Buena parte de los televidentes que siguen a diario la teleserie nocturna de Canal 13 Pacto de Sangre se mantienen expectantes ante las estrategias desplegadas por un grupo de amigos para no ser descubiertos luego de participar en la muerte de una adolescente, causada en la despedida de soltero de uno de ellos.

Otros se mantienen sensibilizados en torno a la madre de la joven víctima, piensan en su sufrimiento y dolor, y se afectan con la incertidumbre de su búsqueda.

Al parecer, muy pocos se encuentran incómodos o impactados por el contexto de vida de la adolescente, el cual se mantiene en un lugar secundario que no permite visibilizar su victimización como adolescente expuesta a través de los medios digitales a la explotación sexual.

Como es habitual, la realidad supera la ficción, y así como ocurre en la teleserie, los niños, niñas y adolescentes se mantienen invisibles, responsables a los ojos de la sociedad de su propio destino, con la idea que ellos “deciden” exponerse al contacto con otros adultos, pudiendo derivar en algún tipo de intercambio sexual.

Tanto en Chile como en el mundo, la explotación sexual de niños, niñas y adolescentes (NNA) ha diversificado su modo de operar, beneficiándose de las nuevas tecnologías y, en especial, de las redes sociales.

No ha sido fácil problematizar la utilización y el acceso, desde edades muy tempranas, a videojuegos, Youtube, WhatsApp, Instagram, y otros sitios de internet, sin supervisión adulta.

Se desconocen y escasamente se difunden los riesgos existentes, más aún dada la facilidad que actualmente presenta la Red para que NNA sean contactados por un adulto/a. En el ciberespacio, este adulto inicialmente se mostrará amable, buscando solo amistad, pero posteriormente, una vez ganada la confianza, se encaminará a seducir, engañar e incluso extorsionar al NNA, utilizando las mismas imágenes o videos que ha obtenido a través del mismo (grooming). O bien, abusará o explotará sexualmente al NNA luego en el espacio real, o buscará difundir esas imágenes ilícitamente obtenidas (producción y difusión de pornografía infantil).

Las nuevas tecnologías sin duda imponen nuevos desafíos en lo relativo al combate y la erradicación no solo de la explotación sexual, sino también de la pornografía infantil, delito que también tiene escasa visibilidad y que cada vez goza de más fácil circulación gracias a las redes y medios tecnológicos de comunicación.

Es importante recalcar que la imagen utilizada para difusión, producción y/o almacenamiento de material pornográfico infantil no solo daña al NNA en su integridad psíquica y física al momento de ser obtenida, sino que la mantención de dichas imágenes, ya sea en poder de quien produce o almacena las fotografías, o bien de quien hizo difusión de ellas, merma y vulnera esa integridad de manera permanente en el tiempo si no logran ser retiradas de la red.

Lo anterior implica la necesidad de conocimientos sobre los marcos jurídicos, para poder desplegar mecanismos efectivos y ágiles de investigación. La búsqueda y recuperación de imágenes no solo tiene fines probatorios de los delitos, sino que tiene una fundamental importancia para la protección y para la reparación, pues impide la difusión de dichas imágenes y la pérdida de control sobre ellas.

Se debe concluir también que cada caso debe ser investigado con mucho celo, pues puede conducir a identificar otras víctimas y a frenar a “explotadores” de alto nivel de peligrosidad. Chile tiene una de las leyes más modernas para investigar estos delitos, sin embargo, parece desconocida en su aplicación, o bien ésta es lenta y con excesiva tardanza. Proteger de manera eficaz debe ser uno de los principales nortes, integrando el accionar de los diversos organismos relacionados. Esto es un deber de las instituciones, porque los peligros son reales, y las consecuencias también, no solo de un guion de telenovela.

 


Coordinadora de Proyectos de Corporación Opción