Faltan 10 minutos para las 6 de la tarde y el sol sigue pegando fuerte en la explanada de la rectoría de la Universidad de Santiago. Estudiantes, mujeres que acaban de salir del trabajo, dirigentas sociales y sindicales van llegando de a poco, se encuentran con amigas, saludan a otras y buscan espacios donde instalarse a la sombra. Al cabo de una hora, ya son más de 2 mil las personas esperando a la filósofa y feminista ítalo-estadounidense Silvia Federici.

A la multitud la convoca la presentación de “El patriarcado del salario”, el último libro de la escritora, que la ha llevado a una gira organizada por la Fundación Rosa Luxemburgo por Chile y Argentina que ya extiende por un mes. El evento se enmarca en el aniversario de los 10 años de Fundación Sol, que articuló un encuentro entre trabajadores sociales de Chile y el Cono Sur.

La cita comienza una hora después con palabras de las autoridades de Fundación Sol, la Usach y la Fundación Rosa Luxemburgo. Luego sube al escenario Camila León, de la Vocalía de Sexualidades y Género, quien lanza un recordatorio sin anestesia sobre la violencia que han experimentado las estudiantes durante los últimos años en el plantel, con amenazas de violación e insultos ante la reciente paralización. También dispara contra los discursos de odio de los grupos evangélicos al interior de la universidad, “disfrazados de una supuesta libertad de expresión”.

Antes de dar paso a dos compañeras de la Vocalía Laboral que se refieren a la situación de subcontrato y precarización de las trabajadoras de la casa de estudios, León recuerda la violencia institucional ante las denuncias de abuso y acoso sexual. 

“Existen situaciones en donde los fiscales en las entrevistas se han puesto a cuestionar a las víctimas”, reclama, agregando que la casa de estudios “vende su imagen como una entidad protectora y llena de conciencia social que para los casos mencionados es del toda inexistente”. Sus compañeras la aplauden al cerrar.

Minutos después aparece Silvia Federici en medio de una ovación, viste de negro y pañuelo rojo. Con calma, saluda a la audiencia sonriente y acomoda el sillón de frente al público antes de sentarse. La moderadora comienza preguntándole sobre los caminos que pueden tomar los movimientos populares ante los procesos de mercantilización de la vida, a la que ella responde con gracia: “Bueno, no es una pregunta pequeña, ¿no?”. La multitud ríe al unísono.

Silvia se acomoda el micrófono y asegura que antes le gustaría agradecer a todos y todas por la organización. Manifiesta emoción por estar en un lugar “tan histórico, que trae memorias de otro tiempo”. Hace décadas, Fidel Castro y Ángela Davis también se dirigieron al público en el mismo espacio. Pero no evade lo que acaba de escuchar y señala que le duele y le apena “escuchar a las compañeras que dicen que el cambio social que se podía esperar todavía no se ha cumplido, que los abusos siguen y siguen también en esta universidad”. Así comienza la conferencia.

Foto: Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres.

Azuzando los debates

Federici comienza su presentación leyendo el presente del sistema capitalista, donde observa una aguda crisis que amerita construir “un frente amplio de movimientos sociales”. La sola frase -que recuerda el nombre de la coalición de izquierda- despierta risas y susurros alrededor. “Ahí la cagó”, bromea una de las asistentes.

La visita de la feminista a Chile no ha estado libre de la polémica ya usual de los grupos frenteamplistas. Tras su paso Valparaíso, donde estuvo acompañada de la diputada de Izquierda Autónoma, Camila Rojas, circuló la crítica entre algunos militantes de organizaciones que conforman el bloque. En una columna llamada “Malentendido Federici”, la filósofa feminista Alejandra Castillo hizo una dura crítica del despliegue de la autora en el puerto. Uno de los puntos que más se comentó -no solo por Castillo- fue la postura de Silvia sobre el voto: “Si cambiara algo, estaría prohibido”, ironizó entonces ante más de mil personas en el Teatro Municipal porteño, agregando que “o sirve muy poco o en situaciones locales, en situaciones limitadas”.

La definición molestó a Castillo: “Esta posición no es nueva y no necesariamente feminista, incluso ya es un “meme” que aparece en la redes sociales cuando se avecinan las elecciones. A esta altura de la intervención de Federici, mi entusiasmo se ha ido transformado en espanto”, describió.

Del otro lado, en un texto llamado “La caza de la bruja Silvia Federici en Valparaíso”, Mónica Iglesias, Directora del Centro de Estudios Interdisciplinarios en Teoría Social y Subjetividad de la U. de Valparaíso salió en su defensa: “Yo no sé si Silvia Federici sabe lo que es el Frente Amplio; de lo que no tengo duda es de que ciertas feministas del Frente Amplio no sabían quién era realmente Silvia Federici. Ahora entendieron  que ella es demasiado peligrosa para sus apuestas políticas, por lo que decidieron emprender una abierta cacería“.

Ambas entregan argumentos y tienen puntos interesantes para un debate que se da en formato de columnas cruzadas. Toda esa atmósfera acompaña la visita de Federici en Chile, en medio de dudas, aprehensiones políticas y el entusiasmo de aquellas que la leen hace años y también de otras que están descubriendo sus posturas. En la cita, Silvia se muestra fiel a sí misma, no entregas recetas, pero promueve la reflexión.

“Hoy, cuando hablamos de lucha contra el capitalismo o cómo desarrollar una perspectiva de lucha, no podemos hacerlo -esto para mí es como un mantra- a partir de un punto de vista abstracto, universalizante y desexualizado. Porque en una sociedad capitalista que por siglos y siglos ha construido divisiones, jerarquías, ha creado esclavos colonizados, trabajadores sin salarios, se han cimentado experiencias muy diversas. Para comprender qué es el capitalismo, cuáles son los mecanismos con los cuales sigue perpetuándose, es importante escuchar el punto de vista de todos los grupos que han sido oprimidos”, sostiene.

Como en otros espacios y en su bibliografía, la activista muestra su desconfianza hacia el Estado y asegura que el movimiento feminista está siendo cooptado por aquellos que pretenden involucrar a las mujeres en la economía global. El único objetivo, dice es activar el sistema capitalista en crisis y subraya que los gobiernos que juegan a integrar a las mujeres al trabajo precarizado no son feministas.

Ante el escenario, la respuesta de Federici apunta a construir un movimiento “que no separa el cambio de la condición de las mujeres del cambio social en general, del proyecto de creación de una sociedad libre de la explotación del trabajo humano. Una sociedad que no se nutre ni construye continuamente jerarquía, divisiones”.

Foto: No Más Violencia Usach.

“Tanto más los fetos tienen derechos, tanto más las mujeres los pierden”

La charla se despliega como una exposición hasta cierto punto, en el que la filósofa interrumpe para dar paso a las preguntas de las y los asistentes. Alrededor destacan los pañuelos verdes, símbolo de la lucha por el aborto legal, gratuito y seguro. En YouTube, donde el encuentro se transmite en línea, usuarios agradecen el streaming desde Puerto Montt y otros rincones del país.

Federici no desperdicia la oportunidad de insistir en su crítica a la izquierda: “Siempre ha visto a las mujeres como un grupo social muy atrasado, confinado al hogar, al barrio, a la casa siempre han visto a las mujeres como sujetos que podrían apoyar la lucha de los hombres, de los asalariados. Ha sido importante para el movimiento feminista poder decir que no, que la gran parte de las tareas a la cual las mujeres han sido confinadas en la sociedad capitalista es un trabajo fundamental por la reproducción no solo de la vida humana, sino de la acumulación capitalista, que dicho trabajo reproductivo, del hogar, doméstico, que siempre ha sido considerado por la izquierda como servicio personal es un trabajo de producción. Quizás el trabajo más importante en esta sociedad porque crea, produce, cada día, a los trabajadores mismos, la fuerza de trabajo”, expone.

En sus respuestas, centrándose en el tema de su último libro, la activista asegura que el capitalismo ha delegado a los hombres, a través del salario “el control de la vida de las mujeres”. Y para peor, recalca, ha silenciado toda una explotación “que es parte de la lucha de clases y que se confunde como un drama familiar”.

“No solo son los obreros los que han construido todo esto, nosotras hemos construido a los obreros”, añade, ganando aplausos y algunas sonrisas. A través del salario y su control en el hogar, Federici asegura que el hombre “se transformó en un representante del Estado en la casa”.

Foto: Fundación Margen.

La profesora no podía dejar pasar la oportunidad de hablar sobre la campaña de grupos antiaborto y de las iglesias evangélicas y católicas en contra de los derechos de las mujeres, que se ha evidenciado el último tiempo en la región: “Defienden los derechos de los fetos”, señaló, añadiendo que “tanto más los fetos tienen derechos, tanto más las mujeres los pierden”. Frente a ello, recalcó “hay que hacer una campaña para desenmascarar la hipocresía del sistema, porque cuando el feto se convierte en bebé te rechazan todo”.

En las preguntas, la feminista también fue consultada sobre lo que ocurre con la lucha contra el extractivismo y con los dirigentes y dirigentas sociales defensoras de la tierra que son asesinados por agentes privados. La multitud, que se mantuvo casi inmóvil durante las dos horas, tendidos en el pasto o aglutinados alrededor del escenario, aplaude al escuchar los nombres de Macarena Valdés, Juan Pablo Jiménez, Alejandro Castro, Nelson Quichillao y de Rodrigo Cisternas.

Federici apunta a la necesidad de construir un tejido social que rompa el aislamiento y la soledad en la que a veces se encuentran las y los luchadores sociales. De paso, recuerda que aunque algunos asesinatos sean cometidos por agentes privados, cuentan “con la complicidad del Estado, que puede ser directa o indirecta, con la impunidad manda un mensaje”.

También la interpela una trabajadora sexual, quien reclama que algunas feminismos mantienen posturas paternalistas frente a ellas y le pregunta cuál es el rol que deberían jugar la feministas profesionales en la lucha que están librando. Federici se anticipa a aclarar que no cree en el “feminismo profesional”, pero puntualiza que “hay muchos otros trabajos que son tan violentos y causan tanto sufrimiento como puede causar el trabajo sexual”.

Para ejemplificar, la escritora recuerda que el matrimonio ha sido una solución económica para muchas mujeres en la historia. “En la vida de las mujeres siempre hubo una continuidad entre el matrimonio y el trabajo de prostitución”, sostiene, asegurando que “el matrimonio ha sido una forma de prostitución”. Vuelven a aplaudirla: “Compañera, no somos moralistas”, se explica, añadiendo que el capitalismo siempre ha dividido a las mujeres en buenas y malas y recalcando que espera “un feminismo que aprenda a superar estas divisiones”.

Foto: Marcha Mujeres Chile.

Al cierre recalca la necesidad de que las mujeres articuladas en frentes mixtos de organización sepan mantener espacios autónomos: “Nosotras hemos visto un cambio enorme en el momento en el cual empezamos a juntarnos y examinar la condición de la mujer. Nunca habría podido ser posible que analizáramos la la sexualidad en esta sociedad capitalista, qué es lo que no va bien, nunca habría sido posible en un espacio mixto”, argumenta. También entrega un consejo: “No vayan a perder energía intentando educar a los hombres”. Según Federici, cuando las mujeres dejaron las organizaciones de izquierda, “los hombres empezaron a comprender algo”.

De cara al 8 de marzo, aconsejó entender que, aunque el día es simbólico e importante, lo más prioritario es el proceso, el camino que apunta al 8 de marzo o a la huelga. “Hay que hacer dos cosas: juntar lucha, organizaciones que ya existen y que todavía están desarticuladas y, en segundo lugar, desarrollar un programa -que no significa línea de partido- para ver cuáles son las estrategias, la forma de lucha más importante en la cual enfocarse”, dijo.

La cita cierra con un coro de “Abajo el patriarcado que va a caer, que va a caer, arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer”. Las mujeres de pañuelos verdes conversan animadas caminando por el campus. La polémica sobre Federici continuará en círculos políticos y en las redes sociales. Al salir de la Universidad de Santiago, encapuchados queman una micro en protesta por la muerte de Kevin Garrido, el joven que murió tras ser apuñalado en Santiago 1.

Revisa a continuación la conferencia de Silvia Federici en Chile: