“Toda la vida la tenemos en común acá por eso somos comunidad. Nuestra lucha ha sido contra el sistema, y la mía además ha tenido que enfrentar a la familia y a la comunidad. Antes me daba miedo hablar, pero ahorita ya me he vuelto más rebelde”.

Nuestra entrevistada vivió en la comunidad hasta hace cerca de tres años atrás cuando debió salir de allí a causa de la difamación urdida y aprovechada por hombres de la comunidad –y mujeres también- para acusarla a ella y a otras activistas. Las defensoras denunciaron esta situación en 2014 por medio de una petición Change.org[2] que se titulaba: “La violencia extractivista es contra las mujeres indígenas y sus comunidades”.

Acusada por feminista

“A raíz de denunciar violencia patriarcal, el acoso sexual hacia las mujeres dirigentas de parte de dirigentes hombres, y también la violencia machista que ejercían otras mujeres, y de hacer esto al mismo tiempo que denunciábamos a la cementera, fui desplazada política y territorialmente… Porque en las comunidades no se acepta a las mujeres que alzan la voz para hacer denuncias sobre lo que pasa de forma más interna, y cuando lo haces, te acusan de feminista“.

¿Cómo te afectó todo eso?

Me dolió mucho, a partir de eso ya no quise meterme en nada, para mí la lucha había terminado… Pero luego me di cuenta que la lucha sigue en mi sangre, porque para mí no terminaba la violencia, ni contra la madre tierra, ni contra las mujeres. Me decían: “¡Sos una traidora, te vendiste!”, lo hacían hombres y mujeres. Nos atacaban psicológica, económica y políticamente. Creo que cuando ven que estás desarrollándote como dirigenta, que estás dando todo, te empiezan a jalar de los pies, a violentarte. Cuando hombres y algunas mujeres se dan cuenta de que has trabajado tanto, entonces ya eres un peligro… Eso me hicieron a mí. Recuerdo que un día cuando trabajaba en un proyecto de las comunidades, un hombre que también apoyaba a las comunidades, pero que no era indígena, me violentó quitándome una memoria (pendrive), diciéndome que debía revisarla, que seguramente era yo quien vendía la información, que eso justificaba que me atacaran.

¿En ese proceso te hiciste feminista comunitaria?

Conocí a las compañeras de la red de sanadoras y supe del abrazo de las mujeres comunitarias. Comencé a comprender que somos violentadas, que el patriarcado nos mira como reproductoras, para relaciones sexuales y trabajo doméstico. Pero la comunidad también puede ser la comunidad de mujeres que nos apoyamos, que nos abrazamos, tanto política, como físicamente. En la comunidad territorial es difícil que yo le dé un abrazo a una mujer y le diga: “te quiero mucho, eres una gran mujer”. No se dicen palabras amorosas entre mujeres en mi comunidad. Lo fui aprendiendo en la Red de Sanadoras, conocí a Lorena y a otras, y estando yo tan  afectada, ellas me acuerparon.

¿Cómo entiendes “acuerpar”?

-Acuerpar para mí es: si tú sufres, yo voy a estar ahí. ¿Quieres hablar? yo te escucho, ¿quieres llorar? puedo llorar contigo… Yo no podía ni hablar, no sufrí violencia sexual, pero viví violencia política, acoso, y aprendí que llorar es una forma de sanar. Acuerparnos para mí es abrazarnos, conocernos, reconocernos, sanarnos espiritual, emocional y políticamente. Mis ancestras me están dando la mano para levantarme. Podemos interpelarnos sin violencia. Acompañarnos a pedir juntas, caminar juntas.

Otro feminismo que no es propiedad de nadie…

-“Para mí otro feminismo es encontrarnos entre mujeres hermanas que hemos vivido machismo no sólo del sistema, también de los hombres y mujeres de la misma comunidad. El feminismo comunitario territorial no es propiedad de nadie, es un feminismo que yo como mujer maya Kaqchikel joven, vivo, he surgido de ese feminismo, he escuchado con mis compañeras que tenemos los mismos derechos, pero hemos visto que somos las inferiores de los hombres. En la lucha comunitaria nosotras éramos clave, pero para ser como un adorno, no para la toma de decisiones.

Dices otro feminismo ¿Has visto feminismo que no te gustó?

-He visto en las feministas de ciudad (en Guatemala) la violencia que ejercen algunas de ellas con otras mujeres, y con nosotras. Nos invitan a llenar su bancas para la realización de actividades “para mujeres indígenas”, pero muchas veces no se nos da ni para el pasaje de regreso a la comunidad. Nos ponen a escuchar temas que solo ellas entienden, temas muy académicos. Fui a varias actividades de este tipo y nunca entendí ese feminismo, pero sí entendí que ellas lograron su actividad y resultados para sus proyectos.

Eso es oenegismo institucional para mí…

-Es que una cosa es ser mujer en la comunidad y otra en la ciudad. Ambas experiencias  difíciles, pero distintas. Veo diferencia con los feminismos de ciudad. No sé cómo llamarles. Una compañera un día los nombró “feminismos blancos”, no sabría decir si son eso, pero siento que el feminismo comunitario es muy distinto. En el feminismo comunitario hay mucho acuerpamiento: escucharnos, cuestionarnos o interpelarnos amorosamente. Y también hay mucha espiritualidad, para nosotras es muy importante encontrarnos con nuestras ancestras, sentir que ellas están ahí, acompañándonos en el caminar. Al feminismo de ciudad que conozco acá en Guatemala, le falta capacidad de acuerpamiento. Lo que he visto, es mucho tecnicismo. En el feminismo comunitario territorial, yo soy mujer, soy hermana, soy compañera, soy prima, soy mujer, soy hija, soy amiga, soy defensora de la vida.

¿Hay una identificación entre mujeres?

-Puede ser eso, porque pasa también entre feministas que cuando una está resaltando su lucha, las otras la jalan para abajo. Hay una carencia de esa energía de aceptar que yo soy mujer y feminista y que mi otra compañera también es mujer y feminista. El acuerpamiento para mí, también es aceptar los aportes de otras compañeras. En la red tenemos compañeras que han sufrido violencia de feministas que las difaman. Han llegado a decir cosas como: “¿Ustedes conocen a tal persona? Se prohíbe trabajar con ella…”. Yo no hago eso, mi dignidad no me lo permite.

Julieta Paredes también es feminista comunitaria y ha sido denunciada por otras comunitarias[3] de violencia machista y de esto mismo que tú relatas: intentar aislar a quienes la denuncian. ¿Qué piensas de eso?

-No la conozco directamente, no conozco su violencia, pero he escuchado que está atacando a unas mujeres y por lo tanto nos está atacando a todas las mujeres. Eso todas lo sentimos porque las comunitarias somos juntas acuerpadas. ¡Cómo es posible que una mujer ejerza violencia patriarcal en contra de otra mujer, su compañera, su pareja u otras! ¡Cómo es posible que una feminista comunitaria haga lo que los hombres nos han hecho! En mi comunidad se dice: “el diablo predica, más no convierte”.

El patriarcado “te puede asesinar con la boca”

Elizabeth es parte de un feminismo comunitario territorial que interpela a las comunidades en resistencia exigiendo coherencia al interior de sus luchas comunitarias-indígenas.

¿Cómo es la vida de las mujeres en la comunidad?

San Juan es un pueblo muy patriarcal al igual que todas las comunidades de por ahí. En San Juan, el cien por ciento de las autoridades comunitarias ancestrales son hombres. Si hay una actividad, las mujeres son importantes, pero en la cocina. Hacen todo ese trabajo, las tortillas, toda la comida y los hombres, comen. Lo más impactante es que ellos comen en la mesa y nosotras debemos comer en el piso.

 ¿Un “uso y costumbre”…?

Eso dicen, pero si lo vemos de otra manera es muy evidente el machismo. Las leyes, la constitución dicen que tenemos “igualdad” y toda esa cuestión, pero eso no existe en la comunidad. Alrededor de mi comunidad hay doce comunidades más, y todas las autoridades son hombres igual que en las iglesias. En las comunidades hasta ahora no se atreven a incluir a las mujeres en las autoridades comunitarias, yo tuve la oportunidad de integrar un Consejo comunitario pero jamás ejercí como tal, siempre me desplazó un hombre, y cuando finalmente una mujer integra estos grupos en la comunidad, empiezan las críticas de parte de hombres y mujeres, porque la “costumbre” asume a los hombres en espacios públicos a “su” mujer en casa, en trabajos domésticos.

¿Y las mujeres qué dicen de todo eso?

-Las propias mujeres no te van a apoyar si denuncias el machismo. Considero que soy un caso especial, digo lo que pienso, me indigno. Los ataques a mí, muchas veces, vienen directamente de mujeres. Hay mucha competitividad entre mujeres, por lo físico (la belleza), por la ropa, por el dinero… Creo que son cosas que no queremos ver, pero nos pasan… Y yo digo que ellas compiten solas porque yo no voy a responder.

San Juan, Guatemala

Violencia entre mujeres…

Sí, veo y vivo tanta violencia de las propias mujeres como de los hombres en la comunidad. Lucho contra esa violencia patriarcal, machista, de mis propios compañeros, de mi propia familia, incluso a veces de mi propia mamá.

Inicié mi lucha a los 17 años y me fui dando cuenta de lo imposible que es trabajar con hombres, que lleguen a entender nuestras necesidades. Y de lo difícil que es también trabajar con muchas mujeres por su machismo aprendido.

¿Qué pasa con las mujeres solas en la comunidad?

-Es muy difícil. Hay chicas que fueron embarazadas por policías del contingente que envía el Estado. A veces las enamoraron, otras veces fueron abusos. Los policías se fueron, se cambiaron de región y las chicas se quedaron con las responsabilidades solas. Chicas menores de edad que se quedan solteras y el rumor, especialmente entre las mujeres es: “es una puta”, “abrió las piernas y el hombre no quiere responder”. Yo digo “ella está en su plena libertad de hacerlo si lo hizo por deseo propio”. “Si quiere abortar, que lo haga, si quiere tener el bebé, que lo haga…”.

¿Pueden abortar…?

-En la práctica puede hacerlo, pero cuando la gente se entera es tremendo para ella. La gente te puede asesinar con la boca. Acá es tal, que cuando la chica se embaraza y no quiere tener el bebé, mejor se desaparece y no vuelve en cinco años por lo menos, y luego cuando vuelve, capaz que la recuerden y dicen: “¡ah, esa estaba embarazada y abortó y desapareció y ahora regresa a lo mismo! ¿Y quién es su marido?”… Es muy difícil la vida de las mujeres en la comunidad. Si te pintaste el cabello: “¡Eres una puta”,  si llevas la falda más arriba “eres una puta”. ¿Qué ganamos con criticar, humillar, asesinar a las mujeres con nuestra voz y palabras?

“La Iglesia ofrece Paz, pero no hay Paz”.

Elizabeth, como muchas activistas de causas feministas tiene una historia no lineal de ideas y experiencias, y fue desarrollándose desde una dirigencia juvenil de Iglesia hasta llegar a defensora y feminista comunitaria.

¿Tu comunidad es católica?

Sí, y me he dado cuenta que son mucho más católicos que cercanos a la espiritualidad maya. Actúan parecido a las Iglesias. La mayoría de las mujeres en la Iglesia como en la comunidad, saben lo que “deben” hacer: cocinar, adornar, servir, lavar los trastos, porque son las iglesias católica y evangélica las que marcan nuestra cultura.

Tú has sido de Iglesia…

Sí, y me sirvió para darme cuenta que pasa lo mismo en la Iglesia y en la familia. Mucha influencia de una en la otra: Mi papá dice que nosotras somos mujeres, entonces “debemos servir la mesa y servirle al hermano varón”, que “él varón no puede estar en la cocina”, que “los hombres después del trabajo, descansan”…

¿Crees en Dios?

-Creo en un ser supremo y en que han existido ancestras creadoras de vida. Antes de la invasión a nuestros pueblos no había Iglesia ni santos. La Iglesia nos ha violentado. Hace más de 500 años acá no existía la Iglesia. Nuestras ancestras conocieron la creación de la vida de otra manera, tenían cerros sagrados, territorios sagrados, altares, centros ceremoniales.

Te tornaste crítica con la religión de occidente y su peso en la comunidad…

Así es, me fui dando cuenta de toda la violencia ejercida por sacerdotes y religiosas contra niñas y niños, en sus iglesias, incluso violencia sexual. Me ha ido impactando: Les he dicho a mis papas: ¿por qué la Iglesia lo permite? ¿Por qué el Papa no hace nada? El Vaticano es millonario y nosotros seguimos tributando a la Iglesia mientras hay niños muriendo de hambre y mujeres esclavizadas. La Iglesia ofrece paz, pero no hay paz. Mi familia dice que hay que seguir a un solo Dios y yo digo: Jesús fue muy político, hizo acuerdos, manifestó, protestó, denunció. ¿Por qué entonces ahora nosotros no podemos hacerlo? Pero hablar así acá es pecado.

Capitalistas, genocidas y feminicidas

La familia fundadora de CEMPRO, de apellido NOVELLA, tiene gran poder económico en Guatemala. De hecho sus ejecutivos reconocen una inversión de US$720 millones en el municipio indígena de San Juan Sacatepéquez. CEMPRO Comercializa cemento, concreto, cal y servicios de construcción. A inicios del año 2000, el 20% de las acciones de CEMPRO pertenecían a SUIZA HOLCIM, pero ésta se retiró en enero 2013[4] por la presión de las comunidades que intervinieron caminos e hicieron una consulta con miles de votantes rechazando la instalación. La Corte Constitucional ratificó los resultados, pero el gobierno en complicidad con CEMPRO no respetó. En 2008 el presidente Álvaro Colom envío medio millar de policías y soldados a reprimir a las comunidades que se oponían. Esto no cesó, en 2014 una familia completa fue asesinada, se culpó a las comunidades en resistencia y se decretó estado de sitio.

¿Un montaje?

-Sabemos que fue planificado para decretar estados de sitio, uno se decretó el 21 de septiembre de 2014 y hasta la fecha no se ha levantado. Se dice que se ha levantado, pero nuestro territorio está ocupado. Hay destacamentos militares por todas partes y el ministerio público entra y sale como quiere. Asesinaron a compañeros, encarcelaron a una compañera, se aprovecharon de su dolor para que se inculpara, cooptaron a la dirigencia. Dejamos de ser libres cuando llegó CEMPRO a nuestra comunidad.

Con la complicidad de los gobiernos…

Así es, complicidad con el estado y otras entidades privadas y públicas. El alcalde del municipio de San Juan Sacatepéquez no se les opone. Varias empresas pequeñas se aliaron también a la cementera y hasta ciertos institutos. Como Intecap por ejemplo, instituto de capacitación técnica, que en alianza con Cementos Progreso, va a las comunidades “a capacitar mujeres en cocina, en costurería, peluquería…”. ¿Y cuál es el objetivo?: Desplazar a las mujeres de la agricultura y la floristería y enseñarnos oficios “de mujeres”…

Oficios que no sustentan a las comunidades

-Así es, que no aportan a nuestra subsistencia comunitaria. Las mujeres igual siempre hemos sabido cocinar… ahora muchas “capacitadas” van a saber cocer a máquina y cortar cabello, pero no vamos a tener agua ni territorio. Es una burla.

En 2015 se reveló que un hijo de la familia dueña de CEMPRO es un femicida[5]. Todo calza entre burguesía, estado y capitales, y por ello la resistencia de las mujeres es más dura. Elizabeth sueña con “litigar casos de mujeres” cuando sea abogada, pero mientras tanto sigue denunciando el genocidio de la tierra y no se calla ante las prácticas patriarcales al interior de la comunidad porque la aniquilación emocional y la práctica de borrar, omitir, negar a las mujeres no calza con feminismo ni con lucha comunitaria, ni en la ciudad ni en la comunidad. Para Elizabeth “todo eso hay que castigarlo espiritualmente y por medio de nuestras luchas comunitarias”.

CEMPRO

[1] Tuve la oportunidad de entrevistarla en un encuentro de defensoras de la tierra organizado por FAU, Fondo de Acción Urgente para las mujeres en 2017. Prefiere resguardar su nombre por las diversas dificultades que enfrenta cotidianamente. Por esas mismas dificultades es que esta entrevista logra recién ver la luz. Hemos trabajado juntas –virtualmente- en ella.

[2] La petición y denuncia Change.org decía en uno de sus párrafos: “la maquinaria estatal guatemalteca que reprimió en los oscuros años del genocidio  sigue existiendo, no ha desaparecido, pero se ha renovado y ha desarrollado nuevas formas de violentar la integridad física y moral de las mujeres indígenas que se atrevan a cuestionar o denunciar los intereses de las grandes empresas que atentan contra la vida de las comunidades, las atacan feroz y frontalmente y también las intimidan produciendo rumores y difamaciones  en sus comunidades…”. https://www.change.org/p/personas-de-todo-el-mundo-organizaciones-sociales-y-personalidades-amigas-firma-y-denuncia-que-la-violencia-extractivista-es-contra-las-mujeres-ind%C3%ADgenas-y-sus-comunidades La petición está cerrada y según la página consiguió 1,013 firmas.

[3] Feministas comunitarias antipatriarcales de Bolivia llevan una causa legal en contra la feminista comunitaria Julieta Paredes Carbajal por violencia; se trató de un femicidio frustrado contra su pareja en un intento por quemarla a ella y otra compañera quemando la casa que habitaban juntas con ellas adentro el año 2016. Ver denuncia del año 2017 enviada a la autora de esta entrevista CARTA DE FEMINISTA COMUNITARIA ANTIPATRIARCAL SOBRE LA VIOLENCIA VIVIDA DE PARTE DEL “FEMINISMO COMUNITARIO” https://www.facebook.com/notes/puntada-con-hilo-comunicaci%C3%B3n-feminista/carta-de-feminista-comunitaria-antipatriarcal-sobre-la-violencia-vivida-de-parte/486565891467404/; también DENUNCIA: ACALLAMIENTO A TRAVÉS DE UNA CONTRADEMANDA LUEGO DE LA DENUNCIA DE VIOLENCIA… (FEMINISMO COMUNITARIO ANTIPATRIARCAL)https://www.facebook.com/notes/puntada-con-hilo-comunicaci%C3%B3n-feminista/denuncia-acallamiento-a-trav%C3%A9s-de-una-contrademanda-luego-de-la-denuncia-de-viol/745091945614796/; y  BOLIVIA, FEMINISTAS COMUNITARIAS ANTIPATRIARCALES: “¿QUÉ ESPERAMOS DENUNCIANDO LA VIOLENCIA?…”… https://www.facebook.com/notes/puntada-con-hilo-comunicaci%C3%B3n-feminista/bolivia-feministas-comunitarias-antipatriarcales-qu%C3%A9-esperamos-denunciando-la-vi/707772626013395/. Por otra parte la autora de esta entrevista  (victoria aldunate morales) también vivió la violencia en pareja de Julieta Paredes Carbajal entre los años 2011 y 2012, ver: MI CARTA, REFLEXIÓN, RELATO… SOBRE “RUPTURAS” “COMUNITARIAS”. https://www.facebook.com/notes/puntada-con-hilo-comunicaci%C3%B3n-feminista/mi-carta-reflexi%C3%B3n-relato-sobre-rupturas-comunitarias/486572531466740/

[4] Para trasladarse a Tailandia, a la Siam Cement City (SCCC)

[5] Diego Carlos Estuardo Dougherty Novella (43 años) asesinó a Gabriela Kabrins Alban (30 años), su novia el 29 de julio de 2015. La mató destrozándole la dentadura, azotándola contra la pared, violándola con una pinza rizadora de cabello. Su cuerpo fue encontrado en el hotel sudafricano Camps Bay Retreat (donde una habitación cuesta US$ 10.000) en Ciudad del Cabo. La víctima era una exitosa empresaria de ascendencia mexicana en Los Ángeles que en 2009 había recibido el premio “Mujer Latina de Negocios”. El feminicida, según determinaron los médicos e informan los medios, no sufre enfermedad mental ninguna. Nunca ha trabajado un día a nadie porque contaba desde su niñez con un fondo de US$10.000 mensuales. Diplomáticos guatemaltecos le brindaron “su apoyo con presencia en las audiencias judiciales”. Fuentes: Análisis (Guatemala, “Hermano de Presidente de Cementos Progreso señalado por asesinato”, 6 Octubre 2016), https://cmiguate.org/hermano-de-presidente-de-cementos-progreso-senalado-por-asesinato/  Prensa Libre, 5 agosto 2015, JOEL SUNCAR, https://www.pressreader.com/guatemala/prensa-libre/20150805/282325383688767

El Debate (México) con información de Univisión (Estranguló y violó a su novia con un rizador de cabello,  3 de Agosto 2017), https://www.debate.com.mx/mundo/Estrangulo-y-violo-a-su-novia-con-un-rizador-de-cabello-20170803-0197.html