Tras la primera jornada de votación, los periodistas del medio digital brasileño Opera Mundi lanzaron una iniciativa para organizar todas las denuncias de casos de ataques violentos con motivación política en el país, incluyendo algunos con resultados letales, y crearon lo que se llamó el Mapa de la Violencia Política en Brasil

El organizador del Mapa es director de Opera Mundi, el periodista y editor literario Haroldo Ceravolo Sereza, quien relata que la idea surgió la semana anterior a la primera vuelta, cuando percibió un aumento de la agresividad en los  relatos de situaciones cotidianas que resultaron en ataques o agresiones con tintes políticos. “Incluso pudimos sentirlo en casos que involucraron directamente a nuestros periodistas y equipo comercial, aunque somos un grupo pequeño, y además pude percibir eso en otros relatos que me enviaron de otros lugares, y pasé a trabajar en un conteo que los reuniera a todos”, comenta.

La inspiración también surgió de un trabajo realizado días después de la muerte de la concejala carioca Marielle Franco. “En aquella semana hicimos un reportaje recordando otros 24 asesinatos políticos en los últimos cuatro años, que en todo caso son una pequeña parcela del total real, pero tuvo una gran repercusión, quizás porque la gente percibió allí que la violencia política no es algo ajeno a Brasil, es una realidad nuestra poco conocida y que viene creciendo”, cuenta el periodista.

Sereza recuerda que “en la noche tras la victoria de Bolsonaro en primera vuelta notamos que los ataques dejaron de ser eventuales y pasaron a cambiar incluso en términos del nivel de agresividad, fueron más violentos”.

A través del trabajo con el Mapa da Violencia Política, Sereza y el equipo de Opera Mundi, lograron registrar hasta el momento 136 casos de ataques y agresiones con trasfondo político, ocurridos en todo Brasil entre el 1 y el 26 de octubre. De ellos, 8 terminaron con la muerte de las víctimas, además de un noveno caso en que un perro fue acribillado hasta la muerte por fanáticos de Bolsonaro, para intimidar a sus dueños.

No se puede afirmar que todos los casos fueron cometidos por adherentes de Bolsonaro. También hay relatos de embestidas de sectores políticos de izquierda, “pero al cruzar el perfil de la mayoría de los agresores y las víctimas se puede notar que hay un modelo que coincide con el discurso racista misógino y homofóbico de Bolsonaro”, afirma Sereza.

Por ejemplo, está el hecho de que muchas de las víctimas fueron atacadas por declarar su voto en el candidato de la izquierda, Fernando Haddad – como pasó con el maestro de capoeira Moa do Katendê, asesinado en Salvador de Bahía en la noche de la primera vuelta – o expresar alguna simpatía por movimientos sociales o rechazo al candidato Jair Bolsonaro.

Este último elemento tiene como principal ejemplo el caso de una chica de Porto Alegre que fue atacada por tres hombres en un autobús y fue torturada por ellos, que dibujaron una suástica en su abdomen con un cuchillo. De hecho, además de las agresiones registradas en el Mapa de la Violencia Política de Opera Mundi, Brasil también ha visto 16 casos de pintadas neonazis en muros y portones de iglesias, universidades o edificios públicos.

De los 136 ataques contabilizados por el Mapa de Opera Mundi, 122 fueron cometidos por hombres, es decir un 90%. De esos, se puede identificar que 39 actuaron solos y al menos 21 actuaron en grupo solo de hombres – otros actuaron en grupos donde también participaban mujeres. Algunos de esos ataques grupales, segundo los relatos de testigos, con la participación de los llamados “bolsominions”, seguidores más fanáticos y orgullosos del candidato de la ultraderecha y que suelen gritar el nombre de su ídolo cuando actúan.

También está el aspecto de que las agresiones masculinas involucran una violencia más física. Por ejemplo, uno de los raros ejemplos de agresión cometido por una mujer fue el de una médica que rasgó la receta de un paciente anciano de 72 años por saber que él votó por el candidato Haddad.

Para realizar el Mapa de la Violencia Política, Opera Mundi se comunica con diversas organizaciones de derechos humanos en todo el país y también acepta relatos que son enviados a través de una página dedicada a eso en su sitio web. “Nosotros adoptamos la regla de priorizar casos documentados y que se puedan chequear, aunque recibimos relatos muy realistas y convincentes, pero que no los contamos por una decisión metodológica”, señala Sereza.

Negros y LGBT son las víctimas más comunes

Claro que esa violencia toda no es una novedad. Los brasileños no pasaron a ser violentos de la noche a la mañana. Mucho antes de que surgiera el fenómeno Bolsonaro, Brasil ya era uno de los diez países con el mayor número de homicidios en el mundo, con cifras superiores a países en guerra y que podrían ser considerados casi como un genocidio por año en el país, al observar que hay perfiles en común entre las víctimas.

Con un promedio de 28 asesinados a cada 100 mil habitantes, Brasil suma un total entre 55 y 60 mil casos a cada año. Más de 70% de las víctimas son de raza negra, y entre ellos la mayoría vive en las favelas y posee entre 16 y 25 años.

Brasil también es campeón en otro tipo de genocidio disfrazado: es el país que mata más personas LGBT en el mundo. Las estadísticas revelan que cada 19 horas hay un ataque a homosexuales con resultado de muerte en el país. En 2017 fueron 445 casos, lo que significó un crecimiento de 30% con relación al año anterior.

Por supuesto que el aspecto político, incluyendo el hecho de que la comunidad LGBT es especialmente apuntada por el discurso del candidato Jair Bolsonaro, reforzaron los números. Según el Mapa de la Violencia Política organizado por Opera Mundi, este octubre de elecciones ya registra 31 casos en que personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero fueron blanco de algún tipo de violencia. Además hay que destacar los casos en contra de personas transgénero, que fueron 17 (más de la mitad de los casos LGBT), incluyendo tres que resultaron en muerte de las víctimas.

Por detrás de mucho de esos ataques, los testigos confirman que los atacantes hacían alusiones a Bolsonaro mientras realizaban sus crímenes – los tres casos fatales registran tales menciones, por ejemplo. Esa situación y sus repercusiones incluso preocuparon la campaña del candidato que trató de deshacerse de la responsabilidad por las acciones de sus adherentes. Primero, sacándose una foto con apoyadores gays, y luego al declarar que él no tiene nada que ver con quienes asesinan en su nombre.

Está claro que no es el equipo de Bolsonaro que emprende esos ataques, aunque también es evidente que muchos de ellos sí son realizados por personas que se sienten estimuladas y autorizadas por su discurso.