Los días de primavera y el anuncio de la “Ley Arbolito” –el proyecto del ministerio de Agricultura para regular la tala y poda de árboles en zonas urbanas– han puesto nuevamente a los plátanos orientales en la mira, que cada año hacen sufrir en esta fecha a quienes sufren de alergia.

La especie no es originaria de la zona, sin embargo, se encuentra presente en la capital del país –y especialmente en Santiago y Providencia– desde comienzos del siglo XX.

El responsable de su llegada fue el paisajista francés George Dubois –contactado por el intendente de aquella época, Enrique Cousiño– quien diseñó el Parque Forestal y ordenó la compra de 300 ejemplares desde su país para plantarlos a un costado del río Mapocho. Dubois incluyó una alameda de ellos que va desde Plaza Italia hasta el Museo de Bellas Artes, con el propósito de diseñar un pulmón verde que le diera vida y frescura a la ciudad, como los de Londres y el sur de Francia.

Sin embargo, su plantación se extendió y la plantación de la especie proliferó “de forma indiscriminada”, según señaló el ingeniero forestal y experto en arboricultura urbana, Santiago Del Pozo, a La Segunda.

“Se identifica más específicamente en las comunas de Santiago y Providencia, donde está sobre representado. Todas las avenidas, parques y calles lo tienen. Y hay algunas vías angostas donde no se justifican”.

Ello se explica por algunas de las cualidades de esta especie –conocida como Platanus Hispánica, y que en realidad es un híbrido de la variedad europea Platanus Orientalis y la norteamericana Platanus Occidentalis–, como que puede llegar a los 25 metros de alto y alcanzar su estado adulto en 10 años porque crece un metro al año. Además, resiste todo tipo de ambientes y tiene una copa ancha que entrega mucha sombra para los días de verano.

En contraste, las especies endémicas como el quillay, maitén, roble, raulí, peumo y patagua, demoran entre 15 y 20 años en alcanzar su tamaño adulto, que es de cerca de 20 metros.

Sin embargo, entre sus desventajas, el plátano oriental requiere de más agua que el promedio para vivir, y en invierno pierde todas sus hojas, por lo que no funciona como descontaminante.

Además, según explicó Del Pozo, esta especie “proviene de Turquía y desde allí fue llevado a toda Roma, donde se popularizó” y ya “desde esa época se sabe que produce alergia, y lo que ha ocurrido es que ha sido introducido en ciudades con contaminación”.