Avenida Colón Sur (s/n), Estadio Municipal de San Bernardo, 20 de octubre.  La antepenúltima fecha de la segunda rueda de la Primera B, puso al frente a Magallanes y a Melipilla, separados por sólo dos puntos en la tabla, pero a una distancia astronómica en sus aspiraciones. “La Academia”, fuera de la liguilla y casi salvada del descenso, no incluyó en la convocatoria a sus estrellas Mark González y “El Loco” Abreu; en las antípodas del hambriento plantel de Adomaitis, aferrado a la posibilidad matemática del torneo de ascenso. Con la mirada atenta de los 591 espectadores controlados -yo no vi más de 400- y al son de la histórica bandita de Magallanes, se iniciaron las acciones.

El partido empezó con Melipilla ordenándose según el 4-4-2 habitual, un equipo estelar a excepción de la baja del lesionado José Luis Cabión -según me comentó en el entretiempo, tiene para 4 o 5 semanas, lo que lo deja fuera de la fase regular-, y con Pinto y Guerreño como referencias en ataque. Magallanes dispuso un 4-2-1-3, un espejismo ofensivo que no se tradujo en presión de ningún tipo, quedando los delanteros perdidos, con bajo aporte en ataque y poco solidarios en la recuperación de la pelota.

El equipo potro imprimía más ímpetu y controlaba la posesión del balón, pero tampoco lograba verticalizar y jugaba lejos del área rival. Recién en el 28’, por primera vez Guerreño y Pinto se juntan mediante una pared, quedan hombre a hombre, y el paragua opta por la personal, rematando debilucho al primer palo del arquero. En el 36’ colabora la misma pareja: pase entre líneas de Guerreño a Pinto, quién tira al arco y recibe el rebote, administrando la espera de manera magistral, hasta que la sirve atrás a Sandoval, que rompe líneas y patea desde el borde del área, con fortuna, pues el rebote en un zaguero descoloca al portero Aránguiz. Séptimo gol del talentoso volante en el torneo -el segundo goleador del equipo, a un gol de Pinto-, consolidando su condición de imprescindible. Tras el gol, Magallanes continúo dormido y del local sólo se puede destacar el concierto ininterrumpido de la bandita, que a punta de clásicos de año nuevo, animaba el cansino partido.

Segundo tiempo. Fernando Meneses tiene 33 años, usa la 11 y juega de volante mixto por la derecha, sobre la línea. De escasa vocación defensiva, ofrece regate y hace jugar a los compañeros que lo rodean. Golpea el balón con clase, sus movimientos hacen intuir un pasado glorioso, de gambetas televisadas y sueños que no se parecían en nada a un partido como el que nos convoca. Su contextura gruesa no es impedimento para picar al espacio, si Sandoval levanta la cabeza vale la pena echar a andar las piernas. En el 53’ es Guerreño quién tras un notable control con el muslo, se la cede de espaldas al arco, para un remate bombeado que estremece el horizontal, mientras él ya se lanzaba a la celebración con la inercia del recorrido anterior. Y en el 56’ le cree a un pase elevado de Cantillana y se lanza a la disputa hombro con hombro con el zaguero, ganando la posición en el borde del área y, sin controlar, espera hasta el momento límite en que la pelota se va a escapar de su dominio, para meter el empeine y sacar un calculado globito que reluce su exactitud al burlar la ágil estirada del arquero Aránguiz. Un golazo de otro partido, de otra división, de uno a quién le bastan destellos del jugador que imaginó ser para marcar diferencias en la desgastada Primera B.

A esta altura los jugadores de Magallanes se movían por moverse, pidiendo la hora con 35 minutos restantes. En el 60’ Guerreño gira más rápido que su marca, que queda mirando el número 9 de su espalda, enfila directo al arco y termina la jugada con un potente zurdazo que da en el horizontal. Sería la última del paraguayo, reemplazado injustamente por el brasileño Dos Santos, en un cambio que no premió una de las mejores actuaciones del delantero en Deportes Melipilla. Su salida terminó por hacer más lacio un encuentro vacío de competencia, en que Pinto quedó aún más sólo que antes. Es necesario apuntar el bajo nivel del “Rayo” Fuenzalida, quién no ha logrado entenderse con el delantero sub 20 por la izquierda, desplegando un nivel significativamente inferior al mostrado en la primera rueda del campeonato.

La última jugada cercana al arco, por parte de La Academia, fue un suave cabezazo de Gonzalo Sosa, que cayó manso a las manos del portero Fuentes, en el minuto 29. No alcanzó ni para asustarse. Un acuerdo con el árbitro para terminar hubiese sido una alternativa honesta, pero en cambio transcurrieron somníferos 15 minutos en que la barra Melipillana cantó, a capela, versos clásicos de la infancia como: “Qué bonita vecindad, es la vecindad del chavo”, o “¿Quién le robó el sombrero al profesor?”, en medio del jolgorio por el triunfo por obtenerse y con indiferencia hacia lo ocurrido en la cancha. La bandita de Magallanes no se quedaba atrás y pasaba las penas a punta de cumbia. Minuto 47, suena el pitazo final y la última tonada antes de apagarse el sonido de las trompetas es “Un año más”, quizá como una alusión inconsciente a su casi segura permanencia en la categoría, pese a la derrota.

Tres puntos de oro para el potro, que le permiten aferrarse a la posibilidad matemática de la liguilla de ascenso -si Santiago Morning gana uno de sus dos partidos restantes, Melipilla queda fuera– y que a Magallanes lo deja aún con una mínima posibilidad de descender. La fecha siguiente, el Potro enfrenta “de local”, en el Bicentenario de La Florida, -Estadio Seguro obligó a jugar fuera de casa- a un encumbrado Coquimbo, que quiere coronarse campeón en Santiago. Un partido de alto vuelo, competitivo y televisado, de esos que hacen sentir a placer a los jugadores del Maipo.