El escenario de Plaza Italia ha sido una vez más el espacio donde los ciudadanos se reúnen para expresar y demostrar sus sentires. Esta vez ha sido la honda pena e indignación por el asesinato cobarde de un Weichafe Mapuche ejecutado por el brazo armado de las pocas familias poderosas que usufructúan del saqueo del territorio llamado Chile.

Carabineros, la institución que se ha ido transformando en un ejército de nuevo tipo en la lógica de control y represión contemporánea de la sociedad, a su ya corrompida institución, permeada por la mafia de oficiales que han robado y desfalcado al fisco chileno, se le ha dado manga ancha o chipe libre, como se dice, para desatar su odio Yanacona sobre sus hermanos de clase.

Carabineros ha sido la institución más involucrada en los crímenes de chilenos desde la dictadura hasta la seudo democracia actual que sufrimos gracias a la cobardía y componendas de los gobiernos de la Concertación y Nueva Mayoría. Nunca ha pedido perdón ni ha formulado un deseo de democratizarse para desprenderse de la formación ideológica instaurada en los años 70, en pleno auge de las luchas sociales del continente y que fuera moldeada por la Escuela de las Américas en EE.UU para reprimir  las movilizaciones sociales y los procesos de liberación de la época.

Más aún, ha sido la institución privilegiada por los gobiernos “post dictadura” en su rol de reprimir a los nuevos movimientos socio-ambientales y los ha preparado para ser el ejército de nuevo tipo. Hoy nos encontramos frente a otro crimen alevoso efectuado por el gobierno de turno hacia el pueblo mapuche y que se cobra la vida de un joven mapuche.

Pero esta vez, es una estructura con formación antisubversiva adquirida en Colombia y EE.UU la que inaugura su práctica criminal en el territorio Mapuche. El Comando Jungla y este gobierno dan un paso muy peligroso al iniciar asesinatos abiertos y persecución directa al territorio del Walmapu y sus habitantes.

La indignación y rabia desbordada se vuelcan con su justa expresión en muchas ciudades del país y se producen espontáneas acciones de rebeldía y sabotaje.

En este escenario, tan urbano y emblemático de Santiago, las novedosas bicicletas chinas de una empresa de servicios se transforman en el material más a mano para demostrar la rabia y detener por un momento el desplazamiento de ciudadanos autómatas que siguen en sus rutinas sin entender esta ira desbordada y permanecen ausentes a la tragedia que se vive al borde de sus tránsitos indolentes.

Algo les pasará al ver estas mujeres y hombres que claman y desbordan de pena enrabiada su sentir de corazones y mentes que se conectan con sus hermanos de Ercilla, hermanos violentados por un ejército de ocupación que está disparando sobre sus comunidades y abusando diariamente del derecho a ejercer otra vida, otra cultura, la ancestral de sus padres, abuelos y habitantes de esas tierras sureñas llenas de aromas y sonidos tiernos que ahora se rebelan para decir basta. Basta de usurpación y despojo, basta de violencia hacia sus Peñis y Lamienes.

Tanta torre telefónica y urbe decorada por los fuegos de las barricadas y sus nuevas bicicletas con tarjeta, ahora ardientes, nos recuerdan que somos seres de la tierra y que el fuego es un elemento necesario, de tanto en tanto, para alimentar el alma y las esperanzas de nuestros hermanos del Sur.