Los gobiernos del PT lograron mantener por 10 años su proyecto de conciliación de clases, de conciliación entre intereses completamente distintos y opuestos. El crecimiento económico fue la columna de este edificio.

En 2002, meses antes de ser electo, Lula escribe una famosa carta titulada “Carta al pueblo brasileño”. La carta, en verdad, era una carta destinada principalmente a los grandes empresarios y banqueros internacionales. En esa carta, Lula garantizaba que gobernaría el país sin cambiar las reglas económicas y políticas establecidas. Gobernaría para mantener el pago de la deuda pública y el “equilibrio fiscal”. Su gobierno no sería un gobierno de ruptura, sino un gobierno sustentado a partir de una “amplia negociación nacional”. Al mismo tiempo, decía que en su gobierno serían beneficiados el agronegocio y la agricultura familiar, sin explicar como conciliaría los intereses del gran latifundio y de los pequeños productores rurales. Defendería los intereses de los más pobres pero también de los más ricos. La carta terminaba proponiendo cambios audaces, pero responsables, dentro de la institucionalidad. Y así fue.

El PT entró por la puerta delantera del Palacio do Planalto, pasando por arriba de la alfombra roja, a pesar de la instatisfación de no pocos e influyentes miembros de las clases dominantes tradicionales. Lula llegaría al cargo más alto de la nación. Para gobernar sin romper las antiguas estructuras, el PT tuvo que negociar. Y lo hizo muy bien.

Por un lado, el partido trató de contener un posible ascenso social que parecía venir en el horizonte. Su peso en la principal central sindical del país, la Central Única de Trabajadores (CUT), le daba en gran medida el control del movimiento social más importante del país. Otra fuerza social importante, donde el PT tenía (y todavía tiene) gran influencia era el Movimiento Sin Tierra (MST), con gran poder en el campo y tradicionalmente muy combativo. Al lado del PT, el Partido Comunista de Brasil, ahora parte del gobierno, dirigía importantes sindicatos y la Unión Nacional de los Estudiantes, principal entidad del movimiento estudiantil brasileño.

En los años que siguieron, el PT logró controlar y cooptar gran parte de las dirigencias sindicales y sociales. Los dirigentes de la CUT y del PT se transformaron, a lo largo de los años, en ministros, asesores de mercado, administradores de fondos de pensión, inversionistas y un largo etc. Las reformas anti-populares aprobadas por el PT prontamente generaron rupturas en su base de apoyo. El surgimiento de la Central Sindical y Popular Conlutas y del PSOL (Partido Socialismo y Libertad) fueron resultado de esas rupturas. Las rupturas, sin embargo, fueron minoritarias, ya que el crecimiento económico y el control de las principales organizaciones de la clase trabajadora le permitió al gobierno realizar las reformas neoliberales sin gran oposición social.

En el gobierno, el PT entró completamente en el juego institucional establecido. Para gobernar sin romper con el Congreso, hizo acuerdos con las fuerzas más reaccionarias que siempre lo controlaron. Así, el PT se alió a los sectores del agronegocio, a la bancada evangélica, al empresariado de la industria nacional e internacional, al sistema financiero, etc. Algunos personajes muy conocidos (y asquerosos) de la sociedad brasileña, como el corrupto dueño de la Iglesia Universal, Edir Macedo, o la ruralista Katia Abreu, en ese entonces líder del agronegocio en el Congreso, fueron aliados del PT por muchos años. Hoy el agronegocio y las iglesias evangelicas son parte fundamental del apoyo a Bolsonaro. La burguesía no tiene escrupúlos morales o de otros ordenes para cambiar sus representantes cuando lo necesite.

A través del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) el gobierno del PT financió el crecimiento de sectores de la burguesía brasileña asociados al desarrollo del modelo primario-exportador, reforzando el rol sumiso de la economía brasileña en el mercado mundial. Así crecieron las grandes constructoras como Odebrecht, OAS, Camargo Correa y otros sectores ligados al agronegocio, como la JBS, gigante de la industria de la carne. Mientras esas (y muchas otras) empresas financiaban las millonarias campañas electorales del PT (y también de otros partidos) el gobierno les concedía contratos con empresas estatales, les adjudicaba grandes obras, privilegios de financiamiento y un largo etc. Todo cementado con millones y millones de reales (moneda brasileña) de coimas, favores, regalos y muchas otras creativas formas de corrupción. En uno de los escándalos que involucraban a políticos petistas, un asesor de diputado fue pillado transportando dólares en su calzoncillo.

Los grandes medios de comunicación fueron otro sector ampliamente beneficiado por los gobiernos del PT. La Red Globo (mayor emisora televisiva del país), perteneciente a la familia Marinho, una de las grandes familias burguesas brasileñas y apoyadora del golpe militar, fue favorecida con nuevas concesiones y millones de reales pagados por el gobierno por la transmisión de la publicidad pública. Otra emisora beneficiada fue la Red Record, del obispo Edir Macedo. La Iglesia Evangélica creció como nunca. Compró emisoras de radio y abrió sucursales en todos los rincones del país. Vendió la fe y construyó su imperio. Todo eso con exenciones de impuestos. Para ganar los votos de la bancada evangélica en el Congreso, el PT tuvo que frenar casi todos los proyectos en defensa de los derechos democráticos de mujeres y de la población LGBTI.

El PT, al paso en que administraba el país para sus históricos dueños y metía hasta el cuello en la corrupción, lograba calmar el descontento social con programas sociales y con el control de las direcciones de los movimientos sociales. Del punto de vista internacional, Lula empezó a mostrar al imperialismo norteamericano que podría ser su fiel aliado. La aceptación de Lula a dirigir la Misión de ocupación de Haití (Minustah) recolocó Brasil como uno de los principales aliados de Washington para aplastar (con un disfraz democrático) el descontento social en el continente. El ejército brasileño empezó a utilizar los barrios haitianos como “laboratorio” para intervenir en las favelas de Río de Janeiro. Primero, los negros y pobres haitanos, después, los negros y pobres brasileños.

Así pasaron los años del gobierno de Lula y el primer mandato de Dilma Roussef. Hubo importantes luchas de resistencia a los proyectos privatizadores, a las reformas neoliberales, por el derecho a la vivienda etc. Sin embargo, la estabilidad se mantuvo. El país creció, el sueño empezaba a transformarse en realidad. En junio de 2013, sin embargo, el proyecto petista de un “Brasil para todos” se transformó en humo.

Junio de 2013 – todo cambia

En junio de 2013 el gobernador del Estado de São Paulo Geraldo Alckmin (del PSDB, partido tradicional de la derecha brasileña y de la burguesía) resolvió, una vez más, aumentar los precios de los transportes públicos. En un acuerdo con el alcalde de São Paulo (Fernando Haddad, hoy el adversario de Bolsonaro en las elecciones) subieron en 20 centavos los pasajes de micros, trenes y metros.

Como respuesta al alza, el Movimento Passe Livre convocó marchas en la ciudad de São Paulo. A las primeras convocatorias asistieron entre 5 y 10 mil personas. La represión de la Policía Militar fue violentísima. En una de las marchas, un periodista de la Folha de São Paulo, uno de los principales periódicos de la burguesía brasileña, quedó ciego de un ojo después de ser acribillado por un balín de goma; en esa misma marcha hubo centenares de heridos y detenidos.

El rechazo popular fue enorme. La respuesta a la represión fue masiva. Las marchas se extendieron por todo el país, llegando a juntar centenares de miles de personas en las principales ciudades. En Brasília, los manifestantes llegaron a subir en el techo del Congreso Nacional, proporcionando algunas de las fotos más históricas de Brasil.

El país quedó paralizado por más de una semana, con gigantescas marchas casi diarias. Dilma, entonces presidenta, demoró varios días para manifestarse. Cuando lo hizo, prometió más democracia, reformas políticas, un nuevo plan nacional de transportes, mejor educación, salud y un largo etc. Prácticamente nada fue cumplido.

Las manifestaciones de 2013, conocidas como “Jornadas de junio” destrozaron el rompe cabezas institucional armado en el país y el pacto social dirigido por el PT. En los meses siguientes miles de trabajadores y jóvenes continuaron en las calles. Hubo una explosión de huelgas en las principales ciudades del país, con fuertes ensayos de paro general en julio y agosto de 2013. Algunas de las huelgas fueron bastante radicalizadas y tuvieron repercusión nacional (profesores de Paraná y Río, recolectores de basura de Río y otras). El número de huelgas aumentó enormemente. En los años anteriores a 2013 el promedio de huelgas giraba alrededor de 500 por año. Después de 2013 ese promedio subió a casi 2000.

Una ola de huelgas tomó el país meses antes del Mundial de Fútbol, en 2014. Días antes de la apertura del Mundial, los metroviarios de São Paulo entraron en paro por mejores condiciones laborales y sueldos. La paralización del metro de la principal ciudad del país, por donde pasan casi 4 millones de personas diariamente, significaría un caos en la apertura del Mundial. La amenaza era tan grande que el periódico Estado de São Paulo publicó un artículo titulado: “Quién es el hombre que amenaza la apertura del Mundial?”, donde presentaba al país el presidente del Sindicato de Metro de São Paulo, Altino Prazeres. Al final, la huelga terminó antes del inicio del Mundial.

La clase trabajadora empezaba a entrar en escena con sus métodos tradicionales de lucha – la huelga, el piquete, las barricadas. Los diez años de estabilidad ahora abrían espacio para una gran inestabilidad. Nadie sabía muy bien lo que iba a pasar, pero todos sabíamos que nada sería como antes. Las voces de las calles ya no querían callarse. El ascenso desbordaba las direcciones sindicales burocráticas.

En 2013 el PT empezó a perder el control del país. Los trabajadores más jóvenes ya no tenían a   Lula o Dilma como sus principales referentes. Los más viejos estaban desilusionados. Se inicia el declive de los gobiernos petistas y de la paz social.

En 2014 Dilma es reelecta presidenta por un escaso margen de votos contra el candidato de la derecha tradicional Aecio Neves. El PT es castigado electoralmente en casi todo el país. La mayor derrota viene en su bastión histórico, las ciudades de la Gran São Paulo, el ABC Paulista (Santo André, São Bernardo, São Caetano), donde el PT pierde todas las alcadías.

La operación Lava-Jato, la división de la pequeña-burguesía y de los sectores medios

En 2014 los vientos chinos cambian de rumbo y la crisis económica llega a Brasil. El crecimiento económico del periodo anterior se queda en el pasado. La burguesía internacional empieza a presionar al gobierno de Dilma para ser más duro contra los trabajadores. Dilma nombra como su ministro de hacienda un personaje totalmente pro-mercado, Joaquim Levy, doctor en economía por la Universidad de Chicago, el corazón del neoliberalismo. Dilma empieza su segundo mandato con fuertes ataques a los derechos laborales. Aprueba leyes que dificultaban el acceso de los trabajadores al seguro de cesantía y a otros beneficios. Los ataques son muy insuficientes y la burguesía nacional e internacional querían más.

En 2014 se suma otro factor importante a la situación política – la Operación Lava-Jato. En los meses siguientes saldrían a la luz los casos de corrupción involucrando a la cúpula del PT, los empresarios de grandes empresas de construcción, la Petrobras y la mayor parte de los partidos políticos del país. La Operación Lava-Jato ya lleva 4 años y demostró la podredumbre del sistema político brasileño a millones de personas.

Los grandes medios de comunicación presentan la Lava-Jato como una operación centralmente contra el PT. La narrativa de sectores importantes de la burguesía y de la derecha brasileña intentan (y en gran medida lo logran) atribuir toda la corrupción del país y del sistema al partido de Lula y Dilma. El sistema judicial pasa a ser un protagonista político, condenando a algunos involucrados en la corrupción y liberando a otros. Los casos de corrupción involucrando al tradicional partido de derecha, el PSDB se quedan sin investigación.

Los jueces, los grandes medios de comunicación y la Policía Federal arman una gran trampa al PT. Después de más de 10 años gobernando para los grandes empresarios, haciendo concesiones a los dueños de los principales medios de comunicación y a los sectores más reaccionarios de la sociedad brasileña, el PT es traicionado. Traicionó la clase trabajadora y fue traicionado por la burguesía. Nada de nuevo. Los partidos originados en la clase trabajadora nunca lograron ser los legítimos representantes de la burguesía. Después de hacer el servicio sucio pueden ser desechados fácilmente. Fue lo que pasó con el PT.

Explota entonces en las grandes ciudades fuertes movimientos pidiendo la caída de Dilma Roussef (el impeachment). Los movimientos se concentran principalmente en la pequeña-burguesía blanca de las grandes ciudades y logran llevar centenares de miles de personas a las calles. Las banderas verde y amarillo toman el país exigiendo el impeachment de Dilma y el fin a la corrupción. Esa pequeña-burguesía se coloca contra el PT y toda la izquierda. Una de sus principales consignas será:  “Mi bandera nunca será roja” y las protestas desarrollarán un nítido carácter anti-popular. Todo el rencor acumulado por los sectores más privilegiados de la pequeña-burguesía en contra del gobierno del PT y del reciente “ascenso social” de los pobres sale a la calle. Grupos minoritarios empiezan a defender la vuelta de la dictadura miliar.

Dilma pierde el control del Congreso. La cúpula del PT es casi toda detenida por la Lava-Jato. El PT ya no tiene el apoyo popular que tenía en los años de Lula. Para la burguesía, el PT pasa a ser una traba – no puede implementar los ataques exigidos por los empresarios, no logra frenar el ascenso popular y empieza a ser cuestionado, en la calle, por miles de manifestantes de la pequeña-burguesía.

Los partidos de derecha se articulan. Con el apoyo de los medios de comunicación, de la Justicia y ahora también de la gran burguesía logran sacar a Dilma. El proceso de impeachment es una farsa completa, una excusa cualquiera (un maquillage que hizo el gobierno de Dilma para esconder el déficit fiscal del país) es presentada y el impeachment es aprobado. El PT se organiza para sacar sus bases a la calle pero sus marchas son mucho menores que las de verde y amarillo. La clase obrera y los sectores populares ya no están dispuestos a defender al PT.

Las fuertes huelgas siguen por el país. Junto con las huelgas, sale a las calles un fuerte movimiento de mujeres por la caída de Eduardo Cunha, un corrupto político ligado a la Iglesia Evangélica y que hasta ese momento era el presidente de la Cámara de Diputados. Las marchas por la caída de Cunha son masivas y tienen como protagonistas a las mujeres jóvenes y de clase media. Eduardo Cunha cae y también es detenido por la Lava-Jato. El movimiento democrático de las mujeres se fortalece. En los años siguientes también habrá luchas estudiantiles muy importantes en los colegios públicos y las mujeres jóvenes estarán a la cabeza.

La pequeña-burguesía se divide. De un lado, están las fuerzas motoras del impeachment de Dilma, centenares de miles de personas de la clase media y clase media alta que se movilizaron contra el PT, la corrupción, las banderas rojas y todo lo que tenga olor a pueblo. Por otro lado, se expresa un fuerte movimiento de mujeres y de amplios sectores democráticos. De estas manifestaciones participan también partidos como PT, PSOL y PSTU. Las tensiones entre la pequeña-burguesía vienen creciendo desde ese entonces. Hoy se expresan en los/las pro-Bolsonaro (aparentemente la mayoría de la pequeña-burguesía) y los/las anti-Bolsonaro.

En la Parte III de este texto trataré de analizar más detenidamente los movimientos al interior de la clase trabajadora, el ascenso de Bolsonaro y de los militares e intentaré discutir algunas hipótesis y tareas abiertas para el próximo periodo en Brasil. Algunos de los elementos analizados también podrán ayudar a echar luzes sobre un posible desarrollo de la lucha de clases en Chile.

Fuentes:

Carta al pueblo brasileño: < https://www1.folha.uol.com.br/folha/brasil/ult96u33908.shtml >

Plata en el calzoncillo: < https://www1.folha.uol.com.br/folha/brasil/ult96u74366.shtml >

El PT y la prensa burguesa: < https://www.cartacapital.com.br/blogs/midiatico/emissoras-de-tv-receberam-mais-de-r-10-8-bilhoes-publicidade-federal-7609.html >

 PT y la Iglesia Evangélica: < https://politica.estadao.com.br/noticias/eleicoes,pt-se-une-a-religiosos-e-desagrada-a-movimento-gay-imp-,1112422 >

 Ocupación de Haití: < https://www.cartacapital.com.br/internacional/haiti-serviu-como-laboratorio-para-a-politica-de-upps-7604.html >

 Discurso de Dilma junio 2013: https://www.youtube.com/watch?v=dVc_7F8ovcQ

 Derrota PT alcaldías ABC: < http://g1.globo.com/sao-paulo/eleicoes/2016/noticia/2016/10/pt-perde-cinturao-vermelho-e-psdb-conquista-11-prefeituras-da-grande-sp.html >

Huelgas pos-2013: < https://www.redebrasilatual.com.br/trabalho/2015/12/greves-em-2013-atingiram-recorde-e-mobilizaram-2-milhoes-7006.html >

< https://brasil.elpais.com/brasil/2014/05/21/politica/1400696438_164932.html >

< http://apufpr.org.br/brasil-registra-o-maior-numero-de-greves-em-sua-historia-em-2016/ >

 Huelga metroviarios São Paulo: < https://sao-paulo.estadao.com.br/noticias/geral,quem-e-o-homem-que-ameaca-a-abertura-da-copa-do-mundo,1509030 >

Dilma ataca derechos: http://www.sindmetalsjc.org.br/imprensa/ultimas-noticias/2531/dilma+sanciona+leis+que+atacam+direitos+dos+trabalhadores.htm

 


Sociólogo y profesor brasileño