Este miércoles el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva salió de la cárcel para testificar por el caso Lava Jato. En esta ocasión, pero, Lula cambió de interlocutor. El juez Sérgio Moro, que hasta ahora instruía el caso, se ha integrado al gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro, por lo que el ex mandatario testificó durante tres horas ante la nueva juez que lleva el caso, Gabriela Hardt.

“Quiero decir algo que ya le dije a Sérgio Moro: el primer proceso del que fui víctima fue una farsa. El segundo es otra farsa. Estoy pagando el precio porque soy un hombre que cree en Dios, en la justicia y en que la verdad va a prevalecer”, dijo Lula.

El ex mandatario también se refirió al juez Moro y a su actuar en el caso: “Me siento que fui un trofeo de la investigación [de Moro] de Lava Jato”, criticó en su declaración. Y agregó: “No sé si voy a vivir lo suficiente para que se sepa la verdad porque a los 73 años la naturaleza es implacable. Pero le pido a Dios que en algún momento la historia de este país pueda colocar la verdad de lo que pasó en la Lava Jato, que podría haber sido una cosa hecha correctamente para atrapar al ladrón y, en mi caso, se tomó un desvío. Y espero que podamos demostrarlo”, insistió. “No sé por qué nos les gusto, pero era un trofeo que necesitaban entregar. Se oía en la prensa: ‘Si Lula no va a la cárcel no vale'”, recordó.

El ex presidente es acusado de ser el dueño real de una finca en Atibaia, un municipio a las afueras de São Paulo, registrada a nombre de Fernando Bittar, hijo del ex alcalde de Campinas y amigo de Lula. Según la acusación, la casa fue reformada por la constructora OAS, la cual luego se vio beneficiada con contratos de la petrolera estatal Petrobras, investigada en el caso Lava Jato como centro operativo del lavado de dinero y de las malversaciones de fondos públicos.

Según Lula, solo entró en contacto con la finca tras dejar la presidencia de Brasil (2003 y 2010): [Me dijeron si] quería pasar un fin de semana ahí”, explicó.

Lula también se refirió al ejecutivo del ultraderechista Bolsonaro. “No sé si están viendo cómo están montando el gobierno ahora. Da la impresión de que no tienen ningún político, pero rarísimas excepciones, allí todo el mundo es político”, espetó.

Lula tiene pendientes otras cuatro sentencias por distintos procesos, además de este: se le acusa de haber pactado con la constructora Odebretch la compra de un terreno para construir el Instituto Lula a cambio de mantener la cúpula directiva de Petrobras. También se le acusa de haber negociado con lobistas suecos la compra de unos cazas militares, de haber aceptado un soborno cuando era presidente para prorrogar unos beneficios fiscales al sector del automóvil y de haber conseguido  unas en Angola para Odebrecht.