Un reportaje del medio alemán Das Erste alertó sobre la situación de los cultivos de avellana en Chile, que estarían utilizando pesticidas tóxicos prohibidos hace más de una década por la Unión Europea (UE).

El artículo recalca que el fruto seco, utilizado en la elaboración de la famosa crema de avellanas Nutella, es exportado en casi su totalidad a Europa, su principal destino. De hecho, aseguran que la industria chilena es dominada por Ferrero, el grupo italiano a cargo de Nutella y nuestro país es el tercer exportador mundial de avellana europea.

Según la investigación del medio, los cultivos de avellana son rociados en Chile con glifosato y paraguat. El primer pesticida es sospechoso de ser cancerígeno y el segundo se encuentra prohibido en Europa, además de estar asociado a la insuficiencia renal en algunas personas, así como a problemas reproductivos y cáncer.

Además, el texto indica el hallazgo de sustancias incluso más tóxicas que el paraquat en la orina de alumnos de escuelas rurales cercanas a estos cultivos.

En entrevista con Radio U. de Chile, María Elena Rozas, coordinadora de la Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas (Rapal), explicó que “el paraquat es un producto que está prohibido en la Unión Europea y, sin embargo, en Chile está clasificado como moderadamente tóxico con etiqueta de color amarillo. Está asociado a Parkinson, cáncer y alteraciones del sistema reproductivo. Es un plaguicida altamente peligroso”.

A la vez, señaló que cultivar avellanas en Chile es un negocio fácil y rentable, ya que en nuestro país es legal el uso de herbicidas altamente tóxicos.

“Por un lado han sido las grandes presiones de estas transnacionales agroquímicas y, por otro, ha sido falta de voluntad política de las autoridades. Si se puede prohibir en la UE, que tenía un uso importante, por qué no se puede prohibir en estos países”, sostuvo.

A juicio de Rozas, para enfrentar esta cultura de contaminación es necesario apelar a los consumidores en Europa: “Es muy probable que el plaguicida ya esté inerte. Es probable que a la Unión Europea las avellanas no lleguen con residuos, pero sí para el consumidor europeo es muy importante cómo se haya producido el alimento que está consumiendo. Si ese alimento ha producido daños en la salud y el ambiente en el lugar de origen, para el consumidor europeo eso pesa”.