Durante el último mes como Fundación Iguales hemos difundido una campaña que aborda tres temas: el primero es el concepto de orientación sexual, el segundo es el de identidad de género y el último es sobre salud sexual y reproductiva.

¿Cuál es el propósito de la campaña? Entregarle herramientas a madres y padres para que sean ellos quienes se encarguen de tener un diálogo permanente respecto a estos temas con sus hijos e hijas. Nuestro segundo objetivo es que sean precisamente papás y mamás quienes incentiven este diálogo en las comunidades educativas donde éstos se educan. ¿Por qué? Porque niños, niñas y adolescentes pasan la mayor parte de su día en esos espacios.

La resistencia que hemos recibido por parte de sectores conservadores y fanáticos religiosos ha sido tremenda. La valentía que entregan las redes sociales permite que durante el tiempo que hemos divulgado la campaña, nos lleguen los peores agravios. “Es normal”, nos repetimos muchos activistas al ver la violencia textual. Y no: no es normal ni es aceptable. La violencia que emerge desde las redes sociales demuestra que estamos en un proceso de polarización que hemos observado avanzar lentamente durante, al menos, los últimos 10 años a nivel mundial.

Esto que han llamado “post verdad” juega a favor de la violencia: la post verdad no es otra cosa que mentir para bloquear el avance de los derechos de un grupo de la población, lo que es de una bajeza sustantiva. Sin ir más lejos, en una entrevista para el noticiero central de Canal 13 Marcela Aranda —directora del Observatorio Legislativo Cristiano y una de las más férreas opositoras de la campaña— decía que Iguales estaba vulnerando la salud de los niños y el derecho preferente de los padres a educar. Agregaba, sin empacho alguno, que la nuestra era una visión muy de minoría y que buscábamos generar una imposición ideológica de forma subliminal.

Los miles de seguidores de Aranda creen, entonces, a pie juntillas que la campaña es eso. Me pregunto, entonces, ¿son moralmente aceptables los dichos de Aranda? No. ¿Incitan a la polarización y a la reacción violenta por parte de sus seguidores? Sí. ¿Cómo no reaccionar violentamente si te están diciendo que subliminalmente juegan con el cerebro de tus hijos? No se puede. Por supuesto, el grueso de los comentarios violentos en redes sociales deja en total evidencia que quienes comentan no vieron la campaña.

Al mismo tiempo, un grupo de diputados, entre ellos Leonidas Romero y Camila Flores, ambos RN, exigen a Contraloría una investigación sobre el uso de fondos públicos de todas las campañas que desarrollen la línea de orientación sexual y programas LGBTI. Esto porque el primer video ha sido difundido a través de las pantallas de Metro TV. También solicitaban la individualización de la persona responsable del supuesto traspaso de fondos y acusaban una debilitación del rol del Estado en lo que respecta al fortalecimiento de la familia.

Esta es una persecución directa. Un intento de amedrentamiento. Si solo preguntan por la línea de diversidad sexual y de género es, entonces, un intento de censura que evidencia el desconocimiento respecto al rol del Estado en temas de Derechos Humanos. De hecho, no es responsabilidad de la sociedad civil sino del Estado asegurar que éstos sean respetados y para ello debe invertir en educación. Esto no es solo un argumento lógico, sino que se ampara también en el dictamen efectuado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el fallo Atala y Niñas versus Chile.

Ya hubiese querido yo que mis padres o los padres de mis amigas hubiesen tenido información para explicarnos sobre autocuidado, diversidad sexual e identidad de género. Cómo me hubiese gustado que la palabra “consentimiento” no resultara una sorpresa para el grueso de la sociedad.

Aunque como fundación estemos felices del alcance que ha tenido la campaña, no somos ciegos a que es solo un pequeño aporte a la tremenda necesidad de educación sexual y afectiva que tiene el país, sobre todo a nivel escolar. Es por eso que no solo necesitamos más acciones como esta, sino un verdadero compromiso a nivel educacional para que nunca un niño, niña o adolescente en Chile crezca siendo discriminado por razones de género, orientación sexual y/o identidad de género.


Directora de Educación, Fundación Iguales