-¿Qué te gustó y no te gustó de Filsa?
-Me gustó encontrarme con las amigas y amigos, escritores y/o editores chilenos, y con toda la escena editorial independiente. Me encanta que todos los chilenos sean editores independientes, los autores son editores independientes, las feministas son editoras independientes, los músicos son editores independientes, las actrices porno son editoras independientes… hasta los editores de editoriales multinacionales son editores independientes!!! Es encantador. No me gustó que está Filsa haya sido la menos visitada de su historia justo cuando Perú era el país invitado (buuuu), con todo el esfuerzo que supuso llevar a esa gentaza (de hecho hubo un esfuerzo por formar una comitiva más diversa de lo que suelen ser). Y creo que eso tuvo que ver con que fuera boicoteada por grandes intereses económicos o que no se pusieran de acuerdo entre los gremios en que hay modos de hacer que deben cambiar para seguir una andadura juntos y no perjudicar a lectores y autores que poco tenemos que ver con sus cuitas.

-¿Es verdad que algunas de tus crónicas las escribiste masturbándote?

-Jajajaja. Reivindico una escritura con el cuerpo, pero lo único que recuerdo haber dicho alguna vez sobre la masturbación es que cuando escribo muchas horas seguidas hago pausas para no sentir que no soy solo una cabeza que da órdenes a unos dedos. Así que por momentos prefiero ser unos dedos que dan órdenes a una cabeza. Sin duda la escritura se vuelve más física.

-Pensando que los círculos literarios oficiales son machistas y conservadores, ¿cuál ha sido el mayor escándalo que has protagonizado en estos espacios?

-No está bien que yo lo cuente pero a nivel de escándalos es célebre aquella vez en que aparecí en letras negritas en la página social de un periódico que daba cuenta de la fiesta de aniversario de la editorial Anagrama, al lado de nombres como Catherine Millet, Martin Amis, Tabucchi, Magris, Reza… mi nombre aparecía por una escena que había llamado la atención del periodista: yo, después de caerme en los jardines, gritaba desde el suelo: ¡sois dioses, sois dioses!

-La crónica de Bolaño es como una referencia a la nota original y según se dice ahí, mal escrita, que publicaste y sacaste de tu blog. ¿Por qué no incluir la nota original y publicar está donde se adivina lo que quedó fuera de cuadro, desbordes, conversas, borracheras de esa noche con los compinches de Bolaño, los menos famosos de aquel homenaje póstumo?

-El texto que aparece en Llamada Perdida es esa misma crónica pero ampliada, en el fondo tampoco es tan diferente, no he cambiado tanto como quisiera, ni mi escritura, por desgracia. No hubo ningún desfase en ese encuentro, nadie se cayó, ni fue una borrachera. Los amigos con los que me fui eran los más nerds, y estábamos con la familia, la madre y la hermana. Fue una noche más bien para el relato oral, de contarme cada uno de sus Bolaños íntimos. En un bar modesto, al que solía acudir Roberto. Lejos del glamour y de la pompa de la otra fiesta de la que salimos huyendo. Me gustó pasar esa noche con el lado de Bolaño más entrañable y marginal, que era el que yo buscaba en esa incursión de joven fan. Cuando llegué a Barcelona en el 2003 acababa de morir, su leyenda omnipresente era como la de Cesárea Tinajero, algo que nosotros los migrantes precarios aspirantes a escritores perdidos en Europa buscábamos ansiosamente en cada rincón.

-¿Cuál es el límite entre tu propia vida y la autoficción que construyes en los textos? Supongo que aunque escribas y hables de sexo en público, en la vida cotidiana no necesariamente es el tema que conversas en la escuela o con los vecinos.

-Hablar de sexo abiertamente forma parte de mi vida normal con quien quiera hablarlo y si no, hablo sola. Lo he hecho siempre, antes de los libros y después. Claramente sí, llámale autoficción si quieres, se trata en efecto de la construcción de la voz de una narradora en primera persona que se cuenta a sí misma y al resto, por lo tanto no cubre todas las dimensiones de la autora, pero sí muchas.

-En la recientemente estrenada serie de Netflix, Wanderlust, la protagonista quiere gritar a los cuatro vientos que ella y su esposo no le hacen mal a nadie al tener más parejas. Pero de a poco en la serie las cosas comienzan a no salir tan bien. En tu libro Llamada perdida relatas una vez que con tu esposo Jaime tuvieron una de las primeras relaciones con otra mujer y ella no solo se enamoró, sino que tuvo un aborto. ¿Estaba contemplado para ustedes enamorarse ambos de la misma persona y tener que contarlo, y quizás defender el derecho a vivir en la pareja que les plazca?

-También he visto esa serie, aunque me parece un poco heterocentrada y con un final decepcionante –por cierto me veo todas las series de tríos, relaciones abiertas y hasta polígamos, me encantan–, y lo que refleja es la dificultad y la complejidad de emprender relaciones no monógamas, que pueden llevarte a claudicar. Hay como una permanente tentación del fracaso, por no tener referentes, porque el entorno siempre te lo pone difícil, porque una misma es muchas veces enemiga, porque no sabemos equilibrar nuestros deseos egoístas y los cuidados de lxs otrxs. En mi caso te diría que las cosas del amor no se planean. Pero una vez que abres tu relación en lo sexual y luego en lo afectivo, se supone que pueden pasar estas cosas y nos ha pasado más de una vez. Y diría que sigue pasando. También es natural que estemos militando en el tipo de relaciones que establecemos y en el tipo de familias que formamos. Mi hijo se llama Amaru Wiener, mi apellido es su segundo nombre, es un guiño, no tenemos el derecho aún pero tenemos la libertad y vamos a luchar por ella. Creo que se puede hacer la revolución desde la cama y desde el amor también.

-¿Cómo viven las y los miembros de tu familia el hecho de que los lectores casi los conozcamos? Dan ganas de enviarle saludos a Jaime y a tu hija Lena.

Ellxs también mandan saludos de vuelta. ¡A mí todavía me sorprende! Pero estamos muy acostumbrados. Como en la respuesta anterior, te diría que los lectores conocen solo una parte de ellxs. Seguiremos informando.