juez Claudio Aranda no duda y corre al punto penal. Currimilla manda a Fuentes al otro lado y a celebrar. Empate inmerecido en el 89’ y el sueño de la liguilla se esfumaba.

En los últimos 5 minutos el juez Aranda exacerbó el peculiar sentido de la justicia que impartió durante el encuentro, especialmente sensible a las vulneraciones sureñas, imponiendo una neutralidad mal asumida que limitó significativamente el tiempo efectivo de juego. Melipilla buscó con rabia el segundo tanto, pero no se pudo. Minuto 95’, pitazo final, choreadas varias entre rojos y blancos, que no pasaron de eso. Ya estaba, empate 1-1 en el Roberto Bravo Santibáñez que deja a Valdivia fuera de los puestos de ascenso directo y a Melipilla en octavo lugar, a 7 puntos del sexto, con 9 por jugarse, y con la liguilla de ascenso arrebatada. Se acaba el sueño de Adomaitis y su equipo, pero simultáneamente se cumple el objetivo: a tres fechas del término de torneo el descenso no es posibilidad. Campañón el del blondo DT, que tomó a un equipo agónico y constituyó uno competitivo en sólo un par de fechas.