A lo largo de la cinematográfica mundial existen diversos ejemplos de films cuyos co protagonistas no siempre se revistieron de piel y blanquecinos huesos. Es el caso de la música, por ejemplo (Amadeus, La Misión, El Pianista, Psicosis) que sin ella, nuestros recuerdos fluctuarían entre múltiples secuencias y planos.

Pues bien, en El primer hombre en la luna (First Man), el silencio, la infinita ausencia de sonido, logra iluminar poderosamente momentos claves en esta cinta. Instancias emocionales como el entierro de la pequeña hija de Amstrong (producto de un tumor cerebral) y eventos sublimes (el aterrizaje y el primer paso del hombre en la luna, en medio del espacio con toda su magnificencia- filmado en espectacular IMAX), revelan parte de la particular impronta que Chazelle ejecuta en este film.

Es difícil de creer si consideramos que hablamos de un joven director norteamericano-francés, de sólo 33 años, quien tiene en su haber películas tan premiadas y oscarizadas como Whiplash y La La Land y que First Man, sea sólo su tercera obra.

De hecho, el director demuestra en su incipiente madurez que no tropieza en la trampa de glorificar en extremo esta hazaña norteamericana (que es lo que se esperaría en estos casos), sino que combina el legendario suceso con el vía crucis de Amstrong, interpretado por Ryan Gosling (La La Land, Blade Runner 2049). El acontecimiento lo narra lejos de sólo un conjunto de explosiones de cohetes y naves interestelares, sino también lo visualiza como un viaje introspectivo y espiritual, en el cual la humanidad rompió diversas barreras de su existencia.

La película, basada en la biografía de Neil Amstrong, First Man: The Life of Neil A. Amstrong, fue escrita por James R Hansen (amigo de Amstrong) y contó con un particular inicio. En el 2003, Clint Eastwood junto a Warner Bros. compraron los derechos de esta biografía, pensando en que la filmaría. Sin embargo, fue Universal Pictures quien años más tarde adquirió los derechos cinematográficos  y decidió realizar la cinta con el nombre de First Man, otorgándole el proyecto a Chazelle.

Junto a ellos, la actriz británica, Claire Foy (The Crown, Rosewater) encarna a Janet, la esposa de Amstrong. Ella sostiene, con gran talento y una conmovedora mirada, numerosas secuencias dramáticas, producto de la crisis matrimonial que deambula entre ambos.

El primer hombre en la luna es una travesía filmada con un frenético pulso narrativo, gracias la cámara subjetiva de Chazelle, que muestra los lanzamientos de los viajes de forma claustrofóbica y en primera persona. Cabe destacar, que esta cinta fue rodada en 16, 35 y 65 mm (IMAX), respectivamente.

First Man es una película no convencional que, sin duda, envejecerá estoicamente a través del tiempo. La incipiente madurez de Chazelle aporta elementos dramáticos y narrativos que sobrecogerán al más indiferente espectador. Todo esto, con la sensación que este acontecimiento no significó un paso exclusivo para la tierra del Tío Sam, sino para la humanidad en su conjunto.