– A 40 años del golpe, ¿qué evaluación haces de los derechos humanos?

– Esta vez, a diferencia de otras anteriores, yo veo más justicia. Es justicia decirlo, que ha habido ministros de justicia muy buenos, y el trabajo de tantos hombres y mujeres que fueron siempre detrás de la verdad y es un honor tener ese tipo de abogados en Chile. Hubo ministros muy buenos, que se metieron en el problema, llegaron a escandalizarse cuando se enteraron de los crímenes y de cómo se liquidaba a la gente y eso es un gran avance.

Pero si no se ha visto más de lo que desearíamos, yo encuentro que es porque el enemigo siempre tiene que hacer lo que tiene que hacer, porque para eso está formado. Pero nosotros, los de acá, también tuvimos la culpa. En primer lugar, cuando llega la democracia. La Iglesia Católica dijo “la Vicaría de la Solidaridad llega hasta aquí no más”. Entonces el mensaje era que ahora le toca a los partidos políticos emprender la defensa de los derechos humanos en cuanto a saber la verdad, la justicia y todo lo que eso conlleva. Pero los partidos políticos no hicieron eso, a tal punto que quienes estuvieron dentro de la Vicaría de la Solidaridad, y fuera de ella, creo que pensaron que no fue una medida buena el haberla disuelto tan pronto.

– En este caminar que tu has hecho por la verdad y la justicia, en la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD), por ejemplo, la organización básicamente está compuesta por mujeres. ¿Qué te ha parecido esta lucha donde tú también estás inserta? 

– Yo estuve hasta el 2003 en la agrupación, después no estuve de acuerdo con algunas cosas que no me gustaron. Pero la labor de las mujeres fue magistral, tan así que logramos ir abriendo conciencia en el país. Y con nuestra lucha llevamos esperanza a la gente que trabajaba públicamente, incluso en la clandestinidad. Más aún, llevábamos esta tremenda esperanza hacia los compañeros que habían sido exiliados a otros países, entonces ellos se llenaron de confianza.

– ¿Cómo se conformó la agrupación?

La lucha de las mujeres empezó ese mismo año, el ’73. Un mes después del golpe se creó el Comité Pro Paz, ahí empezaron a juntarse las mujeres, a conocerse, a contarse sus atribulaciones, sus penas, su dolor, su indefensión. Llegaban esas madres que no tenían idea de política, que tampoco sabían lo que hacían sus hijos, y entonces, ante la tragedia y el drama que estaban viviendo, tomaron la bandera de sus hijos. Que podría haber sido la bandera del PS, del PC, del MIR, las enarbolaron y salieron a defender la vida, porque al principio toda la lucha era para defender la vida.

Como teníamos prohibido formar agrupaciones de personas, como un desafío a la Junta Militar le pusimos “Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos”, y todas las cartas que enviábamos a donde fuere, desde Pinochet para abajo, iban con ese nombre. Yo digo que los hijos que estaban desaparecidos, que no aparecían en ninguna parte, fueron los que parieron a esas madres, y entre ellas habían mujeres maravillosas, jóvenes, casi niñas, de un gran conocimiento político.

Ya todas unidas hicimos las huelgas de hambre que marcaron un hito, en la primera, que fue en la CEPAL, hasta intervino el secretario general de la ONU. Después vinieron los encarcelamientos, más huelgas de hambre, salidas callejeras, mucha aprendimos a escribir a máquina, a redactar, fue una verdadera escuela. Yo crecí como persona en la Vicaría de la Solidaridad. En todas partes se encuentra gente buena, aunque sea el adversario, por eso en mis ojos nunca vai a ver el odio.

– ¿Cómo te construyes tú como mujer en este proceso y después de todo lo que habías vivido? 

– Yo no tuve el problema que tuvieron esas mujeres que llegaron y eran jovensísimas, de 20 años, con sus niños chiquititos. Yo trabajaba en el casino de agua potable que queda en el paradero 25 de La Granja y ahí detienen a los míos primero. Al otro día partimos con Manuel, él parte primero, porque íbamos a hacer empanadas ese día a pesar de todo, íbamos a hacerle empanadas como homenaje silencioso del 1 de mayo a los obreros y empleados que yo atendía. Parte él primero con todo el material que íbamos a usar ese día y yo no me pude ir con él, porque tenía al puntito (nieto) que lloraba desconsoladamente y tenía que arreglarlo para llevármelo al casino, para ir a contarle al gerente de lo que estaba pensando, y pedirle dinero del sueldo que yo ganaba.

No nos demoramos más de un cuarto de hora en seguir a Manuel para el lado sur, y de lejos distingo que los trabajadores están afuera. Entonces ahí ya no podía gritar, no podía exclamar, no podía hacer nada, porque llevaba de la mano al niño. Tuve que mamármelas, sacar fuerzas de coraje, y efectivamente Manuel nunca llegó al casino. Fui sola a la entrevista con el gerente y le cuento lo que me está pasando, y el hombre inmediatamente tomó el teléfono y habló para la central del agua potable. Le dijeron que lo deben haber tomado por sorpresa, porque en esos días habían estado haciendo arriadas porque se iba a reunir la OEA. Entonces para evitar cualquier cosa habían empezado a tomar detenidos. El gerente iba a hacer otra llamada y yo le puse la mano en el teléfono, y le dije “no llame porque puede ser peligroso para usted”.

Esa hueá me duró como un mes, la culpa de que podría haberlos salvado. Pero cuando llegué a la Vicaría de la Solidaridad y empecé a conocer lo horroroso de lo que estaba pasando en el país dije “no hay por dónde”. Por suerte me saqué eso de adentro, porque pensar que los podría haber salvado no había por dónde.  Y ahí tuve que transformarme en mensajero del dolor, a comunicarle a la mamá de la Nalvia, era terrible. No te lo puedo describir. Yo digo en el libro que solo tienes que sentirlo, imaginártelo. Fue muy fuerte, la Ernestina es una heroica mujer, una madre, coraje en toda la expresión de la palabra y más que eso.

– Cuando Michelle Bachelet termina su mandato usted va a dejarle un ramo de flores. ¿Qué siente usted por ella? 

– En primer lugar, es la hija de un general de la República que murió como murió. Después, mujer. Siempre durante su gobierno la compadecí de haber estado rodeada de gente que no correspondía que estuviera a su lado. Tengo una carta de cuando los ex compañeros de armas de Alberto se reunieron y también recibieron a Michelle y Ángela.

En esa ocasión yo escribí una carta, no dirigida a la presidenta, sino que yo se la escribía a Alberto Bachelet. Yo soy media adivina, entonces entre medio de la escritura yo veía imaginariamente al padre de ella, llevándola a hacerse cargo para lo que había sido elegida y le describo un poco al general, que estaba erguido de dejar a su hija ahí. “Capitán de capitanes”, le digo en la carta, “tu hija sabrá cumplir con su deber y si tiene problemas, acuérdate que nosotros vamos a estar ahí”. También puse una parte que después la borré, porque iban a decir que soy chupamedias y me iban a dar un cargo en no sé qué mierda, pero decía “ella algún día va a llegar a la ONU”, le puse.

– ¿Qué le parece la vuelta?

– Tal vez la Bachelet no hizo todas las cosas que debería haber hecho, pero nunca yo señalo solo a una persona de por qué no lo han hecho. Porque ¿en qué estaban los partidos políticos? ¿O ella no más va a cargar con el peso? ¿En qué estaban para decirle al pueblo “mira, tengo ganas de hacer esto” o “voy a hacer esto pero no me dejan”? O sea, no tendría que haber perdido ella el cordón umbilical con el pueblo.

– ¿Y ahora lo tiene?

– Yo creo, siempre lo he pensado, y lo planteé en una reunión de mujeres, que debiéramos tener una organización grande de mujeres, eso sería un gran apoyo para ella.

– Me llama la atención que tienes una foto en tu pieza con Cristián Precht y no puedo dejar de preguntar: Han salido algunos antecedentes que lo acusan de pederastia y su abogado es el cura Hasbún, ¿qué te pasa a ti con eso y cómo lo has manejado? 

– Yo conocí a Precht en la “noche negra”, en Radio Chile. Lo conocí arriesgando la vida por mucha gente. Me quedo con eso. Y como me quedo con eso, pregunto por su salud, como está, y todo eso.

El otro día estaban dando Stalin en la tele, no lo quise ver porque cada uno cuenta su historia a su manera. Y después mi nieto me contó y le di una charla. Me quedo con Stalin para la segunda guerra mundial. Porque otro habría sido el destino de la humanidad si Stalin no dirige las Fuerzas Armadas.

– Cuéntanos de tu participación en la Brigada Ramona Parra 

– La Brigada tiene el nombre de Ramona Parra porque fue la que mataron en la masacre de la plaza Bulnes. La Ramona Parra era amiga, yo estaba en la plaza Bulnes para la masacre. Fíjate que no me acuerdo cómo llegué a la BRP, total que un día empecé a participar. Es un grupo bastante unido, yo creo que lleva adentro alguien igual que yo. Si tú ves, mi ídolo: Allende.

Entré a participar y me ha servido mucho porque la convivencia es rica, yo siempre les pido que quiero pintar las palomas. Es bonito participar, me ha servido de harto porque yo dejé de militar en el Partido el 2003, volví ahora cuando se murió la querida compañera de Vicente Atencio, porque no me puedo hacer cómplice de las hueás que hacen. No puedo sumarme. Ser cómplice en el sentido de que nos hemos sido capaces de sacar la piel, porque todas estas organizaciones puta que se las pelean.

– Lo último, ¿cuál fue la intención de hacer tu libro?

– Es la historia de mi vida, como la he relatado con chuchadas y todo. El libro me ha hecho llorar, me ha hecho reír, me ha hecho sentir que los sueños dorados se fueron a la mierda, me da rabia, con tanta gente que dirige, o partidos políticos o diversas organizaciones sociales que muchas veces están en manos de gente inepta, incapaces. Y cuando hay personas que quieren hacer algo, lo deshacen. Pero bueno, es la historia de mi vida entera.