Camilo Castaldi ha vuelto a la vida pública para limpiar su imagen y retomar su carrera artística. El rapero que fue denunciado ante la justicia por Valentina Henríquez, quien lo acusó de haberla maltratado, quiere mostrar al mundo que nunca ha golpeado a una mujer y de paso quiere dejar a su ex pareja como una persona con problemas mentales.

La estrategia de Tea Time fue dejar pasar el tiempo, apelando a que la memoria de las personas es frágil, para luego instalar un nuevo relato que le permita dar coherencia a su nueva y renovada vida alejada de los vicios.

Por un lado con la suspensión del juicio ya podía dar rienda suelta a toda su verborrea, que ha cultivado en sus más de 20 años de carrera, para afirmar que a su ex pareja le dio “miedo” seguir en el litigio debido a que él iba a presentar pruebas contundentes que nunca ha mostrado.

Pero pongamos las cosas en contexto, en Chile no existen leyes que condenen la violencia dentro del pololeo, es por esto que la mayoría de las causas por violencia intrafamiliar terminan en suspensión provisional. Henríquez optó por esta vía para obtener, según sus propias palabras, mayor protección. Con esta medida Castaldi deberá cumplir una orden de alejamiento físico y digital por dos años. De haber ido al juicio oral, Henríquez no habría conseguido ni siquiera una orden de alejamiento, no hubiera obtenido ninguna medida que garantizara su seguridad.

Esto es lo que quiere mostrar Tea Time como un triunfo judicial, y se está aferrando con uñas y dientes a este argumento para validarse nuevamente ante la sociedad como un hombre nuevo. No obstante, hay algo que no podemos pasar por alto. Este objetivo lo está logrando en complicidad con los medios de comunicación y los periodistas que no han sido capaces de cuestionarlo.

¿Acaso se nos olvida que el conserje de su edificio denunció al cantante ante carabineros debido a que éste lo amenazó con un sable?. ¿Se nos olvidan las fotos que subió Valentina Henríquez con su ojo izquierdo ensangrentado?

Al parecer a Julio César Rodríguez le bastó con que el rapero le dijera que la lesión en el ojo de su ex pareja fue provocada después de que éste la lanzara contra una cama, versión que difiere con lo que dijo hace dos meses en el diario La Tercera donde afirmó que la había golpeado de manera “involuntaria” con un celular. Castaldi ha hecho y deshecho y nadie ha sido capaz de apretarlo ni siquiera un poco. 

Esta es la seriedad con la que algunos periodistas afrontan las entrevistas con las personas denunciadas por agresión en contra de las mujeres. Ni siquiera son capaces de contrastar la información, no hay investigación, no hay contexto. Así es fácil que Tea Time continúe con su estrategia de víctimización.

Es obvio que una persona acusada por maltrato va a tratar de limpiar su imagen. Ahora que Castaldi quiere volver a los escenarios decidió tirarse al suelo y autobautizarse “el muerto”, personaje con el que busca mostrar cómo el juicio “apresurado” de la sociedad lo dejó limpiando el edificio de su madre. Para instalar este relato el cantante ha contado con una tribuna de privilegio en el diario La Tercera.

Realmente cuesta entender cuáles son los motivos que llevan a este diario a publicar un extenso reportaje llamado “Las lecciones de Tea Time“, si nunca ha sido capaz de asumir ningún error y sólo se ha limitado a decir que la violencia surgió de una relación “tóxica”. Me cuesta creer que a un colega no se le caiga la cara entrevistándolo. Que un medio de comunicación se preste para este tipo de cosas sólo contribuye a que la desinformación con respecto a la violencia contra la mujer se mantenga.

Por otro lado, su ex pareja sólo ha contado con espacio en algunos medios y ha tenido que combatir la versión de Castaldi a través de su muro de Facebook y su cuenta de Twitter. Con esto queda en evidencia que la desigualdad entre hombres y mujeres también se sigue perpetuando en todos los planos, incluso en la prensa nacional.


Periodista