Ha pasado un mes desde la tercera Cumbre Intercoreana en Pyongyang. Los principales temas de discusión fueron la mediación de Corea del Sur en el diálogo entre Corea del Norte y los Estados Unidos para la desnuclearización de la península coreana, así como la revisión de la implementación de la Declaración de Panmunjom en sus ejes clave: la reducción de las tensiones militares y el fin de la amenaza de guerra, y el desarrollo de las relaciones intercoreanas.

Del documento firmado por ambos líderes llamado “Declaración de Pyongyang” se puede apreciar la falta de detalles sobre el programa nuclear norcoreano un cronograma para el desmantelamiento, especialmente en el cierre de instalaciones de pruebas, almacenamiento de misiles y reservas de uranio, pese a su compromiso de desmantelar completamente su reactor nuclear en Yongbyon y su instalación de prueba de motores de misiles Dongchang-ri junto con su plataforma de lanzamiento de misiles bajo la inspección de expertos internacionales.

Es el presidente Moon Jae-in quien se ha hecho cargo principalmente de avances concretos en la pacificación de la península como el actor “más responsable” del esquema trilateral con Estados Unidos, asumiendo el liderazgo del proceso de acercamiento intercoreano y tomando el rol de mediador entre este último y Corea del Norte. Incluso ha mostrado rasgos de una figura de “padre” y voz de la razón frente al sistema internacional, declarando que Kim Jong-un “está pidiendo a la comunidad internacional que confíe en su sinceridad”, a quien calificó de “joven”, “sincero” y alguien que “respeta a los mayores” en la última reunión con Donald Trump en Estados Unidos a fines de septiembre.

Moon Jae-in no actuará en contra de los intereses de la Casa Blanca, pero posee la suficiente fuerza y voluntad para no abandonar a Corea del Norte en miras a un manejo de la aún frágil relación intercoreana de forma unida, como una península bajo una sola bandera con los mismos objetivos.

Hoy, Corea del Sur se posiciona como una fuerza clave para la viabilidad de la pacificación de la península. La política del presidente Moon Jae-in de acercamiento con Corea del Norte incluye avances importantes proyectos económicos conjuntos para mejorar su infraestructura, principalmente carreteras, ferrocarriles y suministro de electricidad, que nos recuerdan a planes similares que han fracasado desde los últimos intentos en el marco de la Sunshine Policy impulsada por el presidente Kim Dae-jung.

La línea ferroviaria propuesta entre Seúl-Pyongyang-China de 35.000 millones de dólares será respaldada por Corea del Sur, también se acordó detener los simulacros militares cerca de la línea de demarcación militar (MDL), retirar algunos puestos de guardia fronterizos, desarmar el Área de Seguridad Conjunta en la Zona Desmilitarizada (DMZ), además de  la promesa de enviar un equipo conjunto a los Juegos Olímpicos de 2020, así como presentar una propuesta para organizar de forma conjunta los Juegos Olímpicos de 2032 y mejorar la gestión de las reuniones familiares, reemplazando las reuniones personales periódicas se reemplazarán por puntos de funcionamiento permanente, y en el futuro, a través de la comunicación por video-llamadas.

Se ha anunciado que Kim Jong-un pronto viajaría a Seúl, siendo la primera vez que un líder norcoreano se encontraría en la capital surcoreana, lo cual va de la mano con otra probable visita histórica, la del Papa Francisco a Pyongyang.

En el marco de su gira europea donde solicitó apoyo para la causa de la paz en la península coreana, Moon Jae-in y su equipo entregaron una invitación verbal de parte de Kim Jong-un al Sumo Pontífice para visitar Pyongyang, el mismo que llevó su invitación un al presidente Donald Trump para la reunión bilateral que tuviera lugar en Singapur en junio. El Vaticano respondió que, de recibir una invitación formal y oficial, el Papa estaría dispuesto a pisar suelo norcoreano.

De allí que los principales desafíos de la administración del presidente Moon hasta el momento son tres. En primer lugar, mantener en el tope de la agenda política el discurso de paz y estabilidad en la península; en segundo lugar, acelerar las negociaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte para garantizar las acciones concretas del régimen norcoreano respecto a la desnuclearización y, en tercer lugar, que Kim Jong-un respete el rol mediador de su contraparte, considerando que sus declaraciones y promesas estuvieron dirigidas no a Moon, sino a Trump, evitando quedar atrapado entre las ambiciones de ambos líderes.

Definitivamente Moon Jae-in está corriendo un gran riesgo como el pivote entre dos actores cuyos liderazgos son impredecibles y ambivalentes, pero alguien debe hacerlo para propiciar un clima de confianza que permitiera trazar negociaciones para un tratado de paz más amplio y reemplazar el armisticio con el esperado fin de la Guerra de Corea, presionar a Estados Unidos para negociar y garantizar que la declarada “nueva era de paz y prosperidad” no se esfume antes de empezar.

Con las eventuales visitas de Kim Jong-un a Seúl y del Papa Francisco a Pyongyang, podríamos esperar que salga humo blanco para la pacificación de la península coreana y un avance histórico en la seguridad internacional.


Analista en Políticas y Asuntos Internacionales de la Universidad de Santiago de Chile e Investigadora Asociada del Chilean - Korean Study Center Program.