Desde el año 2016 numerosas feministas hemos articulado la consigna NIUNAMENOS para denunciar la indiferencia del Estado y sus instituciones frente a la violencia femicida y patriarcal en la que vivimos día a día las mujeres.

Hoy, una vez más, nos hemos congregado en este lugar para manifestarnos frente al Estado y a este gobierno que levanta políticas públicas ineficientes y a espaldas de las mujeres, de las feministas y de sus organizaciones. Denunciamos el uso mediático que hacen del dolor de las familias de las víctimas de agresores y, al mismo tiempo, su actuar frente a las demandas que por años el movimiento feminista chileno ha levantado y que este gobierno y los anteriores no han escuchado.

Acusamos al gobierno, que invisibiliza las demandas de los movimientos feministas y sus diversidades, que omite el femicidio de su agenda y que no considera a las mujeres como sujetas de derechos, no reconociendo la autonomía de nuestras propias cuerpas y negándonos el derecho a decidir. Acusamos al gobierno que encubre y legitima el machismo y la violencia que ejerce sobre nosotras.

Denunciamos a la institución judicial, que sigue relativizando y no ha tenido la capacidad para abordar de manera seria el tema de violencia contra mujeres, niñas y trans.

Acusamos a jueces y fiscales por no dirigir eficazmente las investigaciones sobre femicidio, ni ejercer la acción penal pública para proteger a las mujeres víctimas de violencia. Su mal actuar muchas veces obstaculiza los procesos, muchos de los cuales terminan sin culpables. Familiares de víctimas de femicidio claman por justicia y denuncian los nefastos procedimientos que impiden el esclarecimiento de los hechos y legitiman la impunidad de los agresores.

Condenamos el actuar de Carabineros, quienes desestiman las denuncias de las mujeres violentadas, en particular de mujeres sin recursos, estudiantes, migrantes o indígenas. Y, más aún, no garantizan que se cumplan las medidas de protección a las víctimas, ¿DÓNDE ESTABAN, CUANDO LAS MATABAN?

Condenamos el actuar de la PDI, por su falta de celeridad en las investigaciones.

Denunciamos a la llamada clase política en su conjunto, que no ha tenido la voluntad política real para llegar a acuerdos y que siguen sin legislar por una ley integral contra la violencia hacia niñas, mujeres, y trans.

Acusamos a políticas y políticos que aún creen que tienen la potestad para decidir por nosotras. Exigimos nuestro derecho a decidir en nuestras cuerpas, por un aborto legal, libre, seguro y gratuito para todas.

Exigimos que la Institución Educativa, en su conjunto, se haga cargo de las demandas feministas que este año hemos denunciado las feministas. Sus naturalizadas y permanentes prácticas discriminatorias, donde el acoso y el abuso de poder han sustentado una educación sexista y arbitraria. Una vez más, abrazamos y compartimos la lucha de las estudiantes en universidades y liceos, una lucha que interpela a la cultura educativa en todas sus formas de convivencia, formación y trato.

Denunciamos la violencia implícita en el proyecto “Aula Segura”. Exigimos educación feminista y no sexista. Demandamos la transformación total de la maquinaria heterosexual transversal a toda la institucionalidad escolar y también una revisión profunda al ADN masculino de la educación en Chile, expresada en la imposición de la masculinidad y feminidad hegemónica, cuya función es gestar y reproducir la violencia machista en todas sus dimensiones.

Denunciamos a la institución religiosa y sus prácticas de represión y control de nuestras cuerpas. Exigimos que se juzgue el actuar lascivo, acosador y violador de sacerdotes que hasta hoy sigue impunes.

Denunciamos, de igual manera, a las autoridades religiosas y laicos que fueron cómplices de los abusos ocurridos, haciendo oídos sordos a las denuncias, minimizándolas y/o subestimando los testimonios de las víctimas.

Condenamos a las grandes empresas y sus prácticas capitalistas que se traducen en desigualdad, inestabilidad laboral y explotación de los recursos naturales; que fuerzan a mujeres y hombres a trabajar en espacios precarizados, en turnos extenuantes, y sin garantías de seguridad y descanso, transformando espacios de vida en zonas de sacrificio como Quintero y Puchuncaví.

Denunciamos la precarización, la división sexual y la desvalorización social del trabajo reproductivo y doméstico. Atribuimos al sistema capitalista el empobrecimiento material de las mujeres, pues empeora sus condiciones de vida y vulnera sus derechos fundamentales.

Emplazamos a los medios de comunicación que cosifican a las mujeres, mostrándolas como objetos de deseo, y cuyos parámetros de valoración son la belleza y la sexualidad. A los programas de televisión, que farandulizan la violencia y realizan análisis poco rigurosos de las temáticas relacionadas con ésta, que dan tribuna a personas cuyas reflexiones o intervenciones están basadas en opiniones y creencias discriminatorias y misóginas, careciendo del rigor y el respeto necesarios. Culpamos a los medios escritos, que todavía justifican los femicidios por los celos, la locura o el amor.

Finalmente, denunciamos al machista que acosa en la calle, en el carrete, en la micro, por las redes sociales, en el trabajo y en la casa. Funamos el actuar de todos quienes se mofan y minimizan nuestras luchas, acusándonos de locas o exageradas. Sus burlas e indiferencia los hace cómplices de la violencia que vivimos a diario las mujeres.

Condenamos a los asesinos, violadores y acosadores que siguen impunes y a la justicia machista que lo permite. A todos ellos y a todas las instituciones que el patriarcado ha levantado para someternos, abusarnos, desvalorizarnos y asesinarnos les decimos que seguiremos en la calle, gritando y denunciando porque: NIUNAMENOS, ¡VIVAS NOS QUEREMOS!