De momento, no han sido 15.000, tal y como el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció en plena campaña de las elecciones de medio mandato, pero sí que ya son 5.600 los soldados estadounidenses que esperan la caravana de migrantes centroamericanos en la frontera con México. El Departamento de Defensa dijo que en total espera enviar a unos 7.000 soldados al área para ayudar a las autoridades fronterizas a evitar las caravanas de migrantes que en estos momentos recorren México en dirección a EE.UU.

Este fin de semana tuvo lugar un despliegue más amplio de los agentes en las zonas fronterizas y los soldados empezaron a instalar sus dependencias. Las tropas se repartieron entre California (1.300 militares), Arizona (1.500) y Texas (82.800).

Las instalaciones mantienen algunas semejanzas con las bases que fueron establecidas en Afganistán e Irak a principios de la década de los 2000. Sin embargo, la principal diferencia es que los soldados no reciben un pago extra por estar en posición de combate activo ni tampoco hay un pago por enfrentarse a grupos hostiles, ya que los soldados no van a interactuar con los migrantes. De hecho, según explicaron esta semana fuentes del Pentágono, los militares no participarán en labores de control aduanero porque eso contravendría la Ley Posse Comitatus de 1878, que prohíbe el uso de las fuerzas armadas para responsabilidades civiles de aplicación de la ley, a menos que haya autorización del Congreso o vía las previsiones de la Constitución. No obstante, desde los ochenta, el Departamento de Defensa ha dado apoyo indirecto a temas de combate al terrorismo y al narcotráfico en la frontera. Además, a menos que se emita una exención especial, tan solo los miembros de la Policía Militar portarán armas durante la misión. Eso, pese a que las indicaciones de la Casa Blanca son que las tropas estén armadas y listas para contacto directo con los migrantes con leyes del uso de la fuerza.

Por ahora, se desconoce el coste total de la movilización militar, pero los responsables del presupuesto del Departamento de Defensa mostraron su preocupación por que la cantidad de soldados enviados a la frontera pueda llegar, verdaderamente, a los 15.000 sujetos, lo que podría elevar los gastos hasta los 200 millones de dólares, sin que haya ninguna partida presupuestal específica pensada para ese fin. De hecho, en el Pentágono, los funcionarios se quejan en privado del despliegue por considerarlo un desperdicio de tiempo y recursos.

La decisión de Trump de mandar agentes a la frontera chocó con el planteamiento que hasta ahora ha mantenido el secretario de Defensa, James Mattis, de alejar a los soldados de la politización de su trabajo. La relación entre ambos se ha deteriorado considerablemente a lo largo de los últimos meses.

Desde la década de 1980, Estados Unidos no tenía soldados en servicio activo a la frontera de con México. En aquel entonces, la decisión se tomó para ayudar en misiones contra el narcotráfico.