No hubo sorpresa en Brasil. Aunque la diferencia haya sido menor que lo esperado – en algún momento se especuló con una victoria con más de 60% de los votos, recordando las hazañas de Lula da Silva en la década pasada, y estuvo lejos de eso -, la verdad es que el ex militar Jair Bolsonaro confirmó su favoritismo y logró una contundente victoria en las elecciones brasileñas, con más de 57,7 millones de votos (55% del total de votos válidos) a su favor y una diferencia de más de 10 millones de sufragios con relación a su rival en el ballotage, el progresista Fernando Haddad.

Su discurso antisistema y contra la corrupción (pese a su ligación con algunos casos), también cargado de un fuerte ultranacionalismo y apego religioso, cautivaron a los brasileños. Su consigna “Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos” – juzgue usted si la similitud al Deutschland über alles de la Alemania nazi es una coincidencia o no – fue una de las claves para que ganara no solo adherentes, sino que fanáticos de su opción presidencial.

Apologista de la dictadura brasileña (1964-1985), el que será el 38º presidente de la historia republicana de Brasil promete un gobierno de fuerte combate a la criminalidad y la corrupción, aunque por veces ese discurso se confunda con la idea de perseguir enemigos internos. Por ejemplo, Bolsonaro afirma que organizaciones sociales como el MST (reforma agraria) y MTST (lucha por vivienda) serán consideradas como grupos terroristas.

También están en riesgo las comunidades indígenas, aunque quizás no a punto de declararlas como terroristas. La promesa de Bolsonaro es desconocer las reservas demarcadas en los gobiernos anteriores, desde la redemocratización a partir de la Constitución de 1988, surgida de una asamblea constituyente y todavía vigente. También dijo que pretende buscar una alianza con los Estados Unidos para cuidar de la seguridad de la Amazonia.

El nuevo gobierno significará también un refuerzo importante al poder político de los militares, porque el presidente electo asegura que tendrá algunos ministros militares en su gabinete, hizo alusión a que ellos podrían cuidar de carteras sociales, como Salud y Educación. De cumplir con su palabra, significaría el mayor ascenso del poder militar en Sudamérica.

Significado internacional

De esa forma, la ultraderecha logra su tercera gran victoria electoral en Sudamérica este año, junto con las victorias de Iván Duque en Colombia y Mario Abdo Benítez en Paraguay, aunque esta es, sin ninguna duda, la más importante. Bolsonaro tendrá todas las condiciones de liderar un bloque ultraconservador en la región, que quizás podría contar con otros apoyos en la región, eso va a depender de la relación que pueda establecer con Sebastián Piñera, Mauricio Macri y Martín Vizcarra.

También deberá ser el enemigo más duro de los países que todavía tienen gobiernos de izquierda en la región, especialmente Venezuela y Bolivia. De hecho, Jair y su hijo, el diputado Eduardo Bolsonaro, pasaron la campaña de la segunda vuelta hablando de una postura más agresiva de Brasil con respeto al gobierno de Nicolás Maduro, e incluso haciendo alusiones a posibles ataques militares.

A nivel global, Jair Bolsonaro deberá ser un gran aliado del presidente estadounidense Donald Trump, a punto de imitar su agenda relacionada al Medio Oriente. De hecho, pretende cerrar la embajada brasileña en Palestina y trasladar la sede diplomática en Israel a Jerusalén.

Además, también surge como un posible enemigo de China. No son pocas sus declaraciones respecto a un temor por la expansión china en el continente. De hecho, su programa económico ultraliberal -Bolsonaro promete deshacerse de todas las empresas del Estado- tendrá reparos solamente en el sector energético, donde dice que buscará mecanismos para impedir que las empresas del país asiático sean favorecidas. Por lo tanto, es muy probable que se borre la B del bloque de los BRICS (que incluye a Rusia, India, China y Sudáfrica).

Bolsonaro también amenazó más de una vez con retirar a Brasil de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), e incluso repitió esa posición en las declaraciones dadas luego de votar, durante la mañana de este domingo (28/10). De todas formas, hay que considerar que esta medida estaría condicionada a una posible decisión favorable a Lula da Silva en los organismos como la Comisión de Derechos Humanos, a la cual el defensa del ex-presidente pidió que averigue posibles casos de atropellos de la Justicia y la posibilidad de declararlo como preso político.

Cómo queda la oposición

El candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Fernando Haddad, logró alguna recuperación en los últimos días de la campaña, tras el discurso de Bolsonaro amenazando con perseguir a la oposición y prender al mismo Haddad. Estuvo lejos de ser suficiente para revertir el resultado, pero al menos evitó la debacle que podría resultar de una victoria de Bolsonaro con más de 60%, como en algún momento apuntaban las encuestas.

Sus 47 millones de votos (45%) demuestran que el progresismo en Brasil no está muerto, aunque tendrá tiempos duros por delante, no solo por la necesaria reorganización política del sector sino porque tendrá que enfrentar un oficialismo que está dispuesto a perseguirlo, según palabras del mismísimo presidente electo.

Su fortaleza quedará en la región noreste del país, donde los partidos de izquierda (y sobretodo el PT) lograron elegir todos los gobernadores, y donde Haddad tuvo una votación por sobre el 60%.

En un principio, Fernando Haddad y su candidata a vice presidente, la comunista Manuela D’Ávila, surgen como los liderazgos que impulsarán esa oposición. Habrá que ver cuál será el papel del neodesarrollista Ciro Gomes, tercero en la primera vuelta (13%), en ese reacomodo de fuerzas.

También será importante ver qué peso tendrá el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), que logró un importante crecimiento de su representación parlamentaria y que cuenta con figuras importantes como sus dos diputados en Río de Janeiro, Marcelo Freixo y Jean Wyllys (el político LGBTI más destacado del país), además de su fuertísima bancada femenina, la cual se destacan las jóvenes Áurea Carolina, Sâmia Bomfim, y la veterana Luiza Erundina, la parlamentaria de mayor edad en el país (83 años).