Editorial publicada en la edición N°4 de la Revista Trama.

CECIL GRAHAM: ¿Qué es un cínico?

LORD DARLINGTON: Un hombre que sabe el precio de todo, y el valor de nada.

CECIL GRAHAM: Y un sentimental, mi querido Darlington, es un hombre que ve un valor absurdo en todo y no conoce el precio de una sola cosa.

– Oscar Wilde, en “El abanico de Lady Windermere”.

Superar el neoliberalismo es un sentido anhelo de la izquierda. En Latinoamérica, los esfuerzos orientados a la construcción de modelos alternativos han sido de dos tipos: por un lado, el modelo neodesarrollista, en países como Brasil y Argentina; y por otro lado, el Socialismo del S. XXI, desarrollado en Venezuela, Ecuador y Bolivia. Con el aparente fracaso y la evidente debilidad de estos esfuerzos, parece cumplirse la profecía de Thatcher: “there is no alternative”.

En este contexto, la pregunta por la posibilidad de aspirar a un modelo alternativo se hace urgente; y, sin embargo, el sentimentalismo nos hace olvidar que “hambre no es pan”. Desde la izquierda, los esfuerzos intelectuales se han enfocado en visibilizar las problemáticas sociales, con el mero objetivo de generar una oposición a las políticas neoliberales. En este ejercicio, se constata con preocupación el vacío intelectual de la izquierda en materia económica; la que desde Marx, y los socialismos reales, no ha podido adecuarse orgánicamente al escenario económico actual.

Por lo mismo conviene recordar el gesto de Marx, de comprender el carácter de la burguesía en su totalidad. En nuestro caso, solo al comprender cabalmente al neoliberalismo podremos enfrentarlo exitosamente: transparentando sus presupuestos será factible socavar su funcionamiento; lo que tendrá como efecto la supresión del ideal político que realiza. Será entonces cuando el neoliberalismo estará en condiciones de ser superado.

Quizá algunos aprendizajes de este número serán útiles en esa tarea. Por lo pronto, puede comprenderse al neoliberalismo como un modelo particular de capitalismo. Se caracteriza, en primer lugar, por mercantilizar todas las relaciones sociales, resultando segregadas según su precio de mercado; incluyendo aquellas que inciden directamente en la dignidad de las personas, como los derechos sociales. En segundo lugar, por su extensión global. El ideal político que supuestamente realiza, a escala planetaria, es la “libertad de elegir” individualmente la “empresa” que será nuestra vida. Dado que todo en el mundo tiene un precio, somos libres de comprar nuestra felicidad: el neoliberalismo es el cinismo de Wilde llevado a la perfección.

Chile no está exento de ese cinismo: el neoliberalismo impuesto por la dictadura de Pinochet fue consolidado por el “pacto de la transición”. No podría ser de otra manera, pues todo modelo se sostiene por una decisión política; como la decisión sobre quién es el enemigo, o en este caso, mediante una decisión “constitucional”. Ese pacto destaca por su capacidad de entrampar la voluntad ciudadana a través de quórum contramayoritarios, un Tribunal Constitucional equivalente a una “tercera cámara”, y un sólido estado subsidiario. Esta institucionalidad neoliberal es también un desafío que deberá enfrentar la izquierda chilena, para empezar a determinar una alternativa al modelo.

De todo lo anterior se proyecta la urgencia de una intelectualidad global, capaz de comprender al neoliberalismo en su totalidad, y así dejarlo en condiciones de ser superado por un modelo alternativo. Como todo paradigma, el nuevo modelo requerirá de escuelas de pensamiento e instituciones donde desarrollarse; además de medios de formación de opinión pública, para difundirlo y convertirlo en el sentido común ciudadano. Con ello podrá reivindicar el valor de la dignidad en nuestra situación histórica: incorporando al feminismo y la orientación de sustentabilidad ecológica; contemplando los efectos de las nuevas tecnologías y el aumento del desempleo estructural; observando al comercio internacional y los procesos migratorios.

Por supuesto, una intelectualidad de ese tipo nunca surge desvinculada de movimientos políticos activos. La articulación vendrá de la mano de sus fuerzas sociales, y el esfuerzo capaz de abandonar al sentimentalismo de izquierda surgirá desde un compromiso militante. Para superar a los cínicos neoliberales, primero debemos derrotar el sentimentalismo que hay en nosotros.