Lo que ha pasado en Argentina en torno a la final de vuelta de River Plate y Boca Juniors por la Copa Libertadores 2018 es uno de los escándalos más grandes que ha tenido el fútbol trasandino en los últimos años y vaya si tienen una lista de la que elegir episodios dramáticos.

El bochorno, la violencia e indignación alcanzaron niveles similares y en Argentina es difícil encontrar otro tema de conversación que no sea este. Y es que entre los piedrazos que le llegaron al bus de la visita cuando se dirigía al Estadio Monumental de River, las dudas de si se jugaba o no, y la propuesta de darle a Boca el título por secretaria hablan de un caos que excede a la AFA y a la FIFA. Como se ha dicho tantas veces, esto tiene que ver con un problema que está mucho más en las raíces: que una persona que es seguidor de un club, quiera dañar físicamente a un jugador del equipo rival.

“No son animales disfrazados de hinchas: son hinchas. Ni siquiera inadaptados: son sujetos adaptados a lo que espera de ellos una cultura futbolística organizada en torno de la violencia como ética”, dice Pablo Alabarces en un texto titulado “La violencia es un mandato”, en el que desmenuza en varios puntos esta trama que es solo un capítulo más de una gran historia, la del fútbol argentino masculino.

El escritor y sociólogo argentino de libros como “Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios” reflexiona sobre “la inutilidad de quienes no pueden garantizar ni siquiera un partido con hinchas locales, el tribunerismo de los ídolos, las interpretaciones paranoicas del periodismo: pero por suerte todo fue obra de un puñado de violentos. ¿No era de vida o muerte? ¿Qué esperaban?”.

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“No me queda inteligencia, ya devastada por cinco horas de periodismo deportivo mainstream y redes sociales ardientes de conspiraciones, más que para deshilvanar quince ideas”, parte señalando Alabarces antes de soltar un par de claros y duros pensamientos.

“Para llevar un micro con jugadores, casi sin custodia, al lugar donde lo esperan algunos miles de hinchas rivales, hay que ser un pelotudo, o funcionario público“, indica sobre la decisión de hacer pasar el vehículo que llevaba a los jugadores de Boca Junior por calles atiborradas de hinchas de River y que terminó en vidrios rotos, piedras en el aire y deportistas sin poder respirar.

“El ministro de (in)Seguridad porteño, Martín Ocampo, aceptó que su gobierno no puede garantizar la seguridad para que en un estadio coincidan hinchas locales y visitantes. Fue en un programa de televisión, Código Político; estaba en el estudio, y cuando Van der Kooy me entrevistó dije, más o menos, esto: este tipo es un inútil queacaba de confesar que el estado democrático renuncia a hacer coincidir en tiempo y espacio a dos personas que tengan simpatías futbolísticas diferentes. Dos semanas después, el estado demostró que no puede siquiera garantizar la seguridad sólo con los locales”, apunta tajante.

También le pega un coscacho escrito a la prensa y las hipérboles que llenaron hojas y hojas de diarios y horas y horas de televisión antes, durante, entre y después del primer partido (que se jugó) y el segundo (que está por verse si se jugará).

“Se tituló ‘la final del mundo’, ‘el partido del siglo’, ‘no hay mañana’, ‘a vencer o morir’, ‘de vida o muerte’. Luego de todo ese despilfarro de metáforas y adjetivos, los periodistas hoy se preguntaron por qué ‘la gente’ está tan loca que es capaz de apedrear el micro de los jugadores rivales. Mirá vos, no se me ocurre por qué: ¿no es que era de vida o muerte?”, señala con ironía.

También repasa las reflexiones que buscan ser un falso punto final y que más parece un intento de paréntesis para zanjar la discusión y no hacerse cargo del problema: “El fútbol refleja la sociedad”.

“La demolición de ese lugar común estaría dado por la obviedad de que una cultura aún tan cerradamente masculina no puede “reflejar” a una sociedad donde la mayoría de la “gente” no es varón….“Explicar” con ese argumento permite descargar culpas, pero no explica nada –ni mucho menos lo soluciona”, sostiene Alabarces.

Finalmente intenta esbozar tres soluciones, una que se hará, otra que es un parche para la “tribuna” y la tercera que es la que podría implementar cambios pero que de ninguna manera se llevará a cabo: “Suspender el fútbol argentino masculino por un año, en todas sus categorías. Intervenir todos los clubes y la AFA: designar mujeres en todos los puestos. Ponerse a laburar”.