El Palacio de Vistalegre de Madrid quedó chico el pasado 7 de octubre para acoger a los miles de asistentes al mitin del emergente partido de la ultraderecha española. Cerca de 10.000 simpatizantes llenaron el recinto para escuchar a los líderes de Vox, al que las encuestas entregan, por primera vez representación parlamentaria de uno o dos escaños de celebrarse ahora unas elecciones generales.

El partido ha crecido notablemente en el último tiempo, sobre todo gracias al discurso nacionalista español que ha reflotado la derecha del Partido Popular, Ciudadanos y el mismo Vox ante las aspiraciones independentistas en Cataluña. Eso, junto con el oxígeno que le ha dado el auge de la extrema derecha europea en países como Francia, Italia, Alemania o Hungría.

Entre las propuestas que defiende Vox está la supresión de las comunidades autónomas -división territorial recogida en la Constitución de 1978 que “reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones”-, la derogación de una ley contra la violencia de género, la defensa de la familia y la lucha contra el aborto, ilegalizar los partidos “separatistas” y endurecer la política contra la inmigración.

El partido nació en 2013 y se presentó públicamente el año siguiente, cuando también eclosionaron Ciudadanos y Podemos, en plena crisis del bipartidismo en España. Sin embargo, su repercusión mediática fue mucho menor. Su líder es Santiago Abscal (42), quien ostenta el cargo de presidente. Abascal, perteneció anteriormente al Partido Popular y ocupó un escaño en el Parlamento vasco. Desde que se afilió al PP a los 18 años, Abascal fue parte de distintos órganos regionales del partido y en el 2000 presidió las Nuevas Generaciones (juventudes) del Partido Popular del País Vasco. En 2005 fue secretario de Educación del PP en el País Vasco. Pero la supuesta tibieza de Mariano Rajoy lo alejó de los populares. A finales de 2013 abandonó el PP acusando a Rajoy y su cúpula de “secuestrar” al partido, “traicionar” sus “ideas y valores” y no actuar contra “la corrupción”. Entonces decidió impulsar su propio proyecto y meses después fundó Vox.

Para dedicarse en exclusiva a su partido, abandonó la presidencia de la Fundación para la Defensa de la Nación Española (Denaes), que presidió desde 2006 -cuando él mismo la fundó- hasta 2014. Mientras ocupó este cargo, el gobierno de la comunidad de Madrid le cedió de un piso propiedad de la Consejería de Economía de la región. La oficina que acabó siendo denunciada por los vecinos por el impago de las cuotas de mantenimiento.

Vox intentó un primer salto a través de las elecciones europeas de 2014, que revolucionaron el tablero político con el enorme éxito de Podemos y Ciudadanos, pero dejaron a Vox a afuera del hemiciclo. Abascal convirtió entonces Vox en un partido personalista y explotó su propia figura. En 2016 lanzó un spot en el que anunciaba “un nuevo comienzo” del partido. Ayudado por su actividad en redes sociales, que ha hecho viral sus posts en más de una ocasión, Vox tomó relevancia con el estallido del proceso independentista en Cataluña. El partido convirtió la lucha contra el nacionalismo en su eje principal y apoyándose en su acción en los tribunales, donde denunciaron el referéndum del 1 de Octubre y sus responsables, se hizo un espacio en los medios.

Sociólogo de formación licenciado por la Universidad de Deusto, Abascal tiene licencia de armas y va por la vida con una Smith & Wesson. Lo hacía antes cuando la amenaza era ETA y lo hace hoy en día para cualquier peligro que “amenace a sus hijos”, según explicó en el 2017 al digital ‘El Español’.

Independentistas, mujeres e inmigrantes

Además de los independentistas, en su punto de mira tiene a los inmigrantes. Su última propuesta pasa por publicar los “datos sobre nacionalidad y origen” en las “estadísticas de delitos”, lo que le permitiría vincular inmigración y delincuencia. También plantea la “eliminación del acceso gratuito a la sanidad para inmigrantes ilegales y copago para todos los residentes legales que no tengan un mínimo de 10 años de permanencia en nuestro suelo”.

Su partido también aboga por derogar la ley de violencia de género “y toda norma que discrimine a un sexo de otro”. En su lugar, plantea “promulgar una ley de violencia intrafamiliar que proteja por igual a ancianos, hombres, mujeres y niños”. Además, no tiene ni un escrúpulo a la hora de reclamar la “supresión de organismos feministas radicales subvencionados”, así como “la persecución efectiva de denuncias falsas”.

En cambio, entre sus principales banderas y causas a defender, Vox prioriza a toreros y cazadores. Para los primeros pide “impulsar una ley de protección de la tauromaquia, como parte del patrimonio cultural español”, mientras que en memoria de los segundos reclama proteger la caza “como actividad necesaria y tradicional del mundo rural”.

Hoy, mientras España vive en plena tensión electoral por la amenaza constante de elecciones anticipadas, Vox se ha convertido en la competencia de la derecha y la amenaza de la izquierda. En la misma entrevista señaló: “No me acompleja ya ninguno de los insultos que me puedan lanzar: ni fascista, ni ultraderechista, ni homófobo, ni machista, ni racista, ni xenófobo”.