Inaugurando las publicaciones del Observatorio chileno de gestión cultural en la Universidad de Santiago, se publica Sueños encauzados. Gestión Cultural durante la Unidad Popular 1970-1973, libro de Rafael Chavarría, Manuel Sepúlveda, Hugo Valenzuela y José Valdés (Editorial Asterión, 2018).

Hay una escena de época que ilustra, desde la cotidianidad del gobierno de la UP, varios asuntos relacionados con el tema que, con profundidad y proyección, plantea este libro. El 29 de julio de 1972 el presidente Salvador Allende recorrió las obras de construcción del Metro, comenzando por la futura estación Violeta Parra (en la intersección de San Pablo con Neptuno). Habló con los trabajadores, halagó los avances y el significado del tren subterráneo y aprovechó el cara a cara con los obreros para criticar el “san lunes” y el alcoholismo: “Hay algunos chilenos que quisieran que en sus casas les instalaran por lo menos tres cañerías: una de agua fría, otra de agua caliente y la tercera de tinto. Y eso es inaceptable y contra ello debemos combatir”. El titular del diario Clarín sintetiza el mensaje presidencial: “Allende habló clarito: menos trago y más trabajo”.

Además de valorar el uso del humor -del presidente y del diario- para transmitir el mensaje, me permito atribuir un valor simbólico a esta escena para vincularla con algunos de los temas que tratan estas páginas. Sin que se explicite, en la anécdota late el impulso al cambio cultural; en los niveles de la cotidianidad del presente, de la prefiguración del progreso en el futuro cercano y de la utopía y reivindicación de memoria. Criticar el “san lunes” y combatir el ausentismo laboral provocado por el alcoholismo es fomentar un cambio cultural “alfabetizador” en los hábitos cotidianos; en este caso perniciosos para el progreso y la construcción de una nueva sociedad y un hombre nuevo: la cultura como educación popular concientizadora. La construcción del metro, por otro lado, representa ese progreso material, vinculado a la tecnología, a la ciencia, que prefigura una sociedad de mejor calidad de vida: con “realismo socialista” el obrero es el ícono de ese progreso. Nombrar Violeta Parra a la primera estación del metro vinculaba la construcción material con el universo simbólico y la creación de memoria cultural. La instalación del nombre Violeta Parra en un espacio público, entonces tempranamente patrimonial, emblemático e icónico, recordaba a una allendista, símbolo de luchas pasadas, del folklore, reivindicación de la cultura popular y también contiene la visión de la cultura como el ámbito del arte y los artistas.

En un solo acto, en la cotidianidad del proceso, coexisten –de hecho y sin mayores disquisiciones teóricas- diversas formas de entender la cultura. Y es probable que todas las acciones contenidas en la anécdota, siendo significativas, no fueran consideradas en su momento como acciones culturales; y menos entendidas como parte de una política cultural. Y -desde hoy- aquello habría sido pertinente. Como esa estación -con la gran alameda abierta, transitoriamente- todo estaba en construcción. Todo inconcluso. Todo al mismo tiempo, en la práctica. Y no todo lo que se hacía tenía un nombre (así como no hablábamos de reciclaje ni de Derechos Humanos) tampoco estaba en nuestro lenguaje la noción de gestión cultural.

Después se pueden racionalizar, sistematizar, conceptualizar, las experiencias e incluso, como ahora, podemos sobreinterpretar y leer como paradigmático un hecho aparentemente intrascendente –literalmente subterráneo- para comprender mejor el pasado, la evolución de los fenómenos y teorizar sobre ello. Este libro busca ese rastro, ese hilo, para encontrar los vestigios de gestión cultural durante la Unidad Popular, antes de que esa práctica se llamara gestión cultural. Cómo se encauzaban los sueños, que se expresaban en las iniciativas culturales que buscaban construir una nueva cultura. Los autores se abocan a la revisión, problematizando el desarrollo histórico de la gestión cultural, deteniéndose en las experiencias insoslayables de Chile Films y la Editora Nacional Quimantú, sueños de revolucionarios con causa cuyos cauces se desbordaron con múltiples iniciativas culturales espontáneas que el entusiasmo –más que la “gestión” y la proyectología- diseminó en la frustrada vía chilena al socialismo que se frenó a sangre y fuego. Las consecuencias son culturales. Ahora sabemos que, finalmente y por decisión de la dictadura, la estación del metro no se llamó Violeta Parra sino San Pablo. Sabemos que poner o sacar nombres en los espacios públicos son decisiones que inciden en el paisaje cultural. Nada es casual. En la gestión cultural todo significa.

Sueños encauzados. Gestión Cultural durante la Unidad Popular 1970-1973

Rafael Chavarría, Manuel Sepúlveda, Hugo Valenzuela y José Valdés

Editorial Asterión

136 páginas

Precio de referencia $9.000