Solo los pueblos que caen en desgracia escuchan cumbia. Así describió alguna vez Pappo, el famoso blusero argentino, la situación que vivía su país. Corría 2001 cuando la tristemente célebre crisis económica −la del corralito bancario y la hiperinflación desatada− dejó en la calle y literalmente comiendo basura a gran parte de una clase media que desconocía la pobreza. La corrupción, esa que es parte del ADN trasandino, hizo explotar un descontento tan transversal que no solo llenó de protestas las calles del centro, sino que también permitió que, en sus márgenes, en las innumerables villas de la periferia y más allá del conurbano porteño, se creara un nuevo ritmo de baile, que nace como un modo de rechazo ante la crisis, pero también de supervivencia, con el que se pudo disimular un poco la tristeza y la desesperanza.

Ese mismo año Germán Maggiori publicó Entre hombres, novela policial que rápidamente desapareció de las librerías y que para muchos se transformó en un verdadero libro de culto. ¿La razón? Con radical exhuberancia y desfachatez puso en evidencia la corruptela que había hundido al país. Pero su denuncia iba más allá de la clase política. Aquí, todos parecen pertenecen a esa raza de bandidos, maleantes, inescrupulosos y salteadores de poca monta, chorros que muchas veces incluso se visten de etiqueta, para oficiar el más variado tipo de delitos, ganando de paso tanta impunidad como respeto. Es cierto, los argentinos presumen de todo, incluso de lo corruptas que son sus instituciones. Con una mezcla entre orgullo y resignada desafección, te dicen estar acostumbrados a votar por el que roba menos.

La anécdota parece simple: una travesti muere luego de una noche de sexo, alcohol y drogas en un lujoso piso de Buenos Aires. Entre los participantes de la orgía hay un juez y un senador de la república. Habría un video, pruebas que los inculpan, y eventuales votantes que no deben enterarse. Una seguidilla de extrañas muertes oscurece todo aún más. Los protagonistas son el Loco Almada y el Mostro Garmendia, dos policías a la antigua: mucho cinismo, desencanto y la ambigüedad propia del héroe policial que se mueve entre los límites de la ética. Ambos se enfrentan a un enorme abanico de personajes del arrabal porteño, cada cual más estridente, pueril, obsceno y lleno de vicios, siempre en medio de situaciones que a ratos bordean lo inverosímil, plagadas de lugares comunes, pero escritas con la frescura suficiente como para que lo terrible parezca chistoso. Marcada por la ausencia de voces femeninas, Entre hombres, bien podría parecer una crónica de la época al mostrar el perverso uso de privilegios, incentivos, y cómo estos van construyendo un mundo jerarquizado, en extremo violento, que promueve y consagra códigos de comportamiento altamente racistas, clasistas y heteronormados, y que, con cierto pesimismo, exhiben las razones de su propia degradación.

De prosa liviana, certera, económica, la novela avanza rápido provocando inusitados giros que van del humor al impacto. Maggiori, como buen guionista, no se pierde buscando grandes reflexiones ni estructuras complejas. Lo suyo es armar una historia dinámica cuya trama funciona, que es el eje central de un laberinto que se despliega con fluidez y que rápidamente sabe conquistar la mirada de un lector ocioso. El autor conoce el A, B, C del género y lo aplica sin ripios, sobresaltos ni pudor alguno. Esa que podría ser su principal virtud es también una condición que hace de su lectura un ejercicio tan lleno de mérito como de peligro. O te conquista y te la lees de una tanda, o bien, te agota y te cansa hasta el tuétano. Con Maggiori no hay punto medio.

Publicada recientemente en Chile por Estruendomudo CL, Entre hombres, es una novela que indiscutiblemente posee más atributos que defectos. Su lectura merece la pena, entre otras razones, porque sabe dialogar con la extensa tradición de personajes de los bajos fondos que posee la literatura argentina. Para ser un buen escritor, como decía Piglia a propósito de Borges, es imperativo saber describir tanto el universo de la alta biblioteca como el de los cuchilleros. El autor pasa la prueba, al menos en parte, y escribe un policial de mucha calle, y que puede leerse como si fuera una canción de cumbia villera. Música de pobres, de presunta baja factura, y que como se decía de todo policial o folletín de literatura pulposa, supone una degradación de la alta cultura. En lugar de eso, Maggiori da cátedra. No solo describe el paisaje social, sino que explica las razones del rechazo y la indignación que provocó la crisis. Porque en Argentina, la cumbia villera es al 2001, lo que en su momento, el rock fue para las Malvinas: la banda sonora de una desgracia. Brutal y sin anestesia. Léala y podrá entender un poquito más qué significa la miseria humana.

Entre hombres

Germán Maggiori

Estruendomudo CL

342 Páginas.

Precio de referencia: $13.000


Tomás Henríquez