El aumento de los conflictos entre pescadores artesanales y la población de lobos marinos comunes (Otaria flavescens) son parte de la realidad dominante en nuestro maritorio, donde las flotas pesqueras, comunidades costeras y especies silvestres se disputan los cada vez mas escasos peces de un mar chileno fraudulentamente privatizado.

Actualmente, el 60% de las pesquerías comerciales se encuentran agotadas y sobreexplotadas, mientras las actividades de pesca ilegal triplican el volúmen de las capturas oficiales. Este escenario evidencia el fracaso de la institucionalidad y las administraciones pesqueras de los gobiernos de turno, como de la ley 20.657 “Angelini- Longueira” de privatización pesquera, la que entregó de manera gratuita y a perpetuidad la propiedad del patrimonio pesquero de la Nación a siete clanes familiares y compañías transnacionales, excluyendo de los derechos de acceso y uso de las pesquerías a los pueblos indígenas y los pescadores artesanales que no eran propietarios de sus embarcaciones (armador).

Por ello, resulta sospechoso que en los momentos que el gobierno y la oposición intentan consolidar en el Parlamento derechos de propiedad pesquera mal habidos generados por la ley “Angelini-Longueira”, el Subsecretario de Pesca, Pablo Riquelme, junto a las patronales pesqueras y algunos dirigentes de la pesca artesanal, inicien una ofensiva mediática culpando a los lobos marinos comunes de ser una “plaga” que depreda las pesquerías chilenas, genera pobreza en las comunidades costeras, y constituye una amenaza para el desarrollo regional y la economía exportadora del país.

Lobos marinos y la amenaza del cierre de los mercados a las exportaciones pesqueras

La populista estrategia gubernamental busca desviar la atención pública y de los consumidores internacionales sobre las verdaderas causas de la destrucción ambiental, sanitaria y social, vinculadas a las producciones y exportaciones pesqueras. Mientras, se intenta ganar tiempo para obtener una certificación del gobierno norteamericano el 2021, la cual acreditaría que las capturas pesqueras y producciones salmoneras de Chile no afectan a los mamíferos marinos (lobos marinos, focas, marsopas, ballenas y delfines), y se realizan en concordancia con la legislación interna de los Estados Unidos.

Es por ello que la lógica del Estado chileno de dar una “solución final” a éste crónico conflicto de carácter estructural, mediante la entrega de cuotas de matanza regionales de lobos marinos, es hoy disfuncional a sus intereses exportadores bajo las actuales políticas proteccionistas del gobierno de Donald Trump.

El gobierno de Estados Unidos, a través de su Departamento de Comercio, le ha señalado a los países pesqueros exportadores, que de comprobarse actividades que dañen a las poblaciones de mamíferos marinos utilizará el Marine Mammal Protection Act (2016) para sancionarlos con el cierre del mercado norteamericano para aquellas exportaciones involucradas.

Como antecedente previo, cabe citar las acciones efectuadas por las organizaciones ciudadanas escocesas GAAIA y Save Our Seals Fund, quienes solicitaron al Ministerio de Comercio de Estados Unidos que aplicara su legislación vigente para prohibir la importación de salmón escocés cultivado. Esto, debido a las mortalidades producidas entre el 2011-2012 por las compañías salmoneras Marine Harvest, Leroy & Salmar, Grieg Seafood y Scottish Salmon Company, entre otras.

Con anterioridad, la Unión Europea durante el 2009 adoptó medidas de mercado en respuesta a las matanzas de focas efectuadas por Canadá. En el caso de Chile, habría que sumar los potenciales impactos sobre la viabilidad de los procesos de certificación para el mercado europeo de las pesquerías de merluza de origen artesanal proveniente de la región de Los Lagos, las que operan bajo los estándares del Marine Stewardship Council (MSC).

Los verdaderos predadores de la pesca artesanal y la biodiversidad marina

Los conflictos entre las flotas pesqueras y lobos marinos comunes son tan sólo un síntoma y no la enfermedad, ya que la causas de fondo radican en la insustentable política estractivista-exportadora; la destructiva expansión de la salmonicultura industrial; la corrupción política-empresarial asociada a la Ley de Pesca y Acuicultura (casos Corpesca, Sonapesca, Asipes y Fipes), la anti-democrática institucionalidad y la pro-empresarial administración pesquera gubernamental.

A su vez, lo que amenaza a la precarizada pesca artesanal son la escasez de peces, la inequitativa distribución de las cuotas de pesca, la concentración económica, la pesca de arrastre y las “perforaciones” de las flotas industriales en las áreas costeras, la pesca ilegal, y la ocupación de los territorios costeros por proyectos mineros, forestales, inmobiliarios, de energía y de acuicultura industrial.

Los pescadores artesanales y los lobos marinos comunes son los actores “disfuncionales” del actual modelo extractivista-exportador, el que los despoja de sus peces / presas, y los va arrinconando en cada vez mas reducidas zonas costeras. En la actualidad, es común ver a ejemplares de lobos marinos comunes deambulando en busca de comida por las playas, caletas, mercados locales, e incluso las carreteras costeras de Valdivia, Talcahuano, San Antonio, Valparaíso, Coquimbo, Antofagasta e Iquique.

La silenciosa eliminación de los lobos marinos comunes en las aguas chilenas

Otaria flavescens constituye desde hace miles de años una especie clave en la estructura y funcionamiento de los ecosistemas y las cadenas tróficas de los océanos Pacífico y Atlántico sudamericanos. Este mamífero marino presenta una gran plasticidad conductual, así como una extraordinaria capacidad de adaptación y de aprendizaje grupal ante situaciones inéditas. Todo ello, lo convierte en una “piedra en el zapato” para el actual modelo pesquero extractivista y salmonero-exportador, así como un formidable adversario para los gobiernos de turno que intentan eliminarlos de los ecosistemas marinos.

En la actualidad, los lobos marinos comunes se encuentra parcialmente protegidos mediante una veda extractiva que rige para el territorio nacional hasta el 2021. A pesar de ello, existe una cifra negra de ejemplares que son eliminados anualmente, sin que exista registro en la estadística gubernamental, como en publicaciones científicas..

Entre las principales causas de mortalidad de origen antrópico de Otaria flavescens se encuentran las matanzas ilegales efectuadas por individuos especializados (“baleros”), contratados por los centros de cultivo de salmónidos; la destrucción de sus zonas de reproducción y crianza; la caza de ejemplares en las loberías para emplearlos como carnada en las pesquerías de crustáceos, y obtener grasa y órganos reproductivos (“trimming”) para exportarlos al mercado asiático; las interacciones con las flotas industriales y artesanales donde son eliminados mediante disparos y explosivos; muertes por afixia debido a enmallamientos en redes de pesca y mallas loberas de las balsas salmoneras, y las capturas y tráfico ilegal de ejemplares juveniles para zoos, acuarios y circos internacionales.

Demagogia y bio-populismo pesquero

El Subsecretario de Pesca, los empresarios y dirigentes pesqueros repiten como un mantra una serie de falsedades basadas en la ignorancia. Entre ellas destaca el que los lobos marinos constituirían una supuesta “plaga” que estaría asolando las reservas pesqueras chilenas. En este sentido, el Subsecretario de Pesca afirmó que “en Chile existen unos 200 mil lobos marinos, que no tienen un depredador natural (sic), y que están afectando decididamente las labores de la pesca artesanal e industrial, fundamentalmente por los ataques a los recursos capturados”.

En diversas publicaciones, la autoridad y dirigentes entregan dispares estimaciones sobre la población de éstos mamíferos marinos en aguas chilenas, las que varían entre los 175.000, 200.000 a 500.000, los que “se habría expandido en un 70% en las últimas dos décadas” .

Para alguien mínimamente informado, las poblaciones de lobos marinos comunes poseen predadores tan efectivos como orcas y tiburones. A su vez, Otaria flavescens es una especie altamente sensible a los catastróficos impactos derivados de El Niño-Oscilación Sur, la disminución de sus presas, la competencia con las actividades extractivistas y acuícolas, y los efectos de enfermedades bacterianas, parasitarias y virales.

Lo real es que el Estado chileno desconoce el tamaño poblacional de Otaria flavescens en sus aguas territoriales, debido a que los censos realizados son discontinuos, efectuados en diversas épocas del año y regiones, empleando metodologías no estandarizadas, por lo tanto, no comparables. Además, no existe un plan nacional de investigación, monitoreo y conservación de Otaria flavescens. Sólo proyectos esporádicos y coyunturales, con diversas metodologías y distintos propósitos, que no permiten realizar modelos de manejo predictivos y participativos.

Los dirigentes de la pesca artesanal denuncian ataques de lobos marinos “cebados” (¿nueva categoría de manejo?), los que se alimentan de sus capturas, destruyen redes, jaulas, e incluso, hunden embarcaciones (sic), mientras los denominados “ejemplares dañinos”, amenazarían la vida de pescadores y turistas.

Debemos recordar que anteriores Subsecretarios de Pesca también culparon a una supuesta “plaga” de jibias (Dosidicus gigas), como la responsable del colapso de las pesquerías de jurel (Trachurus murphyi) y de merluza común (Merluccuis gayi).

Es llamativo que el Subsecretario de Pesca no manifieste igual urgencia frente a la destructiva plaga de miles de salmones Atlántico (Salmo salar) que escapan anualmente y desvastan las poblaciones de peces nativos y endémicos en las principales regiones pesqueras artesanal del sur de Chile.

Irónicamente, éstos millones de peces carnívoros introducidos en aguas chilenas se encuentran protegidos por la ley “Angelini-Longueira” de pesca, por lo que no está permitido su eliminación. Tampoco el Estado y universidades se han interesado en calcular los costos económicos, ambientales y sociales que generan los salmones químicos industriales sobre la pesca artesanal y los ecosistemas marinos y lacustres nacionales.

Código de Buenas Prácticas para la Pesca Artesanal: Una tomada de pelo

El Subsecretario de Pesca ha creado una comisión “express”, constituída por representantes de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, del Servicio Nacional de Pesca, del Instituto de Fomento Pesquero, y de la Armada de Chile, a través de la Directemar, la cual deberá “formular propuestas concretas” que contribuyan a la “mitigación de los ataques del lobo a la actividad acuícola-pesquera, sin perjudicar la posición de Chile, de cara a la certificación que nos permita seguir exportando a Estados Unidos”,

Este utilitario anuncio aparece vinculada a la marketinera creación de un “Código de buenas prácticas para la pesca artesanal”, cuyo objetivo  sería “desterrar costumbres inadecuadas que agudizan el problema, como aquella de limpiar los pescados a bordo de los botes y arrojar al mar las vísceras” (sic).  Como la guinda de la torta, el Subsecretario Riquelme invitó a los pescadores a un concurso de “propuestas novedosas”, donde Sernapesca le entregará premios monetarios a los ganadores.

Esta propuesta es sorprendente, ya que durante el primer gobierno de Piñera, se entregó el 2011 un Código de buenas prácticas para la mitigación de la interacción entre lobos marinos y la industria salmonera, elaborado con financiamiento público por la misma Universidad detrás de la actual propuesta.

El vincular la mitigación de un complejo problema político, ambiental, social y cultural  de larga data a la no eliminación de vísceras de merluza desde los botes pesqueros artesanales, no resiste análisis alguno. El presidente de la caleta Anahuac de la región de Los Lagos, y presidente de la Asociación Gremial de Pescadores Artesanales Demersales, Juan García, cuestionó la propuesta gubernamental, señalando que ésta práctica ha sido erradicada del sector desde hace varios años.

El cuento del lobo

El “Programa de manejo de lobos marinos comunes”, anunciado como la solución para mitigar el conflicto pesca artesanal-lobos marinos comunes el 2018, es tan sólo la versión “light”de la fracasada propuesta 2011 efectuada durante del primer gobierno de Sebastían Piñera, por su Ministro de Economía, Pablo Longueira, la que contemplaba la entrega de cuotas regionales de matanza de Otaria flavescens. Sin embargo esta bizarra iniciativa debió ser anulada a los pocos meses, cuando más de 100.000 ciudadanos organizados y consumidores internacionales, apoyaron la exitosa campaña “SOS Lobos Marinos Chile” en contra de la matanza de mamíferos mar en aguas chilenas, impulsada por el Centro Ecoceanos.

Desde el 2003 se han venido elaborando fallidos planes de control de las interferencias entre lobos marinos y pescadores, tales como los proyectos del Fondo de Investigación Pesquera FIP 2003-32, el FIP 2006-34, el Informe técnico N° 108 / 2010, y el Plan de manejo poblacional del lobo marino común en las costas de Chile del 2011.

La disuasión de los lobos marinos como un negocio con dineros públicos

El Subsecretario de Pesca y Acuicultura anunció la entrega express de $ 500 millones de pesos para “enfrentar los perjuicios del lobo marino”. Al igual que entre el 2006- 2011, este aviso está atrayendo una serie de antiguas y “novedosas propuestas” elaboradas por empresas, consultoras, académicos y dirigentes pesqueros.

Entre ellas destacan los activos lobbies para que el Estado: a) Invierta en tecnología para las embarcaciones pesqueras de la región de Los Lagos, iniciativa que ya había sido implementada entre el 2011 y 2013; b) Utilización de costosas tecnologías de disuasión y hostigamiento a lobos marinos, mediante el empleo de ultrasonido submarino. Esto ocurre a pesar que entre el 2008-2009 se realizaron fallidas experiencias con el apoyo de la Corfo, y desde 1980 diversas publicaciones internacionales señalan la ineficacia de estos sistemas de sonidos, los que colateralmente afectan a las poblaciones de grandes y pequeños cetáceos; c) Aplicación de anticonceptivos para el control de la natalidad en lobos marinos (sic), y el empleo de carnadas sintéticas junto a cambios en las estrategias de pesca, tales como la pesca cooperativa y variación en la permanencia de las artes de pesca en el agua.

Estas propuestas se unen a una larga lista de iniciativas anteriores, tales como el empleo de figuras de orcas de fibra de vidrio para ahuyentar visualmente a los lobos marinos: la creación de un registro de pescadores artesanales con permisos especiales para utilizar armas de caza mayor contra los lobos marinos; la percusión de explosivos bajo el agua (tralkan).

Dado lo frívolo de la propuesta de la Subpesca, cabe exigir al Parlamento una profunda  investigación, a la vez de conocer los montos de dinero proveniente de los contribuyentes chilenos que han sido utilizados entre el 2003 y 2018 por la vía de los Fondo de Investigación Pesquera (FIP), Innova Corfo e Innova Bio-Bio, para elaborar, justificar e implementar ineficientes y populistas planes y proyectos asociados a las interacciones entre las flotas pesqueras, la industria salmonera y los lobos marinos comunes.


Médico Veterinario. Director Ejecutivo Centro Ecocéanos