Karen Harvey descubrió que era bisexual a los 9 años. Aunque todavía no conocía el concepto, en su interior tenía una certeza clara sobre su gusto por mujeres y hombres. Nunca hubo negación: solo la necesidad de mantenerlo en secreto, porque incluso siendo pequeña, una parte de sí sabía que estaba “mal”. El mundo ya se lo había mostrado.

—Tengo diarios de vida donde escribía sobre esto a los 12 años y no dejaba que mis amigas los leyeran. La primera vez que le conté a alguien fue a los 16 años, recuerda.

A los 31 años, su orientación sexual es conocida por sus hermanos, su pareja, compañeros de trabajo y amigos. Sin embargo, a sus padres ha preferido no contarles “porque nos ha costado tener una relación tan buena como tenemos ahora y no veo necesario que lo sepan, ya que llevo 6 años en una relación hétero”.

Karen cree que lo más difícil de ser bisexual es sentirse invisible: “Cuando estuve con mujeres me definían como lesbiana. Estando con hombres, pasaba por hétero. Yo nunca he dudado, pero el entorno tiende a etiquetarte según la persona con la que estás. Recuerdo que terminé una relación de dos años con una mujer y luego, al empezar con un hombre, me llegaron comentarios como ‘dejaste de ser lesbiana y ahora volviste a ser hétero’, como si mi sexualidad cambiara según mi pareja. No dejé ni empecé nada, siempre he sido bisexual“, afirma.

Hubo una época en que parecía que la bisexualidad estaba de moda. Pero la realidad se escondió, casi como una forma de protección, bajo el rótulo de “heterocuriosos”. Desde ese lugar todos y todas tenían permitido experimentar, sin renunciar nunca a la cómoda orientación heterosexual. Sin embargo, dicha definición sigue manteniendo a la bisexualidad en un campo invisible y ambiguo.

Foto de archivo: AgenciaUno.

Isidora López estaba en Primero Básico cuando comenzó a gustarle una compañera. A diferencia de Karen, siempre estuvo presente la negación: pensaba que “se le pasaría” en algún momento, intentaba ignorar a las niñas que le atraían: evitaba mirarlas y hablarles. Al llegar a cuarto medio comenzó a frustrarse porque la atracción se mantenía y empezó a sentir miedo de definirse como una persona “no heterosexual”.

Al entrar a la universidad supo que no podía seguir viviendo así de incómoda consigo misma: “Le conté a mis amigas más cercanas, con mucho miedo de perder a alguna o perder contacto con todas, luego se enteró mi papá, por error. Que mi papá se enterara era mi mayor miedo y, cuando ocurrió, realmente no me afectó que el resto de las personas supiera. Así fue como ‘salí del clóset'”, cuenta.

Lo más difícil de asumirse bisexual fue lidiar con el rechazo inicial de su padre y exponerse a un nivel de sexualización que nunca imaginó: “Tener que aguantar comentarios sexuales constantemente y las clásicas preguntas que casi siempre me hacen algunos hombres: ‘¿Te tincaría hacer un trío?’, ‘¿has pensado en hacer uno?’. Es realmente nefasto. Soy mujer y, en Chile, eso ya implica ser sexualizada, pero ser mujer bisexual es aún peor en ese sentido”.

Foto: La bandera del orgullo bisexual.

Tríos, promiscuidad, confusión: Mitos y leyendas sobre la bisexualidad

Al estar inmersos en una sociedad binaria y heteropatriarcal, la mayoría de los bisexuales deben lidiar con una serie de prejuicios y mitos al momento de asumir su orientación sexual. La discriminación ocurre incluso al interior de la comunidad LGBTIQ+, donde a veces son cuestionados por “no ser suficientemente gay”. 

“Te pueden recriminar el ‘privilegio’ de pasar por hétero, de poder vivir una vida normal, que por eso no entiendes los problemas de gays y lesbianas, pero creo que todos los que nos salimos de la norma podemos empatizar entre nosotros”, señala Karen.

Harvey no ha tenido la necesidad de salir del clóset ante sus padres porque se encuentra en una relación con un hombre. Sin embargo, sabe que “si tuviera polola y quisiera casarme con ella, tampoco podría, no tendría el derecho. Y no es que pudiera elegir no estar enamorada de ella ni querer casarme para escoger un hombre y vivir una vida fácil y ‘normal’. Ser bisexual es tener la posibilidad de vivir ambas realidades, pero nunca escogerlas por su nivel de dificultad y creo que ahí es donde pasamos a ser invisibles, por tener una opción”, argumenta.

Isidora piensa que uno de los prejuicios más recurrentes tienen que ver con una idea errada sobre la bisexualidad, donde el placer sexual es lo único que importa: “Creen que por ser bisexual necesariamente me llaman la atención los tríos sexuales, creen que soy más propensa a ser infiel, o que por ser bisexual soy necesariamente más promiscua. Otras personas creen que en realidad soy lesbiana, solo que no quiero asumirlo. Esto último es bastante molesto”.

En este escenario, explica que la invisibilidad que se vive es muy alta porque “a nuestra sociedad le encantan las cosas binarias. A la gente le gusta ver todo de manera muy simple; blanco o negro, hombre o mujer, heterosexual u homosexual. Y la mayoría de las personas no se plantean las posibilidades que hay entre los extremos normativos”.

“A nuestra sociedad le encantan las cosas binarias. A la gente le gusta ver todo de manera muy simple; blanco o negro, hombre o mujer, heterosexual u homosexual”. 

A sus 37 años, Johanna Gálvez, casada y ex profesora, detalla que siempre sintió atracción por ambos sexos y que durante un largo tiempo pensó que era normal. “A mi esposo le impacta cómo me cambia la cara si pasa una mujer linda por al lado, dice que miro igual que un hombre, pero a los hombres también los miro así. Lo descubrí desde siempre, pero lo asumí ya a los 18 en la universidad, donde pude experimentar más libertad”.

“Yo creo que todos sabemos desde siempre qué somos”, reflexiona. En el camino, casi siempre, se interpone el qué dirán. Su pareja supo que era bisexual apenas se conocieron y no hubo problemas, aunque antes varios hombres y mujeres a quienes pretendió la rechazaron al enterarse. Johanna ya decidió que sus dos hijos también lo sabrán cuando tengan una edad prudente.

Quienes más discriminan muchas veces están al interior de la comunidad. “Siempre los gays me decían que yo andaba puro hueveando o curioseando, así después opté por no andar demostrando nada, si es algo que está en mi corazón, no lo puedo olvidar. Me enamoro de una persona, no del envase”, precisa. Estar casada no interfiere en su orientación:

Elegí casarme con un hombre porque me enamoré de él, punto. Siempre se cree que es una fase o derechamente solo leseo y el querer hacerse el choro para figurar—, añade.

La historia fue similar para Daniela*. A los seis años tuvo su primera experiencia con la hija de su nana. “Nos dábamos besos, y lo que en ese momento era un ‘juego’, derechamente teníamos sexo. Nos tocábamos, hasta lograr, lo que en ese momento no sabía que eran orgasmos”.

Tras su experiencia de descubrimiento de la sexualidad en la infancia, Daniela comenzó a ver a sus compañeras de curso como atractivas: “Cuando jugaba con ellas intentaba tocarlas. Incluso a veces me masturbaba con la esquina de la mesa. Una vez una profesora me vio y llamó a mis padres. Fue en ese momento, cuando me castigaron y pegaron, que me di cuenta que lo que hacía estaba malo. Desde ese momento sentí vergüenza”, recuerda.

A pesar de todo, no podía evitar sentir una cosquilla en el estómago cuando pensaba en su mejor amiga y también en el compañero que siempre le tocaba el pelo. Hoy no es tema para su pareja y amigos, pero sus padres no saben: después del castigo, toda conversación que incluyera genitales quedó prohibida. Un día intentó contarle a su mamá y le preguntó qué pensaba de los bisexuales. La respuesta la dejó pasmada: “Son las palomas del sexo. Andan repartiendo enfermedades para todos lados”, le dijo ella.

“El prejuicio es lejos lo peor de ser bisexual. Todos te asocian a los estereotipos pornográficos, sin entender que en mi caso, existen sentimientos y emociones profundas por mis parejas”, recalca. Entre sus compañeros sentimentales, solo uno de ellos rechazó su orientación al enterarse e incluso llegó a golpearla.

Otro factor común en las experiencias de bisexuales es la soledad. El silencio como regla, la falta de empatía y comprensión que finalmente termina haciéndolos dudar, replanteándose lo que son una y otra vez: “A mí me costó mucho darme cuenta que lo mío no era malo. Que había gente igual que yo. Que podía amar, querer y tirar con cualquiera de los géneros”, resume Daniela.

Foto: Sinetiquetas.org

Animé y colegio de hombres: La experiencia masculina

Para los hombres, a cuyos testimonios es más difícil acceder, también existen una serie de prejuicios a la hora de asumir su bisexualidad, reforzados por la fuerte imposición de la masculinidad. Francisco* (23) cuenta que a los 13 años ya tenía claro que le gustaban hombres y mujeres por igual. Sin embargo, en la adolescencia, estudiar en un colegio de hombres lo obligó a ocultar y negar la situación.

“En mi colegio estuvieron a punto de expulsarme porque me pillaron con un compañero teniendo relaciones en los baños del colegio, y para evitarlo tuve que negar que era bisexual. Mis papás no saben de mi orientación, son extremadamente conservadores. Ahora soy abierto con mi sexualidad y no tengo rollos con ella”, detalla.

A juicio de Francisco, lo más difícil de ser bisexual es tener que aceptar que el vivir tu sexualidad libremente va a ser motivo de comentarios, burlas y prejuicios: “Que somos gays no asumidos, o que lo hacemos de promiscuos que somos. Yo creo que es mucho más difícil ser bi, ya que uno debe no solo convivir con la discriminación de tener relaciones homosexuales, sino también cuestionarse y reflexionar sobre nuevas formas de tener relaciones heterosexuales”.

Desde otra vereda, Joaquín* (29), cuenta que lo más complejo en su infancia fue entender que no todo es binario: “Me costó darme cuenta de que no tenía por qué ser una de esos dos opciones. Puede sonar banal, pero ayudaron algunas cosas de otras culturas como películas, música o el mismo animé”, dice. En las series japonesas hay personajes que coquetean o se sienten tímidos ante hombres y mujeres, aunque “sin estereotipos ni en tono de broma, nadie lo ve raro o mal”. Syaoran Li de la serie Sakura Card Captor es uno entre muchos otros ejemplos.

“Por lo mismo creo que nunca tuve un período de negación, pero sí uno de darme cuenta de ‘oh, ahora eso tiene sentido’, como el que me gustara un compañero de la básica. Y sobre todo ese período, en el que te crían súper hétero. Por ahora mi polola y algunos amigos saben, pero no todos. Mi familia ni cagando, son medio fachos y a estas alturas pa’ qué, jajaja. Si en algún futuro llego a tener pololo, lo presentaré, pero antes no tiene por qué ser tema”.

En este proceso de vivir su orientación sexual, las bromas y las preguntas incómodas se asoman ante cualquier sospecha. Muchos no lo entienden: “Tanto heteros como colas”, precisa.

Foto de archivo: AgenciaUno.

La confusión suele ser una explicación frecuente para no asumir lo evidente, una carnada para disimular aquello que rompe con la heteronorma: “Una de las más cosas más fuertes que he escuchado salió de la boca de una lesbiana: que no se metía con bisexuales porque eran asquerosas. ¿Por qué? Solo por sentir atracción hacia un hombre. Prejuicios hay en todos lados, el machismo no discrimina por orientación sexual”, reclama Joaquín.

Lo cierto es que no hay confusión y tampoco se trata de una etapa: “Es solo que no aparecemos en ningún lado”, añade, porque la mentalidad binaria de la sociedad los mantiene invisibles. Joaquín recuerda haber revisado  junto a su novia, también bisexual, las actividades de la Fundación Iguales por la Semana de la Visibilidad Lésbica y Bisexual. A su juicio, la mayoría de los eventos estaban dirigidos estrictamente al mundo lésbico.

Ojalá también tenerlas nosotros. Podría servir para aprender a valorarnos como colectivo quizá, porque no tenemos identidad, por triste que suene. Eso es lo que bajonea.

Los medios tampoco ayudan a abordar el tema sin prejuicios: suelen referirse a la bisexualidad como un momento en la vida de las personas, en lugar de abordarlo como una orientación sexual más. Un caso emblemático es el de la actriz Angelina Jolie, quien se declaró bisexual en su juventud y desde entonces, en diferentes momentos de su vida, esa postura ha sido relegada como parte de una época de “libertinaje sexual”en su historia.

Las ventajas de amar sin distinción de género

En sus relatos, mujeres y hombres bisexuales enumeran las ventajas de vivir libremente su orientación sexual: desde mayor libertad y autoconocimiento en el plano íntimo hasta un entorno social más abierto a la diversidad del placer y sus experiencias.

“Pasé mucho tiempo dudando si merecía un espacio dentro de la comunidad LGBTI, si tenía algo por lo que luchar y el conocer a distintas personas me ha ayudado a entender que mi experiencia es válida e importante”, reconoce Karen, aunque añade que “nunca pude caminar tranquila con una polola demostrando que éramos pareja, cosas simples como ir de la mano o darnos un beso en la calle”.

Para Isidora, lo mejor ha sido poder rodearse “de amigas y amigos muy abiertos de mente, gente avanzada con la que es un real agrado conversar sobre estos temas y otros, pudiendo generar un ambiente de aprendizaje mutuo”. A la vez, conocer a otras personas bisexuales con experiencias similares ayuda a brindarse apoyo mutuo “y consejos para afrontar las problemáticas de la vida que giran en torno al tema”.

Johanna Gálvez se ríe de las bromas de su esposo, quien le ha dicho varias veces que “a ti te sirven todas las micros”. Ella no se complica: “¿Qué puedo responder? Si es la pura verdad. Hay un abanico más amplio cuando se es soltera y un panorama más entrete para mirar”, reconoce.

Para Daniela, ser bisexual le ha permitido descubrir su propio cuerpo en totalidad: “Conocer mis tiempos, mis formas, mis gustos. Saber pedir y dar en la intimidad. Y no sentirme limitada ni avergonzada si me siento atraída por una persona de mi mismo sexo o del opuesto”.

Francisco tampoco duda al reconocer que lo mejor de romper con la heteronorma es la posibilidad de experimentar y vivir la sexualidad en plenitud. Por ejemplo, “al descubrirse uno mismo, y sentirte liberado con tu cuerpo. Quitarse los tabúes respecto al sexo anal y generar la confianza con tu pareja que tus actitudes en el sexo van a estar alejadas de las lógicas machistas”. Aunque también hay temores: “Tu pareja puede llegar a creer que en un momento te van a gustar más los hombres que las mujeres, o viceversa, y vas a sentir la necesidad de estar con alguien de ese género, creando incertidumbres. Es necesario ser responsable sexual y afectivamente”, apunta.

Citando a la canción “The Best of Both Worlds” de Hannah Montana, Joaquín recalca que ser bisexual le ha permitido algo que a otros podría costarles, dados los límites de lo normal en la estrecha categoría heterosexual. Hoy puede disfrutar “muchas cosas sin importarme a quien intenta ser ‘vendida’. Desde cosas que por prejuicios se relacionan al hombre-macho (el metal, por ejemplo), otras relacionadas a mujeres-femeninas (como cocinar) o a las minorías sexuales (RuPaul, Madonna). Vacilo todo y no me importa nada”.

Foto: Vicky Leta/ Mashable

Redes de apoyo y educación: la importancia de ser visibles

Mientras para Sigmund Freud la bisexualidad era una orientación innata en los seres humanos que generalmente se descarta en la vida adulta, Alfred C. Kinsey, pionero de la investigación de la sexualidad humana, reveló una serie de estudios a mediados del siglo XX en donde sostiene que existían al menos siete grados diferentes de comportamientos sexuales. Kinsey causó gran revuelo en la sociedad de la época al romper con la concepción dual de la sexualidad: su escala de medición fue el inicio de una serie de análisis que han ido afirmando que la heterosexualidad pura es minoritaria o casi inexistente.

Para Nicole Rojas, socióloga y miembro de la Agrupación Lésbica Rompiendo el Silencio, uno dato interesante de la investigación es que “cerca del 80% que se erotiza o siente deseos con respecto a relaciones bisexuales”. Pese a que en Chile no existen muchos estudios dedicados a conocer a la población bisexual, este año, la organización aplicó una encuesta a 450 mujeres lesbianas y bisexuales a lo largo del país, cuyos resultados serán conocidos durante los próximos meses.

Según Rojas, “no hay mucho material porque está sumamente invisibilizada la bisexualidad y hay un estigma del mundo lésbico y de la diversidad en general: se toma como si no fuera una orientación sexual, siendo que es una más dentro de la gama de diversidades”. La RAE, incluso, remite al sinónimo “hermafrodita” su primera definición de bisexual, algo que violenta a las comunidades.

En la encuesta de Rompiendo el Silencio participaron mujeres de todo el territorio nacional. Del total de la muestra, un 79% señaló ser lesbiana y un 20% se declaró bisexual. “Da la impresión de que las mujeres bi transitan entre el lesbianismo y la heterosexualidad cuando en realidad son bisexuales”, recuerda la socióloga. Es en este ámbito donde entra en juego la educación.

Todavía hay quienes me preguntan si por estar con un hombre siento la falta de una mujer, o piensan que la gente bisexual es más propensa a la infidelidad o incluso que estamos siempre dispuestos a participar de un trío. Falta información, interés y visibilización para contrarrestar los estereotipos y prejuicios, reclama Karen Harvey.

A su juicio, “la B de la sigla es silenciosa y mucha gente bisexual no se siente completamente representada ni aceptada, como me pasó a mí”. Lo mismo le ocurre a Isidora, quien considera necesario que la comunidad LGBTQI+ “cuente con una o varias personas que nos representen y lideren en pro de educar a la población y formar redes de apoyo”.

“La B de la sigla es silenciosa y mucha gente bisexual no se siente completamente representada ni aceptada, como me pasó a mí”. 

“Muchas personas pueden estar sufriendo hoy por miedo a reconocer su sexualidad, miedo al rechazo, o pueden estar sufriendo porque lo han pasado pésimo luego de asumirse bisexuales en esta sociedad, ya sea por problemas familiares u otros. Es sumamente importante que se proyecte una imagen de empoderamiento que nos brinde seguridad, confianza y apoyo“, recalca.

Daniela cree que “se necesita un montón de educación para instruir a las generaciones que vienen, a los padres y a todos sus entornos: no somos actores porno. No somos un capricho o una duda constante. Somos personas que disfrutan en libertad, que no nos limita el sexo ni la persona”.

Joaquín no espera nada de las grandes organizaciones de la diversidad sexual: “A ratos siento que ellos pelean sus batallas binarias ignorándonos totalmente”. Tampoco cree que el Estado cumpla su rol en materia de educación sexual y añade: “Estoy seguro que si llega a existir una dirigenta bisexual y la gente la ve con un hombre, un sector claramente diría que es hétero y está mintiendo para robar plata. Es más fácil intentar forzarnos a entrar en el pensamiento binario que simplemente aceptar y entender lo que somos”.

Al cierre, Francisco recuerda que es necesario que líderes y voces LGBTIQ “tengan una perspectiva amplia respecto a las distintas identidades y orientaciones sexuales que existen y no solo defender su propia identidad u orientación. La sexualidad es un derecho humano que debe estar garantizado para todas, todos y todes”.

*Algunos nombres de las personas entrevistadas en este artículo fueron cambiados para proteger su identidad.