Esta es la segunda parte de una serie de columnas que busca explicar el fenómeno del nuevo fascismo chileno. Para ver la primera parte, haz click acá.

En nuestro país al igual que en Europa y otras regiones del mundo también surgieron grupos fascistas durante los años 30.  En el marco de la crisis política, económica y social que se vivía en Chile, Jorge González von Marees, ex alcalde de la comuna de Ñuñoa, fundó el 5 de abril de 1932 –fecha difícilmente escogida al azar ya que se conmemoraba el aniversario de la Batalla de Maipú- el Movimiento Nacional Socialista de Chile (MNS), que levantó una plataforma nacionalista, antiliberal y anticomunista, con una visión tradicionalista respecto a la familia y la mujer, una crítica profunda hacia la inmigración y un “innovador” -en la política nacional- antisemitismo.

Su carácter de clase estuvo desde un principio ligado a las capas medias –profesionales liberales, funcionarios del Estado, pequeños comerciantes-, siendo descrita en su primera publicación, la “Página Nacional Socialista”, como “un movimiento nacional, no un partido político”, teniendo carácter de “movimiento popular” en el que podrían participar “todas las fuerzas creadoras de la nación: el industrial y el obrero, el profesional y el empleado”. En términos “valóricos” el MNS se asumía como una “fuerza moral” llamada a rehabilitar “los valores espirituales hoy adormecidos” dando a Chile “un nuevo ritmo de trabajo, de orden y de justicia social”.

Esta declaración de principios original fue modificándose con el paso del tiempo, incorporando entre 1935 y 1937 un giro anti-oligárquico en el que se acusó a ese sector social específico –y a los partidos de la derecha que los representaban en ese momento- de entregar las riquezas del país al capital extranjero, en un guiño que buscó robar votantes a la izquierda. Su antisemitismo, algo “novedoso” en el contexto político chileno, se expresó públicamente en su periódico “Trabajo”, donde se acusaba al judaísmo de estar detrás tanto del comunismo como del capitalismo. Al correr de los años los judíos se volvieron el blanco de grandes críticas como elementos ajenos a la “chilenidad”, y en 1937 el partido denunció la existencia de una inmigración creciente que les habría permitido ocupar posiciones preponderantes de manera coordinada, operación en la que acusan “se organizan para encarecer los artículos de consumo, desplazando así al elemento nacional”.

A lo largo de sus intensos años de existencia el partido logró consolidar una presencia que le permitió obtener 14 regidores y tres diputados: Jorge González von Marées, Fernando Guarello Fitz-Henry, y Gustavo Vargas, mantener una emisora (Radio Difusora), el periódico Trabajo y la revista doctrinal “Acción Chilena”, estableciendo entre sus estructuras la Juventud Nacional Socialista y el Grupo Nacista Universitario, además de las milicias “Tropas Nacistas de Asalto”, reunidas al grito de “¡Chilenos, a la acción!” y que se enfrentaron violentamente con socialistas, comunistas y anarquistas en peleas que muchas veces terminaron en la muerte de integrantes de uno u otro bando.

A pesar de sus relativos éxitos, la organización entró en 1938 en una crisis terminal tras una serie de giros políticos que lo llevaron en distintos momentos a marcar diferencias con el NSDAP, y en particular debido al fracaso del Golpe de Estado del 5 de septiembre que derivó en el asesinato de 59 de sus militantes en la conocida como “Masacre del Seguro Obrero”, luego de lo cual su líder resolvió apoyar en las elecciones al candidato del Frente Popular. Ese mismo año González von Marées renegó formalmente del fascismo europeo, catalogando el  ideal del partido como “criollo, popular y democrático, anti-oligárquico y anti-imperialista”.

Cientos de militantes abandonaron la organización, que al poco tiempo adoptó el nombre de “Vanguardia Popular Socialista”, en un giro que sería base para una corriente nacionalista de izquierda que se expresaría entre otros espacios, en la Acción Popular Independiente, o en el rol del ministro de salud de la UP Óscar Jiménez Pinochet, antiguo militante nacista en los años 30. La VPS asumía en una declaración doctrinaria emanada de su segundo congreso realizado entre el 14 y el 17 de enero de 1939 que reconocía “la lucha de clases como hecho actual indiscutible, y en ella se coloca decididamente del lado de las clases explotadas (…). La VPS… aboga por un plan de solidaridad de todas las fuerzas políticas auténticamente democráticas de América Latina, a fin de cooperar moralmente al derrocamiento de las tiranías que imperan en algunos de los países hermanos, y que las clases trabajadoras de esos países puedan establecer en ellos gobiernos que representen el genuino sentir popular”.

Los sectores disidentes de esta nueva orientación constituyeron el Partido Nacional Fascista (PNF), que durante su corta existencia -no sobrevivió a los años de la Segunda Guerra Mundial- también reivindicó una posición antiliberal y anticomunista, con un antisemitismo intenso por momentos motivado en parte por su cercanía con la embajada del III Reich en el país, rasgo que lo diferenció del MNS que apostó muchas veces a marcar diferencias con el nazismo germano, llegando a enfrentarse a la comunidad alemana en el país.

A diferencia de su antecesor, recibió un importante apoyo del Partido Conservador a través de su periódico “El Diario Ilustrado”, que le dio amplia cobertura a sus declaraciones y actividades, así como a su manifiesto político, donde declararon su “fe profunda en los destinos de Chile”, la “grandeza” de su “alma nacional”, y estableció las coordenadas del enfrentamiento político entre la patria y la antipatria. Este apoyo buscó posicionar  a la nueva la organización en las semanas previas a las elecciones presidenciales de octubre de 1938, buscando evitar que los seguidores del MNS respaldaran finalmente a Pedro Aguirre Cerda. En términos programáticos además de un nacionalismo extremo y el anticomunismo afirmaron que la mujer debía ser “devuelta a su santuario, el hogar”, y que se la educara desde la infancia “para su más noble y sublime destino: la maternidad”, descansando el futuro Estado fascista en la familia, donde el matrimonio sería “uno e indisoluble”.

En su periódico, denominado “La Patria”, editorializaron en su primer número que el partido nacía en un momento de crisis nacional donde “en una hora de profunda confusión y de manifiesta cobardía moral en la casi totalidad de los hombres y de las instituciones” asumían el papel de ser “un vocero de la chilenidad”. En su búsqueda de la “defensa integral de la vida chilena” identificaron al judaísmo como un ente “nefasto para la sociedad, y especialmente para pueblos jóvenes, desprevenidos, generosos y cordiales como el nuestro”, porque “el comunismo es una doctrina utópica, desordenada, subversiva, criminal y tiránica” y porque “la masonería, sociedad secreta y tenebrosa, mina las bases que sirven de fundamento a la civilización cristiana” (24 de junio de 1939).

Al igual que Trabajo antes, La Patria denuncia que la entrada de judíos a Chile era tan masiva que se convertiría en “una verdadera segunda Tierra Prometida para los señores de Israel”, y que ello respondería a que el gobierno del Frente Popular le entrega mejor tratamiento a los inmigrantes judíos y a los refugiados republicanos españoles que a los chilenos, personificados en ese momento en los damnificados del terremoto de Chillán en 1939.

El PNF se disolvió en junio de 1940 luego de una importante presión por parte de un amplio arco de fuerzas antifascistas, y del mismo gobierno del Frente Popular, tras ser incapaz de reeditar los resultados electorales del antiguo MNS. De los restos del PNF, de la VPS y del Movimiento Nacionalista se conformaría luego el pequeño y efímero partido “Unión Nacionalista” dirigido por Juan Gómez Millas, que integraría en sus filas además a ibañistas y militares retirados. Tras su disolución, sus integrantes se esparcirían entre la Democracia Cristiana y la izquierda, incluyendo integrantes del Partido Socialista, del Partido Radical, e incluso del maoísta Partido Comunista Revolucionario.

Patria y Libertad: la araña fascista como movimiento de masas

Nacido en abril de 1971, tuvo su principal antecedente en el Movimiento Cívico Patria y Libertad que reunió a alessandristas independientes durante la campaña presidencial de 1970. Su composición, al igual que en el caso del MNS y del PNF, residió en las capas medias, criticando abiertamente la democracia liberal y el modelo de democracia existente en el país en esos años, siendo el anticomunismo el eje central de su discurso. Como organización aspiraron a constituir un “Estado Nacionalista Chileno, inspirado en el trabajo, en el deber, en la disciplina y en la justicia social”, con claras coincidencias con las organizaciones mencionadas previamente, y con los objetivos planteados en la actualidad por los “Social Patriotas” y Acción Identitaria (AI).

“Se trata de construir un nuevo Estado, un nuevo gobierno; un nuevo sentido de la nacionalidad, arraigado en la responsabilidad y en el deber, más que en la disciplina y en la exigencia mendicante, una nueva empresa y por sobre todo, un nuevo sistema político, una nueva democracia de trabajadores en donde no tengan cabida las maniobras y los conciliábulos, y en que todos los chilenos tengan una participación y una influencia real”, remarcaba el manifiesto del Frente Nacionalista Patria y Libertad (FNPL). Al igual que el MNS en su momento, también se desmarcaron del fascismo europeo e intentaron presentarse como un fenómeno eminentemente local: “El nacionalismo es una respuesta chilena a los problemas chilenos”. (…) “Pretender copiar en Chile experiencias extranjeras es contradecir la raíz misma de nuestra filosofía política”. Tal como antes, se mantuvo la identificación del “otro” en el extranjero, esta vez representado no por el judaísmo sino por el marxismo, que “pretende implantar un Estado Revolucionario al servicio de una ideología extranjera y una misión esencial: destruir a la burguesía, el derecho de propiedad y uniformar material y mentalmente a los chilenos. Se trata de un Estado marxista modelado por los teóricos del comunismo internacional”.

En contraposición, el FNPL afirma el Estado Integrador “que promueve un reencuentro fraternal de los sectores sociales, políticos y económicos y que inspire metas comunes que conquistar. El Estado debe trascender las clases sociales, las diferencias ideológicas y los intereses circunstanciales, debe ser un factor de unificación y cohesión nacional”.  Si bien fueron un actor fundamental en la lucha contra el gobierno de la Unidad Popular, el Frente Nacionalista Patria y Libertad no sobrevivió al Golpe de Estado, disolviéndose como grupo para posteriormente ver cómo se imponían las tesis de los sectores neoliberales en el modelamiento del nuevo Chile construido por los militares entre 1973 y 1990.

Hay que destacar que el FNPL no fue el único grupo de extrema derecha surgido durante la época de la Unidad Popular. Si ellos representaban una visión tradicionalmente fascista, el nacionalismo radical estaba expresado (con sus propias tensiones y contradicciones) por espacios como la revista “Tacna” y el pequeño grupo “Ofensiva Nacionalista de Liberación”, el periódico “Presencia” u “Presencia de Octubre”, mientras que la violencia conservadora autoritaria –de raigambre terrateniente- se movía a partir del “Comando Rolando Matus”, ligado al Partido Nacional y que desarrolló acciones armadas en contra de campesinos y mapuche para detener la reforma agraria.